A mi amigo Alejandro Paulino Ramos

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Con especial interés he leído tu amplia compilación titulada: Los intelectuales y la intervención militar norteamericana, 1916-1924, correspondiente al volumen ccc11 de las publicaciones que realiza el Archivo General de la Nación.
En el referido trabajo he notado la ausencia de Joaquín Balaguer como intelectual, aunque sí aparece en la página 199 junto a otras personas a las que Fabio Fiallo le dedica su libro La Comisión Nacionalista en Washington, 1920-1921, con el siguiente reconocimiento: “Dedico este libro, que es una hermosa página casi de nuestra heroica lucha contra la intervención americana”.
Entre los congratulados, además de Balaguer, tal vez el más joven entre ellos, se cita a Tulio Manuel Cestero; a Rafael César Florentino, Director del diario La Información, donde Balaguer laboraba como articulista; a Tomás Hernández Franco, a Marcos Cabral , a Rafael Bonelly Fondeur y a Pericles Franco, entre otros notables impulsores del nacionalismo en la ciudad de Santiago.
La presencia de Balaguer se hizo cada vez más frecuente en los actos organizados por la Comisión Nacionalista de Santiago, por lo que no es de extrañar que, además, Fabio Fiallo le dedicara en 1924 su Canto a la Bandera. Para esa misma fecha, la referida Comisión, dirigida por el Licenciado Rafael Estrella Ureña, quien apadrinó a Balaguer en sus primeras incursiones en el exclusivo círculo de oratoria política y parlamentaria, organizó un acto cívico que tuvo como escenario la Plaza Central de La Vega. En esa ocasión el brillante orador y jurisconsulto estremeció a la multitud que se había dado cita para escucharlo. Luego de su discurso, Estrella Ureña presentó a un joven al que calificó como el “Benjamín de los oradores dominicanos”. Ese joven era Joaquín Balaguer Ricardo, cuyo discurso no fue menos elocuente que el de su maestro, por lo que fue aplaudido colectivamente por el “brillante discurso que pronunció. Para que la multitud pudiera escucharlo bien, fue necesario subirlo en una improvisada tarima”.
Algunos cronistas de este hecho destacan la coincidencia de que Juan Bosch y su amigo Manuel Mendoza paseaban por la citada Plaza Central donde hablaba Balaguer. Se acercaron a la concurrencia y allí “conocieron por primera vez, a Balaguer en su faceta de orador en ciernes”
No es de extrañar que poco después, en una manifestación similar que debía celebrase en el histórico Teatro Colón, de San Pedro de Macorís, donde el discurso central del acto lo tenía asignado el Lic. Estrella Ureña, pero por una afección en la garganta fue reemplazado por Balaguer, a quien presentó como un “joven superior en el arte d la oratoria”.
La Comisión Nacionalista de Santiago eligió para representarla, en un acto que se llevaría a cabo en la capital, al tribuno y poeta Miguel Ángel Jiménez, y a Joaquín Balaguer. Ocasión en la que el Dr. Américo Lugo, después de escucharlo, expresó: “Este joven, con la leche en los labios, ha sido elegido por los dioses de la oratoria, y su patriotismo se desborda por sus venas como un torrente que no se detiene, rebosante de una fuerza extraordinaria, su palabra orientadora y nacionalista”.
Balaguer le devolvió el cumplido en su artículo publicado por La Información, el 18 de septiembre del 1925, con el título Nacionalismo, en el que expresa: “El doctor Américo Lugo es el más insigne pensador dominicano…”.
Puede informarse, de manera inequívoca, que el joven Joaquín Balaguer Ricardo, no solo combatió con su verbo la intervención norteamericana, sino también con la pluma y para muestra de ello sería suficiente leer el artículo titulado: “Mr. Hughes y el Plan de Esclavización, por el citado diario La Información, el 27 de septiembre de 1923, y del que extraigo el siguiente párrafo:
La política que Mr. Hughes está desarrollando en el Congreso Americano es una política completamente absorbente y completamente imperialista y Mr. Hughes no podía, sin traicionar a su imperialismo, dejar libre y autónomo de la honra del Plan la cabeza de la República. Los que tienen confianza en el licenciado Peynado sepan que Mr. Hughes se lo tragó y que con él se ha tragado también la República.
Si comparamos la fecha de publicación de este artículo con la del nacimiento de Balaguer, él tendría en ese entonces la juvenil edad de 22 años, por lo que creo, amigo Paulino, que bien merece figurar entre los intelectuales que combatieron con la palabra la intervención militar norteamericana de 1916.
Los datos contenidos en esta modesta declaración, si resultan de tu interés, puedes cotejarlos en la obra: Joaquín Balaguer: Escritos juveniles en verso y prosa, publicación de la Fundación Joaquín Balaguer, Inc. 2006.


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