Actualizar la democracia

Erinia Peralta P
Erinia Peralta P

¿La democracia alberga un germen de autenticidad que se puede utilizar en contra de aquellos que la convirtieron en una farsa cruel? Esto se pregunta Boaventura de Sousa Santos en su libro “Democracia y transformación social”, al reflexionar sobre el proceso en el que la clase y grupos dominantes comenzaron a utilizar la estrategia para poner la democracia a su favor, eliminando, en primer lugar la posibilidad de cualquier alternativa a la democracia liberal y en segundo lugar manipulando los procesos para que les fueran favorables.
La democracia es poder popular, es el poder ciudadano. Pero podría decirse que la democracia se ha convertido en una farsa cruel. Si lo vemos desde diferentes vertientes: la primera es que hemos entendido la democracia como un sistema para lograr que se materialicen nuestros derechos, pero participando y siendo parte de esa materialización. ¿Lo hacemos? ¿Se cumplen hoy en día todos los componentes de una democracia real? ¿Se vive la democracia en toda la extensión de la palabra? ¿Tiene el poder el pueblo?
“La democracia es el movimiento dirigido a arrebatar el poder a quienes lo acaparan (el monarca o las élites) para repartirlo entre el pueblo que es el llamado a ejercerlo por sí mismo o por sus delegados”. Así la define Pablo Iglesias. Partiendo de esto, afirmamos que la lucha democrática ha sido siempre el proceso de socialización del poder.
La democracia va mucho más allá del simple hecho de votar. Limitarla al derecho al voto (innegable avance) es vivir en una democracia pequeña.
La verdadera democracia implica que la mayoría, si no todos, tengamos el poder. Que los derechos sean efectivos, que se cumplan.