Sobrevivencia y niñez

En un aula de clases de una comunidad rural de la zona fronteriza observamos a una maestra revisando la asistencia, preguntó a los niños y las niñas por un compañero que tenía varios días sin asistir a clases. Una niña respondió: “él está trabajando, profesora”. La maestra respondió a su vez: “Dile a él que deje de trabajar para que venga a su clase”. La niña le contestó: “En su casa tenían tres días sin comer, tenía que trabajar”.
El niño en cuestión estaba trabajando en un conuco. La posibilidad de trabajar le daba la opción de “comer” si no trabaja, no come.
En trabajo de campo reciente en la zona fronteriza observamos muchas familias en comunidades rurales y urbano-marginales donde predomina la pobreza y el hambre. Muchos niños y niñas se pasan un día entero sin ingerir ningún alimento, hogares que al mediodía no tenían un anafe prendido, se enciende a las cuatro de la tarde para hacer una sola comida, arroz con fideos o yuca con aceite vacío.
El Trabajo infantil es un fenómeno que permea la realidad educativa, social y económica de niños y niñas tanto en la zona rural como urbano-marginal.
Los niños y las niñas inician su inserción en el mercado laboral a temprana edad. El caso de un niño de 12 años de edad que trabaja desde que tiene 7 años: cargaba chinas en un camión, vendía dulces, limpió zapatos y ahora trabaja en un colmado. Cinco años de trabajos diversos.
Su tiempo está dividido entre el trabajo y la escuela; los momentos en que no está en la escuela, trabaja en el colmado. El juego y la recreación están insertos en sus momentos de trabajo o en sus momentos de escuela.
Niños y niñas en los sectores pobres (rural y urbano-marginal) tienen muchas limitaciones para disfrutar de espacios creativos, recreativos y de libertad. En sus comunidades no existen estos espacios, no hay ofertas deportivas ni artísticas (pintura, música, teatro, entre otros).
Muchas madres/padres en los barrios prefieren que sus hijos/as trabajen a que estén en la calle en contacto con situaciones de riesgo y violencia.
El trabajo infantil es una realidad compleja. No se resuelve con negarlo o sancionarlo. La sanción no logra erradicarlo porque alude al ocultamiento que puede generar la agudización y empeoramiento de sus condiciones.
La erradicación del trabajo infantil debe estar acompañada de políticas sociales de gran impacto en la disminución de la pobreza, aumento de las fuentes de empleo, inversión en la producción agropecuaria y espacios de desarrollo infantil. Si esto no se logra, no desaparecerá, se mantendrá oculto.


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