Las interrogantes sin respuestas

Por definición, los expedientes son asuntos para tribunales; pero cualquier específico caso sería motivo de preocupación si a primera vista su contenido encuentra en la opinión pública un lecho de dudas con pocas rosas. Sin conocer necesariamente el fondo, probablemente complejo y voluminoso de los cargos y exclusiones dispuestos en el caso Odebrecht, las apreciaciones fundadas en premisas convincentes de algunos críticos provocan una sensación de vacío e inconsistencia sobre la apertura a juicio solicitada después que se crearon tan elevadas expectativas. Se le considera débil y con sorprendentes omisiones que de buenas a primeras reducen los alcances del más grande escándalo de corrupción en el continente, en el que el ámbito dominicano figuró como eslabón de la mayor importancia.

Predominan suspicacias que deberían ser despejadas sobre estas conclusiones que el Ministerio Público elevó ante el tribunal a cargo. Tratándose de un caso de proporciones mundiales, cualquier sentencia final que luego no se corresponda con la gravedad de los hechos a la vista aumentaría retrospectivamente los cuestionamientos y dudas sobre el proceso investigativo y acusador. El expediente pasaría entonces a algún platillo de la balanza en el que resaltaría la no aplicación puntual de auditorías a los contratos y costos reales de obras de una empresa que dejó en claro temprano que pagó sobornos para sacar ventajas.

Con la UASD  en la picota

Las contiendas electorales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo suelen llenar el escenario de diagnósticos deplorables y propósitos de enmienda de incomparable belleza, pero como enfocan males que han persistido en el tiempo, el “triunfo” de las teorías que se exhiben en los debates han tardado demasiado hasta ahora en reflejarse con hechos que pongan la casa en orden, como mucho convendría.
Es probable que las fallas de administración y falta de transparencia en el manejo de recursos que se hacen oír en el proceso se refieran a hechos que no impiden necesariamente que la UASD preste un servicio aceptable; pero el cumplimiento de las promesas de salvación que se formulan en la lucha por el poder universitario haría probablemente que la casa de estudios se desenvuelva mucho mejor y a menor costo.


COMENTARIOS