Agosto, siempre agosto

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Para Juan Bosch, el 27 de febrero (1844), el 16 de agosto (1863) y el 24 de abril (1965) sintetizan los momentos estelares del pueblo dominicano, en la búsqueda de su independencia, soberanía, libertad y desarrollo. Por ello, en este agosto, siempre agosto, en el 144 de aniversario de la Revolución Restauradora, compartimos con nuestros lectores las palabras que pronunciamos ante tumba del Maestro, el pasado 30 de junio, al celebrarse 108 años de su nacimiento:
Estamos aquí, en esta plaza ya histórica, frente al Cementerio Ornamental de La Vega, en esta tierra fecunda, para celebrar el 108 aniversario de tu nacimiento. Nos congregamos, para celebrar tu vida, es decir, tu obra monumental, tus antorchas, que han guiado al pueblo dominicano en los momentos más difíciles, en los más gloriosos, que siguen y seguirán alumbrando el camino de la liberación del hombre.
Fue en agosto de 1968, en Composición social dominicana, cuando Juan Bosch pudo explicar ese desaliento que se respira en las páginas finales de La mañosa, su primera novela, explicación que él no tenía cuando editó el libro en 1935, ni cuando escribió las palabras introductorias para la tercera edición, en 1966. En 1968, llegó a la siguiente conclusión:
“…la causa de nuestras guerras intestinas era la lucha de clases, una lucha de clases que carecía de orientación ideológica y que además se llevaba a cabo entre capas diferentes de una numerosa pequeña burguesía que peleaban a muerte porque la guerra civil fue, durante muchísimo tiempo, el canal de ascenso social más seguro que conocía el país.”
También en los intelectuales de la época se reflejaba ese estado de ánimo; es lo que se conoce como el pesimismo dominicano, expresado en los escritos de José Ramón López, Federico García Godoy, Américo Lugo, Luis C. del Castillo, Federico C. Álvarez, Francisco Moscoso Puello, y otros. Desde luego, sin desconocer sus luchas en defensa de la soberanía nacional.
En esos momentos de debilidad, y hasta de confusión, Eugenio María de Hostos dio un paso al frente, cuando expresó:
“La situación, de este pobre y queridísimo país es de las que aconsejan la emigración, hasta yo mismo he pensado en ella; pero cuando me pongo a pensar en lo mucho que lo quiero y que lo quieren mis dominicanos, así como en la posibilidad de que aún me sea dado prestarle algún gran servicio, desisto de toda idea de emigrar”.
Ese amor a que alude Hostos, es el que exhala Juan Bosch cuando expresó en un acto político en Venezuela y lo repitió en Santo Domingo, el 20 de octubre de 1962, cuando fue proclamado candidato presidencial para las elecciones de ese año:
“…si tuviera que volver a nacer reclamaría nacer de nuevo en la República Dominicana; que si mi pueblo había sufrido y estaba sufriendo, y con él todos nosotros los dominicanos del exilio, y los que luchaban aquí adentro, yo quería volver a nacer en este pueblo; que si tenía que volver a padecer la consecuencias de los errores de los dominicanos y de mis propios errores, igualmente querría nacer otra vez en mi país. (…).”
Y sigue diciendo Don Juan: “…y hoy, viendo aquí reunidos a estos hombres del pueblo… y viendo este paisaje de rostros de hombres adornados por la sonrisa y los ojos brillantes de las dominicanas revolucionarias aquí presentes, hoy digo con alegría profunda que si tuviera que volver a nacer, quiero nacer otra vez en la República Dominicana”.
Obviamente, sin caer en el chovinismo. Así se definió él mismo: Yo soy mitad español, mitad puertorriqueño, entero dominicano y más entero latinoamericano.
Además de todo ese amor por la patria que lo vio nacer, sus desvelos, su entrega sin límites, tuvo muy definido el proyecto de nación a que aspiraba, el tipo de organización necesaria para dirigir cada etapa de proceso histórico que le correspondió.
La orientación ideológica a favor del pueblo que no tenía la sociedad de entonces, es la que empieza a ejecutarse en este país a partir del ajusticiamiento de la tiranía: colocó al pueblo como actor principal del drama nacional, como protagonista de su ´propio destino: sintetizado en la Constitución progresista y revolucionaria de 1963, en las profundas ejecutorias de su breve gobierno y el desarrollo de las instituciones.
En esa dirección, y a través de estas líneas, llamamos a la sociedad dominicana a una cruzada nacional para profundizar en el pensamiento y la obra de Juan Bosch, necesario reencuentro con sus ideas y su ejemplo de vida.


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