1990: Elecciones bajo sospecha de fraude

Por SORANGE BATISTA
09 abril, 2012 12:56 am Sé el primero en comentar
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Los comicios de 1990 fueron  de los más polémicos de los últimos años. Para muchos los ganó Juan Bosch y el PLD, pero el triunfo le fue adjudicado  a Joaquín Balaguer.

En un ambiente caracterizado por fuertes insultos, denuncias de fraude y una aguda crisis económica se desarrollaron los comicios de  1990, que dieron una dudosa victoria al oficialista Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) frente a un Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que, habiéndose proclamado ganador, denunció que en su contra se había cometido un “fraude colosal”.

 El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), contendor por excelencia del reformismo, acudió segmentado al proceso electoral dando paso así al surgimiento de un PLD como segunda fuerza partidista, encabezada por el profesor Juan Bosch Gaviño.

 Los más de siete millones de habitantes que tenía en ese entonces el país fueron testigos o sufrieron de alguna manera los efectos de una severa crisis económica y social, originada por  la inestabilidad cambiaria y una inflación  que en ese año superó el 100%. 

 La crisis se sentía a través de los  prolongados apagones, largas filas para   comprar   combustibles y    azúcar, especulación en los precios de los alimentos,   deterioro de los servicios básicos y otros elementos que provocaron huelgas  y un incremento alarmante de los viajes ilegales que, según estudios, entre 1986 y 1990 superaron entre 300 y    400%  los ocurridos entre 1961 y 1965.

La campaña.  Como candidatos se presentaron Juan Bosch y el empresario José Francisco Hernández, por el PLD. Un debilitado PRD compitió con el binomio  José Francisco Peña Gómez-Hipólito Mejía y, por otro lado, Jacobo Majluta acudió separado del partido blanco junto a Arturo Martínez Moya, en el recién surgido Partido Revolucionario Independiente (PRI).

Aunque hubo pocas alianzas, una conjunción de partidos encabezada por el PRSC, Partido Quisqueyano Demócrata, Partido Nacional de Veteranos y Civiles, Partido Democrático Institucional y La Estructura postuló la reelección de Balaguer y Carlos Morales Troncoso.

También se presentaron cinco partidos emergentes y otras organizaciones con aspiraciones a nivel congresional y municipal, entre  las que se destaca el Movimiento Independiente de Unidad Capitaleña (Miuca) que presentó a Virtudes Álvarez como candidata a diputada.

Todo aquello se desarrollaba en medio de multitudinarias concentraciones políticas y caravanas que iban dejando a su paso   muertos y heridos, producto de las pasiones políticas mezcladas con alcohol y el triunfalismo de la militancia de los tres  partidos mayoritarios que entendían que estaban “ganados”.

Cabe destacar que en la plenitud de la campaña, al parecer consciente de que el PRD dividido no alcanzaría la victoria, Peña Gómez tendió “un ramo de olivo” a Majluta, proponiéndole que se unieran y compartieran el poder dividiendo el período en dos años para cada uno, en caso de resultar victoriosos. Sin embargo, Majluta rehuyó a la oferta.

El ambiente proselitista era colorido y  entusiasta, protagonizado por una población que aún en medio de la precariedad que le embargaba, sacaba fuerzas para vitorear a su favorito.

Todo transcurría entre música, eslóganes y variados ritmos musicales que se convirtieron casi en himnos para los candidatos como “No hay nadie más pa’ sustituirte” de Ramón Orlando. En la medida en que se aceraban los comicios, el tono de la campaña se fue enturbiando y se popularizó la canción “Caballo Viejo” de Simón Díaz, con la que aludían a las edades de Juan Bosch y Joaquín Balaguer.

La situación llegó a un punto en que se presentaron agresiones físicas. Se registraron dos atentados contra el candidato perredeísta, soldados del Ejército Nacional protagonizaron un tiroteo a poca distancia de donde se encontraba el Presidente  Balaguer. Hubo agresiones a tiros y pedradas en Bayaguana e incendio de un local del PLD.

Las votaciones.  En medio de la tensa situación, rumores de fraude y llamados de la Iglesia a que se respetara el resultado de las urnas, llegó el día de las elecciones. La responsabilidad de organizar los comicios fue puesta en manos de una nueva JCE integrada por los juristas Froilán Tavárez, presidente; Hugo Alvarez Valencia, suplente del presidente; Rubens Suro, miembro; José Henríquez Almánzar, suplente miembro;  Olga Seijas Herrero, miembro; Guillermo Sánchez Gil, suplente miembro y Amable Díaz Castillo, secretario.

Para el 16 de mayo ya se encontraba en el país un grupo de observadores entre los que figuraba el expresidente de Estados Unidos James Carter (Jimmy); Eduardo Ferrero, de la OEA; Eduardo Reis, del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, entre otros.

Concluidas las votaciones, el PLD se adelantó a proclamarse victorioso frente al PRSC que afirmó, había quedado en segundo lugar. El jefe de campaña del PLD, Félix Jiménez, acompañado del secretario de Prensa, Leonel Fernández, y del encargado de Cómputos, Víctor Grimaldi aseguró que los cómputos les otorgaban 477,440 votos contra 442,598 del PRSC y 306, 866 del PRD.

En esa rueda de prensa, Jiménez dijo que esperaban que no se presentara ningún inconveniente y advirtió que cualquier negación de desconocimiento de la victoria peledeísta estarían dispuestos a defenderla y por ello hicieron un llamado al expresidente Carter  a permanecer en el país. Al parecer ya tenían sospechas de anomalías.

El fraude: boletín No. 10.  Cuando ya se habían computado 647 mesas, el PLD aventajaba al PRSC. Carter, quien según refiere Angela Peña en su libro, durmió en una ‘guagua’ en el patio de la JCE, alabó la honestidad con que se habían realizado las elecciones.

De pronto, el proceso de conteo se fue tornando lento y el PRSC fue aventajando poco a poco al PLD. El boletín No. 10 emitido el 17 de mayo marcó el inicio de la crisis post electoral al mostrar a Balaguer por encima de Bosch.

Con los resultados de ese boletín, el PRSC se proclamó ganador y al otro día Bosch denunció que se había cometido un fraude electoral y de inmediato hizo un llamado al pueblo a lanzarse a las calles para protestar porque, según afirmó, las irregularidades se hicieron en  la Junta Central en complicidad con el Gobierno de Balaguer.

En un comunicado, el PRSC respondió al PLD llamando a la “unidad y la concordia”, señalando que ‘quienes no tienen la razón siempre apelan a  violencia’.

Argumentos.  El análisis con que el PLD basó sus argumentos de fraude está descrito en el libro “Elecciones y Fraudes Electorales”, de Felipe Cabrera, que señala que la trama se comenzó a orquestar con la designación de la nueva JCE. Explica que en una sesión del Senado en la que los legisladores del oficialista PRSC aprovecharon la ausencia de sus colegas de oposición, designaron la nueva JCE encabezada por Froilán Tavárez.

También mencionaron que el Gobierno designó, sin consentimiento de la JCE, a la doctora Zoila Martínez, miembro del PRSC,  como directora de la Cédula. Aunque luego fue removida, el PLD argumentó que fue dejada allí hasta producir 94 mil cédulas duplicadas. Precisamente entre los argumentos de fraude figura que en el Registro Electoral figuraban 94 mil personas con igual número de cédula.  Señaló, asimismo, que el Centro de Cómputos de la JCE adulteró resultados de actas originales de mesas electorales, aumentando los votos del PRSC y disminuyendo los del PLD, y otros aspectos.

Ante todo esto, el PRSC se mantuvo en silencio y Carter se empeñó en limpiar los comicios. Sin embargo, el panorama no estaba claro y los boletines de la JCE no coincidían con los de los centros del cómputos del PLD y PRD.

Un golpe al PLD.  El PRD intentó, de manera infructuosa,  hacer  causa común  con el reclamo de Bosch y denunció que la compra de cédulas impidió que su organización obtuviera mayor votación. En medio de ese torbellino y de una población que se mantenía en una tensa calma, la JCE inició el cotejo de las actas con los resultados de las mesas.

Para sorpresa de la dirigencia y la militancia peledeístas, el mismo día que la JCE inició el proceso, el coordinador del Departamento de  Cómputos del PLD, Víctor Grimaldi, remitió una carta a Bosch en la que le señaló que el PRSC había derrotado al PLD. Esos resultados los ofreció  mucho tiempo antes de que la JCE ofreciera los números  definitivos.  Según Grimaldi cuando apenas faltaban 225 mesas por computar el PRSC tenía 638,248; el PRD: 432,039 y el PLD: 634,343. Al otro día, Grimaldi denunció que estaba siendo amenazado de muerte por miembros de su propia organización política.

La reacción no se hizo esperar y el PLD   rechazó los resultados de Grimaldi denunciando que habían sido infiltrados por el Balaguerismo y que  la reacción de  su compañero renunciante se inscribía en el fraude fraguado por el PRSC.

Informe Carter

El 25 de mayo, el presidente de la JCE, Froilán Tavárez, declaró a Joaquín Balaguer ganador de los comicios con 669, 073 sufragios frente a 647,369 de Bosch.  Previo a esto, Carter emitió un documento sobre el proceso electoral en el que afirmó que, pese a que algunos aspectos de los comicios fueron defectuosos,  la delegación de observadores no tuvo evidencia que esas  irregularidades  invalidaran  la victoria del  candidato reformista Joaquín Balaguer. A esto se sumó  un comunicado de la Conferencia del Episcopado Dominicano que manifestó que “la nación entera pide a los partidos políticos el respeto sagrado a lo establecido por la ley hasta la culminación del proceso electoral… el saber ganar y el saber perder es lo que manifiesta la verdadera grandeza y autenticidad de cualquier persona que acepte participar en una contienda…”. No importaron los llamados a huelga nacional, ni el exitoso “Duelo Cívico” del PLD, ni ningún tipo de llamado, estos dos aspectos prácticamente evidenciaron que la denuncia de fraude no progresaría.

Otro más para Balaguer

En un hecho sin precedentes tras la caída de la tiranía trujillista, Balaguer y Carlos Morales Troncoso tuvieron que jurar su reelección el 16 de agosto ante el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Néstor Contín Aybar debido a que el Senado, por diferencias entre los legisladores, no había electo su bufete directivo. Se produjo un tranque, porque Balaguer favorecía a Ricardo Barceló para presidir la Cámara  Alta a lo que se oponía José Osvaldo Leger (PRSC-SC).

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