2014, año de la educación

En su discurso de rendición de cuentas del 16 de diciembre recién pasado, el ministro Carlos Amarante Baret juzgó el año 2013 como muy positivo para la educación debido a las acciones desarrolladas en este mismo año por el Gobierno de Danilo Medina en beneficio de estudiantes, profesores y empleados, y otros servidores de ese sector. El alto funcionario estima que el año 2014 será mucho mejor debido a las obras de infraestructura terminadas, y a los programa puestos en marcha, gracias a una disposición presupuestaria de más de 99 mil millones de pesos equivalente a un 4% del PBI, al 4.6% del mismo para ser exacto.

Sin mostrarnos tan optimista como el titular del Ministerio de Educación, pensamos que, a corto plazo, vamos a decir, en una década, la calidad de nuestro sistema de instrucción pública habrá de elevarse a los niveles deseados. ¿Cómo habremos de trasformar nuestras escuelas públicas en comunidades de aprendizaje? ¿Cómo habremos de enfrentar el reto de que nuestro país disponga de una razonable capacidad científica y tecnológica? A pesar de los pesares, creemos que al paso que vamos lo vamos a lograr. El Ministerio de Educación está preparado para la ejecución del presupuesto que le ha sido asignado. Los expertos y técnicos que laboran en esa dependencia estatal están capacitados para emprender con éxito una campaña de alfabetización de adultos en edades productivas; se contempla mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los docentes en servicio; también, de darle continuación al proyecto de jornada extendida; de construir miles de aulas, y de otras tareas tan importantes como las citadas.

Si bien es cierto que el Sistema Dominicano de Instrucción Pública todavía no ha alcanzado el nivel de calidad que todos deseamos, éste no funciona tan mal como muchos exaltados no se cansan de pregonar. Admitimos que todavía es muy baja la cobertura de éste en los niveles iniciales y medios. Que sus índices de repetición y deserción son excesivamente altos, y que las destrezas de los bachilleres egresados de sus unidades politécnicas continuas siendo cuestionadas por los empleadores. El currículo reformado no ha podido ser implementado. Faltan miles de aulas por construir y equipar. La cantidad de libros y otros instrumentos de enseñanza no alcanza para todos. Miles de jóvenes nacidos aquí, que ni estudian ni trabajan, vagan por esas calles de Dios sin pan y sin esperanzas.

De las propuestas para la mejora de la educación, la capacitación y formación docente, la del mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de los maestros en servicio, así también como los deberes de éstos frente a la sociedad, estuvieron entre las que más llamaron la atención de los proponentes. Al final de la llamada “era de Trujillo” nos encontramos con que la mayoría de los profesores que laboraban en las escuelas públicas y en los contados colegios privados que existían entonces había accedido al oficio sin la debida formación pedagógica. Apenas un 4% de los profesores de ellos poseía un grado universitario, o había egresado de una escuela normal de primera o segunda enseñanza. Con el advenimiento de la democracia aquí surgió la necesidad de proporcionarles formación y titulación especializadas a los miles de maestros en servicio que no disponían de ella, vale decir a casi todos. También, la de reformar la instrucción pública en todos sus niveles y modalidades. Ambos procesos debieron marchar al unísono. Gracias a esas y otras medidas tomadas en un pasado no tan remoto, hoy contamos con expertos, gestores, técnicos, maestros y personal de apoyo administrativo en capacidad de atender a una demanda de enseñanza a tono con las exigencias de un mundo globalizado de mercados abiertos a la competencia internacional. Tal y como lo señaló la Ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, Ligia Amada Melo, hoy necesitamos maestros de una formación muy diferentes a la que las escuelas normales y las universidades ofrecían en los años 60 y 70 del pasado siglo XX. Hoy, la carrera de educación exige tanto como cualquier otra. El desempeño docente requiere de conocimientos y de destrezas que no se pueden ser adquiridas asistiendo a clase una o dos veces por semana.