A más pobreza, menos patria

Las condiciones que llevan a muchos dominicanos a emigrar desde las provincias fronterizas están en toda su crudeza. Una región postrada, con gente sin empleos, con menos opciones para educarse, mortalidad materna más alta que en el resto del país y un índice de pobreza que casi duplica el promedio nacional, como si estuviera apartada del progreso en todos los órdenes. Se trata de un diagnóstico logrado con sincera preocupación por organismos de Estado y que subraya, como para generar alarma, la precariedad y riesgos que allí erosionan el sentido de nación como un todo, sin homogeneidad en el desarrollo, debida atención a los problemas sociales y preservación de la cultura y de los valores históricos.

Si las necesidades abruman, los servicios públicos son inferiores en alcance y la gente huye de esa realidad hacia otros lares, la dominicanidad está dando señales de retroceso y perdiendo a quienes deben sustentarla; lo que no debe hacerse solo con armas y tropas, a lo largo de una frontera de por sí vulnerable, al borde de otro país con poco respeto por los límites, con habitantes forjados en otras creencias, hábitos y forma de comunicarse y que tienen por tradición venir acá catapultados por la pobreza extrema de la que no se separan. El país tiene que exaltar los colores patrios con un reforzamiento presencial de los sectores público y privado, orientados a sacar esas provincias de su postración.

 

El riesgo de estar entre dos aguas

La pobreza tiene, según organismos multilaterales, rangos que van desde la condición extrema, pasan por un nivel medio y llegan a la categoría de moderada, hacia la que un número importante de familias ha dado un saltito para quedar al borde del nivel inferior en el que la pasaban peor. Poniendo esfuerzo en acrobáticos manejos de ingresos y gastos podrían quedarse allí mientras los vientos adversos no soplen demasiado.

Según el Banco Mundial, constituyen un 41% los dominicanos de vida vulnerable aunque parte de ellos sobrepasara su estado ordinario de pobreza, lo que ahora permite ponerle el apellido de moderada, no exenta de riesgos si el verdadero desarrollo está mal atendido, el endeudamiento crece, el dólar sube y el populismo gastador puede ir al asalto de las arcas nacionales por motivos electorales.