Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, al pasar balance al 2016 ¿cuáles fueron los hechos y eventos ambientales más relevantes?

R. En primer lugar, están las vaguadas extremas que afectaron el territorio nacional desde el primer cuatrimestre de este año, dejando tras de sí, una estela de inundaciones y de destrucción que afectaron al país de esquina a esquina.

Todo lo ocurrido no es nada si lo comparamos con el rigor de la sequía estacionaria e igualmente extrema que acababa de concluir (octubre 2013 a mayo 2016), indicando claramente que los cambios globales del clima se están dejando sentir con toda intensidad en este punto de la geografía terrestre.

Un solo ejemplo bastaría para ilustrar esta realidad: en abril – mayo del 2016, la presa de Tavera estaba operando por debajo de su nivel normal de operaciones, después de estar literalmente seca en marzo del 2015 y apenas 5 meses después, en noviembre del 2016, tuvo que ser desaguada en tres ocasiones, poniendo en riesgo propiedades y vidas humanas en todo el medio y bajo Yaque del Norte.

Todavía Puerto Plata no se repone del impacto de las lluvias, con ríos muertos por décadas que revivieron con una fuerza inusitada y Dajabón, increíblemente, fue separado de Monte Cristi por un mar de agua dulce, a comienzos de este mismo mes de diciembre 2016.
Son lecciones que tenemos que aprender para poder adaptarnos a lo que nos espera de cara al futuro.

Por otro lado, el Presidente de la República reitera que el presente mandato será el cuatrienio del agua, aportando recursos históricos para la reforestación y la restauración de las cuencas hidrográficas que por décadas estuvieron totalmente desnudas; acompañando sus acciones con una frase que lo ha hecho famoso: “todo el que corte un árbol, va preso”.

Pero lo que tiene al país en vilo, es la Resolución del Ministerio de Medio Ambiente y los Recursos Naturales que le ha dado un plazo de 120 días a los productores que ocupan el Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier (Valle Nuevo), para que abandonen las prácticas agrícolas en las cabeceras de las múltiples nacientes de los ríos que alimentan el Yaque del Sur, el Yuna, Ocoa, Jimenoa y las partes más sensibles de la cordillera Central.
Todo ello ocurrió una vez (1994) y reculamos, esperamos que esta vez sea realmente definitivo y Constanza, como el resto del país, pueda tener agua segura.