1963: Haití y República Dominicana

Desde hace mucho tiempo se ha dicho que: “Nosotros los dominicanos y nuestros vecinos los haitianos” somos como dos mellizos trágicos condenados a vivir sobre un peñón del Caribe. Nuestros vecinos desde hace bastante tiempo, no caben en su territorio. Somos una isla y el mar no se puede colonizar. Ellos no se van a tirar al mar.

Por eso los dominicanos con extremados celos, tenemos que vigilar, cuidar y defender la guardarralla llamada frontera. Cuentan que cuando Juan Jacobo Dessalines se proponía declarar la independencia del territorio arrebatado a La Hispaniola, por los bucaneros y los filibusteros de La Tortuga, llamó al inteligente Boisrond  Tonerre, hombre por todos reconocido como muy sabio, para redactar el acta de independencia. Entonces Tonerre le manifestó: “Para redactar el acta de nuestra independencia se necesitan: el cráneo de un blanco como escritorio, su piel como pergamino, la sangre como tinta y como pluma la punta de una bayoneta”.

Estas disquisiciones son traídas por mí agarradas por las greñas; en estos momentos en que el territorio dominicano se ve pacíficamente ocupado por millones de nativos de allende la frontera. Y lo grave del caso consiste en que algunas naciones poderosas, de manera hipócrita levantan los índices señalatrices y pegan los gritos a los cielos, para de modo charlatanesco y de manera vagabundesca acusar a los dominicanos de ser discriminadores y esclavizadores de los pobres y ultrajados haitianos.

Eso viene de muy lejos. Pues nosotros mismos en el año de 1979, en Montevideo capital de la República Oriental del Uruguay, tuvimos que apelar y hacer uso del derecho a réplica. Y fuimos a la Radio Carve a desmentir lo que se había dicho.

Pues se había lanzado a los aires, la acusación de que los cortadores de caña de Haití, en la República Dominicana se encontraban realizando trabajo esclavo, en lo que eran verdaderos campos de concentración. Nuestra comparecencia a la Radio Carve de Montevideo la teníamos grabada en cinta magnetofónica, que le regalamos al comentarista don Ercilio Veloz Burgos, abrigando la esperanza de que un buen día, le daría uso en uno de sus escuchados programas.

Ahora queremos que algunos recuerden y que otros se enteren de algo ocurrido en el 1963 cuando aquí gobernaba el patriota Juan Bosch. En Haití oprimía el médico brujo Papá Doc Duvallier, aliado de Ogún Balenlló, de Ogún Badagrí y de Ogún Bacossó…En la República Dominicana ya dijimos que el presidente Bosch, un tal general haitiano León Cantave, con un grupo armado cruzara la frontera y penetrara en Haití. Fueron rechazados por las fuerzas de Papá Doc y entonces surgieron las acusaciones y vinieron los conflictos. Llegando las cosas a tales extremos que el presidente Bosch ordenó la concentración de tropas en la frontera, en zonas aledañas a Jimaní. Esas tropas las mandaba el joven coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Y se impone decir lo siguiente: para unirse a las tropas, a Jimaní se presentaron José Francisco Peña Gómez y León Bosch García, quienes fueron recibidos por el comandante en Jimaní, el coronel José Mauricio Fernández, quien autorizó a los dos voluntarios a yantar en su casa de familia y los puso a dormir en la pensión del señor llamado Jungán.