2018: ¡Que este sea el Año!

Millizen Uribe

Le doy vueltas una y otra vez, una y otra vez, y todavía me parece insólito que en estos casi dos siglos de vida no hayamos resuelto, de raíz y de manera contundente, ni uno solo de los problemas fundamentales de la nación.
Rehago esta reflexión tras ver que la Presidencia de la República declaró el 2018 como Año del Fomento a las Exportaciones, una meta importante, que ojalá logremos, pero que he visto como, año tras año, se han hecho declaraciones similares, que más que la disposición de voluntad política, esfuerzos estratégicos y recursos para soluciones puntuales, queda en un mero acto protocolar.
Es tanto así que el 2016 fue declarado como Año de Fomento a la Vivienda y en ese periodo, increíblemente, se redujo la inversión en vivienda de 0.10% en 2015 a 0.06% del producto interno bruto (PIB) en 2016, como demuestran datos de investigadores de Ciudad Alternativa.
También hay que ver la falta de sintonía con la agenda ciudadana y demandas populares. Por ejemplo, momentos en que la sociedad está indignada por las altas tasas de feminicidios, o cuando la ciudadanía ha salido a las calles, pidiendo a gritos el fin de la impunidad y la corrupción, no se declara el Año de la preservación de la vida de la mujer, o de la lucha contra la corrupción y la impunidad, no.
En la esfera política es sabido, porque lamentablemente ha quedado demostrado históricamente, que a la República Dominicana le ha faltado, con más constancia y mayor número, una clase política y empresarial que, más allá de sus intereses sectoriales, pongan en primer lugar los intereses país, sin importar lo cursi que suene. En la esfera ciudadana, en clases media y alta, ha ganado terreno el individualismo, tanto así que ya se da por bueno y válido que ante problemas colectivos, hay que buscar soluciones individuales y privadas. De ahí el auge de los inversores y plantas eléctricas, y no la solución definitiva a la falta de energía eléctrica o apagones, de los botellones y bombas de agua, y no de la solución a la falta de agua potable, de la proliferación de seguros privados, y no de la solución al problema de la salud pública.
Por eso ojalá y este 2018, que recién inicia, sea diferente. Que los 363 días que le restan a este año no se vayan en politiquería, conflictos sectoriales y más de lo mismo.
Ojalá que el norte de la nación y todas sus instancias sea resolver al menos un par de los problemas fundamentales, algunos que nos aquejan desde la colonia, y estemos entonces, como país, en la capacidad de garantizar más y mejores derechos, a más de nuestros ciudadanos.