A extender tales rigores

La depuración de la nómina magisterial es un paso hacia la racionalidad en el gasto que la ciudadanía respalda. El Ministerio de Educación tiene que cuidarse con rigor ético y contabilidad diáfana de que la holgura de recursos provenientes del 4% no cree espacios para el dispendio y la desviación. El maestro que no trabaje recurriendo a subterfugios o a engaños directamente para beneficiarse en ausencia no debe recibir pago alguno. Pero sería justo detenerse a revisar casos de profesores con larga hojas de servicio y realmente incapacitados a los que sin la debida formalidad se les ha permitido un confuso estatus. Ellos no escapan a la extendida injusticia de la desprotección social en la vejez.

El saneamiento del ámbito público del renglón Educativo se quedaría corto si solo regula el ejercicio docente. El clientelismo y el favoritismo como expresiones de un ejercicio de autoridad capaz de desbordarse, parecen ramificados por varios lados. Desde la asignación de obras públicas hasta la creación de cargos en áreas administrativas deben estar bajo lupas independientes de las jerarquías y sometidas al contrapeso de poderes, recursos que en el presente inspiran poca confianza. La Cámara de Cuentas admite una limitación presupuestal que le impide cumplir sus objetivos, el Congreso tiende a comportarse como dócil extensión del Poder Ejecutivo y las veedurías no dan frutos. Un experimento que no ha ido a ninguna parte.

Una amenaza inaceptable

La pérdida de democracia en Venezuela merece un frontal, pero cívico y diplomático, rechazo. El autoritarismo llega allí a hirientes extremos para la conciencia de América. Todo gobierno del vecindario que se respete en términos democráticos tiene que colocarse de pie contra la intronización dictatorial. Favoreciendo el método que se empleó contra Trujillo, al que la hermandad de naciones del sistema interamericano aisló con efectividad hasta su caída. La intervención militar externa sería abominable. La advertencia de una posible acción unilateral de Estados Unidos merece total reprobación. Hiere la sensibilidad de pueblos que antes vivieron tal humillación. Latinoamérica no quiere un triunfo de la fuerza con superioridad bélica, sino el de la razón. El de la democrática expresión de la voluntad de los venezolanos con total respeto a su soberanía.


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