2018: Año de las Exportaciones: reflexiones

Amparo Chantada

El año 2018 se inicia con un movimiento ambiental debilitado, teóricamente estancado, recuperado por algunos medios de comunicación que desorientan la opinión pública, haciendo de la cuestión ambiental, un asunto emotivo y patriotero sin fundamento analítico-científico. La compleja situación política y económica del Gobierno, amerita de los economistas y ambientalistas en conjunto, una reflexión seria, sobre el modelo de desarrollo que nos espera y sus fines, ya que se anuncia, implícitamente, más permisividad. Geopolíticamente, el Caribe ha perdido importancia, económicamente es solo una zona de paso hacia Panamá y el depósito-centro de distribución de droga; ambientalmente, es vulnerable por la gran pobreza que desnuda impúdicamente todos los eventos climáticos.
El 2018 fue declarado de“las exportaciones” y muchos, no asocian ese propósito con la venta-explotación de todos los recursos naturales dentro de los acuerdos y tratados firmados. En otros términos, el subsuelo, sus recursos, la costa, las playas, las montañas del país constituyen el sustrato de una promoción nacional que llama a las inversiones para una producción de bienes de exportaciones y de consumo -basada ahora mismo en una naturaleza fragilizada por las infraestructuras de mala calidad, los temporales y la sobreexplotación en algunas zonas, inversiones que exigen una rápida recuperación de sus utilidades: eso se traducirá pormas permisos de explotación de recursos mineros con excavaciones a cielo abierto o no, movimientos de tierra, uso de tecnologías modernas y desconocidas de extracción del sustrato mineral; en el entorno de montaña, eso significará el permiso de más construcciones hoteleras-cabañas en detrimento de la tradicional producción agrícola poco rentable en comparación; y en la costa, en particular la del Este, significara la multiplicación de más permisos de hoteles y proyectos inmobiliarios acompañados de golfs, marinas y acuarios-espectáculos: todos representan un debilitamiento de los ecosistemas, la fragilización de las condiciones naturales previas, pedológicas, geomorfológicas, hidráulicas y sociales por contaminación y sobreexplotación. Nos preocupa de antemano, la variación de viejas normativas -de edificación y uso de suelo de bajo impacto- por torres de altas densidades construidas, cerca de lagunas, playa y mar, representando inversiones agresivas que contemplan desde Cap Cana a Macao, multiplicar los proyectos inmobiliarios, tipo Benidorm en España, (eso significa también la competencia feroz entre grupos y capitales), sin que el Ministerio de Medio Ambiente se decida a evaluar los impactos acumulativos de los efectos producidos por la hilera de hoteles existentes -con sus consumos sofisticados y complejos- en todo el litoral: 75,000 habitaciones, 6 millones de turistas, 6 marinas, 2 puertos de cruceros más los cruceristas, 32 campos de golfs producen efectos negativos preocupantes que debilitan las condiciones preexistentes básicas.
Es urgente que se hagan las remediaciones sincrónicamente (al mismo tiempo) para mantener ese equilibrio, que muchos no saben definir ni delinear y que son ecosistemas más o menos estables que hay que mantener, no importa, los costos y la productividad afectada de las inversiones, si le hemos garantizado a nuestros hijos, su patrimonial natural.