Abiertas son transparentes

En medio del debate sobre si las puertas de las elecciones, para escoger candidatos presidenciales deben ser de puertas abiertas, entrejuntas o cerradas, el presidente de la Junta Central Electoral se mete a opinar, Inoportunas declaraciones y débiles sus argumentaciones, al señalar que organizar las primarias abiertas y simultáneas costaría al país la misma cantidad de dinero que unas elecciones generales todo sea en favor de la transparencia.
Además, informó que aún la Junta debe RD$900 millones de los pasados comicios y afirmó que “la Junta no tiene miedo, solo lo estamos diciendo, por si algunas cosas salen mal”.
Julio César Castaños Guzmán ensarta una serie de desatinos. Sabido es que la desafortunada administración económica de las autoridades electorales ha permitido toda suerte de inversiones poco responsables, gastos no presupuestados, superfluos y una peligrosa permisividad política sesgada en favor de una parcela política. Erró el doctor Castaños Guzmán cuando tomó como ejemplo, como modelo, las elecciones celebradas del 2004 y adelante,
El escenario donde habló el presidente de la Junta Central Electoral no podía ser peor elegido: la sede de la institución rectora de los comicios.
El planteamiento fue incorrecto. Lo que se imponía no era un rosario de dificultades que, en el fondo, son un tirar la toalla, como decir, esto es demasiado para la actual Junta Central Electoral.
Es como si sus miembros hubieran regresado recientemente de un viaje a Marte que nadie ha realizado aún. ¿Acaso la actual Junta Central Electoral prefiere que siga el relajo de partidos que carecen de árbitros internos que impongan el respeto a los estatutos, a la igualdad de oportunidades, a la democracia, a la libertad de elección?
¿Es posible que se intente actuar como si se desconociera que en las elecciones internas de los partidos hay suplantación de listas de electores, compras de votantes, trastrueque de colegios y mesas electorales, por parte de candidatos que se presentan luego haciéndose los inocentes, al ritmo de aquella guaracha que cantaba: yo no sé nada/yo llegué ahora mismo/si algo paso, yo no estaba aquí/ que si lo dijeron, que si alguien lo vio…
La desilusión que aumenta el porcentaje de abstención y de no votantes es fruto, entre otras cosas, de la desconfianza de los electores en el padrón, la organización y la administración de las elecciones internas de sus partidos, como acaba de ocurrir recientemente, que se votó por unos y les contaron a otros.
Pienso que nadie quiere candidatos tramposos, triquiñueleros, compradores de voluntades, corruptores del principal derecho ciudadano: el derecho a elegir y a ser elegidos, porque luego, de ser elegidos, actuarán con las mismas malas mañas como gobernantes…
En nombre de la transparencia, se imponen las elecciones abiertas, con el padrón de la Junta Central Electoral.