Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, ¿por qué se bautiza a la Cordillera Central como Madre de Las Aguas?
R. Nada más correcto como llamar a la Cordillera Central “Madre de las Aguas”, pues allí se origina el más grande y profuso sistema de inervaciones hídricas de la isla “La Hispaniola”, conformado por 6 de los 7 ríos que irrigan este territorio insular, el segundo en tamaño de la América Antillana, pero el primero en cantidad de aguas.
No es nuestra la ocurrencia de llamarle así; fueron los mismos aborígenes durante la prehistoria, quienes así lo hicieron, pues entre sus deidades, se destacaba la Diosa “Atabey”, que en idioma taíno significa, precisamente: “Madre de las Aguas”.
El inventario de fuentes acuíferas dentro del territorio nacional nos señala que la Cordillera Central por sí sola, aporta 709 corrientes permanentes de agua que bañan el territorio dominicano y alimentan la única arteria fluvial del hermano país de Haití, el Río Artibonito, cuya cuenca tiene su cabecera en las estribaciones montañosas dominicanas.

Allí también tienen sus nacientes el Yaque del Norte, Yaque del Sur, Yuna, Nizao y Haina, donde solo se aparta el Río Ozama, la cuarta cuenca fluvial más grande del país, la cual se origina en la loma de los Siete Picos de la Sierra de Yamasá y el sistema cárstico de Los Haitises.

Esta inmensa red hídrica, alimenta los 35 embalses de la isla, incluyendo la “Presa del Peligro” de Haití, cuya existencia depende de la inmensa alfombra verde que cubre la Cordillera Central, la cual se está deteriorando aceleradamente a causa de la deforestación indiscriminada a que ha sido sometida durante la postrimería del siglo XX y lo que va del XXI.

Esta deforestación criminal e irracional, es la que ha impactado profundamente al Presidente de la República, al expresar que nuestras montañas se están quedando desnudas, obligándole a tomar medidas heroicas para revertir esta triste realidad que amenaza seriamente la producción de alimentos y el porvenir de nuestra nación.

Aunque un poco tarde por la gravedad en que nos encontramos, que bueno que sea el propio mandatario quien se percatara de esta situación y comprendiese que sin agua no habrá desarrollo, ni salud, ni alimentos.

Este tesoro de la “Madre de las Aguas”, hay que cuidarlo con todo el fervor y la dedicación que merece, reforestando y rescatando las cuencas hidrográficas. Allí está el sustento de nuestra vida.


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