“Pedro Mir, nuestro gran poeta, cambió mi profesión”

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Celebrar el centenario del nacimiento del poeta nacional Pedro Mir el mismo año del bicentenario del nacimiento del padre de la patria Juan Pablo Duarte es una tarea titánica, pero Verónica Sención, reconocida gestora cultural, fiel amiga de Mir, no se amedrentó y convocó al Comité de Amigos del poeta a hacer algo para que la conmemoración no pasara desapercibida.

VS  Elaboramos  una lista de cosas que queríamos hacer y otra de cosas posibles, y entre una y otra, hemos sacado adelante algunas actividades. Es un comité sin grandes pretensiones, animado más que nada por el deseo de decirle al poeta: “aquí estamos tus amigos”.

Con el apoyo de un puñado de empresarios privados y funcionarios públicos que admiran a Mir y confían en la labor cultural de Sención, el comité ha organizado dos conferencias, una en librería Cuesta y otra en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); ha montado exposiciones fotográficas en Bellas Artes, la UASD y el Centro Cultural Mirador; ha editado una agenda temática, auspiciada por el Grupo Corripio, y ha puesto en circulación un sello conmemorativo, emitido por el Instituto Postal Dominicano, entre otras cosas.

VS  El acto más solemne fue la lectura del poema “Hay un país en el mundo” ante la tumba del poeta, con la participación de reconocidos intelectuales dominicanos, autoridades de la provincia San Pedro de Macorís (donde nació Pedro Mir), familiares de Mir y estudiantes de varios liceos.  

Sención dice echar de menos un mayor apoyo oficial, pero entiende que las necesarias medidas gubernamentales de austeridad económica, unido a la comprensible concentración de recursos en la celebración del bicentenario del natalicio de Duarte, no ha permitido el esplendor que merece el centenario de Mir.

El mayor problema, sin embargo, parece ser la ausencia casi total de libros del poeta en las librerías. “Por eso estamos tratando de que las instituciones auspicien la publicación de sus libros. El Archivo General de la Nación publicará “Tres leyendas de colores” y la UASD reeditará sus textos sobre estética. Yo saqué una pequeña antología que incluye poemas, crónicas periodísticas y un cuento llamado “El pacto”. Ojalá el Ministerio de Educación publique masivamente la obra de Mir para conocimiento de los estudiantes de todo el país”.

Un poema y un título. Pedro Mir es víctima de su poema más célebre; muchos conocen fragmentos de “Hay un país en el mundo”, el inicio sobre todo, pero pocos han leído sus otros trabajos, como “Contracanto a Walt Whitman”, “El huracán Neruda”, “Amén de mariposas” o “Cuando amaban las tierras comuneras”, por solo citar los más emblemáticos.

Quizás esa percepción de ser un autor de una obra escasa, de corto registro, mueva a cuestionar, casi siempre subterráneamente, la validez del  título de Poeta Nacional que le otorgó el Congreso Nacional en 1984, especialmente cuando se le compara con el trabajo de poetas del calibre de Manuel del Cabral y Franklin Mieses Burgos.

VS  Creo que tuvo mucho que ver su poesía social y el tiempo en que la hizo; yo no estaba en el país cuando eso sucedió pero imagino que la decisión fue bien ponderada por el Congreso y por la intelectualidad dominicana. Por lo demás, elegir un poeta nacional en cualquier lugar del mundo será siempre una tarea complicada, esta es una designación de por vida, ya no habrá otro poeta nacional.

Pedro Mir es el poeta social esperado por el pueblo dominicano, como vaticinó Juan Bosch, y el poema “Hay un país en el mundo” no es solo dominicano, es mundial, porque hay muchos países esperando que se cumplan esos cambios que necesita la mayoría de la gente para que haya más igualdad, para que se reparta mejor la riqueza, para que los campesinos tengan tierra, es decir, que el poema sigue vigente al día de hoy.

Doña Verónica habla con el convencimiento de quien conoce a profundidad la obra de Mir (ha sido su antóloga) y con el sentimiento de una sincera amistad con el poeta que fue el co-anfitrión, junto con Juan Bosch, de la ya legendaria tertulia literaria que ella animó durante varios años en el hostal Nicolás de Ovando. Aquel contacto con la cultura al más alto nivel le cambió radicalmente la vida.

VS  Pedro Mir cambió mi carrera. Yo ejercí administración de empresas en  Estados Unidos durante 15 años, y cuando regresé al país, administré el hostal Nicolás de Ovando.

Una noche, al final de la tertulia que coordinaba el pintor Silvano Lora en la calle Pasteur, don Pedro Mir me sugirió que organizara una tertulia en el hostal; yo le dije que la haría si él aceptaba ser mi invitado, estuvo de acuerdo y además invitamos a don Juan Bosch, que también aceptó; el resultado fue que dejé de ser administradora y me convertí en gestora cultural; no hay dinero en esto que hago, quizás lo tendría si hubiera seguido de administradora, pero me encanta lo que hago y estoy feliz de que don Pedro cambiara mi carrera.