Casos inverosímiles les suceden a los beisbolistas dominicanos

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS

Hay un refrán muy popular que reza: “los tropezones hacen levantar los pies”. Al parecer el mismo no se aplica al caso de los jugadores de béisbol de la República Dominicana, ya que no obstante tener un bajo porcentaje en cuanto al número de jugadores en ambas Ligas Mayores, poseen el mayor número de atrapados por la utilización de sustancias prohibidas, las cuales, según ellos, aumenta el rendimiento personal en el terreno de juego.
El último caso, muy lamentable por cierto por haberse pensado que debido a su calidad y su intachable conducta no necesitaba incentivos, lo constituye Robinson Canó, segunda base de los Marineros de Seattle. Este atleta cuya carrera vislumbraba un “Salón de la Fama en Cooperstown”, hoy, después de un lanzamiento pegarle en la muñeca derecha y romperle la misma, fue hallado culpable de haber utilizado un diurético denominado furosemida, lo cual ha significado tener cinco funestas consecuencias para su carrera. a) Suspensión por 80 juegos; b) pérdida de salario (US$11,851,852.00); c) Señalado por dopaje; d) Desconfianza en sus récords; y e) casi seguro su exclusión del Salón de la Fama. Lo peor del caso es su justificación: “Fue recetada por un médico en su país y no sabía que estaba prohibida”.
La excusa baladí de Canó hubiese sido creíble si los casos de excelentes jugadores dominicanos no hubiesen sido atrapados notables: Manny Ramírez (mayo 2009 y abril 2011); Bartolo Colón (2012); Melky Cabrera (2012); Nelson Cruz (2013): Miguel Tejada (2013); Alex Rodríguez (2013); Starlin Marte (2017). A este pléyade de estelares, hay que agregarle entre el 2007 hasta la fecha, 22 jugadores, algunos con un futuro promisorio, más quedaron estampados como tramposos. Si le agregamos a Sammy Sosa, quien está bajo sospecha, quien en una ocasión utilizó un bate con corcho, verificamos, o la falta de escolaridad o querer correr más que la pelota, al tratar de engañar las pruebas de laboratorio a las cuales son sometidos periódicamente. Tal vez, todavía resulten otros atrapados, ya que su raciocinio no les funciona normalmente y caen de nuevo en la tentación. Aunque nosotros somos de la opinión, que los esteroides de por sí, no batean solos.
Lo peor del caso es, que nuestro país se encaminaba a tener, sin lugar a dudas, por sus estadísticas como residentes en Cooperstown, a Manny Ramírez; Alex Rodríguez, Sammy Sosa y Robinson Canó. Debemos resaltar, que tenemos tres futuros miembros del Salón de la Fama para acompañar a Juan Marichal, Pedro Martínez, Vladimir Guerrero y posiblemente a David Ortiz. Cuando finalicen sus carreras, Adrián Beltré y Albert Pujols.
Dejar fuera de la inmortalidad a Sammy Sosa, el único jugador que ha disparado más de 60 cuadrangulares en tres campañas diferentes y Alex Rodríguez, que por haber sido suspendido por un año quedó trunco de disparar 700 cuadrangulares al faltarle 4, es una mezquindad que solo puede ser superada por dejar fuera al mayor productor de imparables Pete Rose (4,256), quien junto a Ty Cobb (4,189), son los únicos que han disparado más de cuatro mil hits.
Los preparadores de atletas muchas veces son los culpables de inducir a jóvenes, a veces desnutridos, para que tomen suplementos alimenticios y medicinas sin saber que los mismos constituyen sustancias prohibidas por ser considerados anabólicos, lo cual se toman para fortalecer la musculatura y sobre todo, para mantener ágil el espíritu competitivo.
Las múltiples academias de béisbol que se han instalado en el país, deben de incluir entre las asignaturas, además del inglés, resaltar que la utilización de drogas, anabólicos, inyecciones que aumentan el rendimiento, son sustancias prohibidas que pueden poner un alto a su ilusión de formar parte de un equipo de Grandes Ligas. Tan culpable son los que las usan como los que la recomiendan. Por eso, el Ministerio de Deportes debe monitorear a los entrenadores, tanto particulares como los que están designados en las academias de los diferentes equipos de Liga Mayor establecidos en el país. Deben de tener en mente, que pueden engañar a un humano, pero a un Laboratorio muy difícilmente al menos que no haya una componenda. Debemos recordar la fórmula olímpica: “Cuerpo sano en mente sana”.


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