Acorralados

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

La solución no es escapar del acorralamiento en que estamos viviendo, la solución es buscar soluciones, estudiar los problemas y darle frente. No estoy diciendo nada que no se sepa, pero….
Estamos acorralados por el crimen, el incesto, el matricidio, el parricidio, las violaciones sexuales dentro de la misma familia, padres contra hijas, padrastro contra hijastras, hermanos contra hermanitas, hijos contra madres, curas sodomitas, manoseadores…
Cierto, enfrentamos graves problemas de conducta, de acciones, en la interacción entre personas que conviven tan cerca como bajo el mismo techo, con lazos de consanguinidad y con una relación filial estrecha.
No son los únicos problemas, no son las únicas desviaciones de la conducta que, por constantes y antiguas, parecen olvidadas por los científicos sociales que deben trabajar y trabajan con la conducta, cuando analicen el quehacer humano en la actualidad.
Me refiero, por supuesto, a los políticos corruptos quienes, como los bomberos, no se pisan la manguera entre ellos, señalo a fiscales y jueces que venden sentencias y retuercen las leyes y los procedimientos judiciales, con fines de favorecer a clientes cuyas necesidades y requerimientos son satisfechos por la autoridad, como si se tratara de una forma de ejercicio honesto de su profesión de abogados.
Si para muestra basta un botón, mi prima Nancy Suazo Gautreaux, desde hace 20 años o más, tiene ganancia de causa en todas las instancias, por un caso en el cual un cliente no satisfizo el pago por el suministro de vestidos por miles de pesos, cuando los pesos valían, y en los tribunales no deciden de manera definitiva, aunque el caso ha ido a la Suprema Corte de Justicia una y otra vez.
Actúan como para que mi prima se desencante, se dé por vencida, pero no lo lograrán, ese caso quedará para siempre como un ejemplo de lo que es la denegación de justicia empañada por un oscuro velo que permite pensar cualquier cosa mala, pecaminosa.
No voy hablar de la brutalidad de algunas autoridades uniformadas quienes actúan como si fueran dueños de las vidas ajenas y golpean presos, piden y aceptan sobornos, engañan, retuercen, inventan delitos para coaccionar.
El apretado cerco se estrecha cada vez, como si se tratase de una maldición, puesto que no hay salida aparente, no se ve la claridad al final del largo túnel que pretendemos estar cruzando.
Siempre cito las actitudes y frases del polígrafo colombiano José María Vargas Vila quien sentenció: “Cuando la vida es un martirio, el suicidio es un deber”.
¿Qué hacer; suicidarnos? ¿Colocarnos frente al despeñadero y arrojarnos?
Sería un acto de suprema cobardía. Cuando el toro te embiste o lo lidias o te mata, enfrentemos los problemas con ánimo y decisión de solucionarlos, no hay de otra.