“¡ A David… sin Goliat !”

HERMINIO ALBERTI LEÓN

Del garaje de la ‘Píndarocueva’ –donde reside Píndaro-, asoma su trompa el “Píndaro móvil”, con él a bordo.. Una vez rodando en pleno Arroyo Hondo, pasa a recoger a Jacinto Pichimahuido –viejo amigo- y, juntos, se disponen a hacer un levantamiento de realidad en la zona donde están sus viviendas- para, a través de esa exposición abierta, contribuir con el esfuerzo que hace el alcalde por mejorar el ambiente… un ambiente que está todavía en el medio de lo que es medioambiente.
“¿Por dónde arrancamos, Jacinto?” –pregunta Píndaro-… Acomodando su asiento para tener una visión más panorámica de lo que le espera a ambos, su amigo no se hace esperar: “¡Arranquemos por abajo!… Vamos hasta la cañada de Arroyo Hondo II… – y así hacen-… Una jardinería construida en ambos lados hasta las cunetas de la calle, disimula lo sucio del arroyo que está supuesto a desembocar en el Isabela… Montañas de plásticos y basuras en sus orillas… Al doblar a la derecha, un rosario de basura bordea el follaje, proyectando un marcado descuido de los que a diario hacen uso de esos predios para sus labores de comercialización de todo: Flores, matas, cocos fríos, muebles, etc… El olor es tan desagradable –a los que transitan en sus vehículos con aire acondicionado no les penetra y, por tanto, lo ignoran… Quizás se unen a Medio Ambiente, que nunca se acerca por ahí para corregir la situación…
“Píndaro.. ¡devuélvete! –le increpa Jacinto-… ¡Dale pa’tras!… Coge hacia la rotonda… Frente al Super”… Y, así se cambia la ruta… Un cambio que les sorprende con una serie de funditas amarradas conteniendo basura… apiladas… esperando ser recogidas… Al verlas, ambos se dan cuenta que los residentes en las calles aledañas que confluyen en ese corazón zonal, parece que acostumbran llevar sus basuras hasta los puntos que bordean la ruta, en lugar de colocarlas en zafacones… El número de empaques plásticos aumenta en la medida en que se ven puntos de ventas callejeros… “¡No hay control!” –exclama Píndaro-… “¡Mira… mira… miraaaaaa! –grita Jacinto-… ¿Y toda esa ropa colgando de esa pared?”… Como parte de un ‘Mercado de Pulgas’, un largo cordón sostiene ropa que es vendida al transeúnte y a los residentes periféricos de la zona… Al lado, una Banca de Apuesta… Un vendedor de pollos… Un colmadito… Una sastrería… El lateral de una ferretería… Es como si la imponente Plaza Ecuador se viera atacada por la arrabalización…
“Píndaro –le refiere Jacinto-… sigue por ahí… bordeando el Botánico… ¡Es hora de respirar aire puro!”… Así enfilan ambos hacia las curvas de la naturaleza… Una ruta que es día a día utilizada por cientos de caminantes que ejercitan sus cuerpos, exponiéndose al monóxido de carbono que les dejan de recuerdo los vehículos que por ella transitan… No han manejado siquiera un kilómetro, cuando Píndaro pisa de golpe los frenos del Pindaromóvil… “¿Qué pedazo de barandilla es esa?” –grita, mientras señala unos pedazos de hierros viejos que bordean un reducido pedazo de calzada… Jacinto abre su puerta y de dispone a salir de él… Una vez fuera, un caminante se topa de frente con él y, aprovechando el momento, le cuestiona: ”¿Me podría decir por qué esos retorcidos hierros están colgando de la calzada, en lugar de haber una barandilla ahí?”… La respuesta no se hace esperar… “¡Esa vaina tiene así varios años!… Después de un accidente en que un carro se la llevó de encuentro, jamás han vuelto a hacerle caso… ¡Ojalá y el alcalde viniera a las 6 de la mañana a caminar por aquí y viera cómo nosotros nos arriesgamos cada vez que le pasamos por el lado a ese ‘derricadero’…”.
Aprovechando el ambiente, Píndaro estaciona a un lado el Pindarmóvil y ambos entonces se unen e inician una entretenida caminata… Son casi las 7:45 de la tarde… El sol ya está escondido y aún quedan personas ejercitándose… Desde la calzada divisan unos bancos de cemento en una montañita en la grama… Se miran, sonríen.. y corren hasta él… Mientras conversan no se dan cuenta que ha caído la noche y, lo que era un ambiente de seguridad y frescor, ahora la oscuridad se ha adueñado del área… En un esfuerzo por encontrar la forma de regresar en una pieza hasta su vehículo mueven sus cabezas en busca de los postes de luz y sus luminarias… ¡Qué pena… están quemadas! Aunque en las casas escondidas por sus altas murallas hay luz, el interrogante de la noche les embarga y un sentimiento de temor les arropa… Ambos están indefensos y en plena ‘selva’ urbana… ¡La camioneta de Obras Públicas que se coloca en la esquina de la avenida Los Próceres para ofrecer supuesta seguridad a la zona ha partido!… La zona es ‘tierra de nadie’…

“Jacinto –medita en voz alta Píndaro-, Arroyo Hondo parece que está perdiendo su encanto… El abandono del alcalde, la ausencia de los servicios básicos sumado a los largos apagones que Edesur nos regala aunque es una zona supuestamente privilegiada, la falta de educación en los residentes no tradicionales y algunos ya de años en la zona, el descontrol en la permisividad para que cualquiera coloque un punto de venta de comida, ropa, juegos donde les de la gana muestran lo que fue un Goliat convertido ahora en un arrabal… ¿Cuándo nos harán caso?”.


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