Al servicio de los más necesitados

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Sus manos, pequeñas, suaves y tiernas, presionan ligeramente un documento sobre su impecable y bien organizado escritorio. Todo está en orden, en su lugar. Antes de estampar su firma, ajusta sus lentes recetados, se inclina  y revisa minuciosamente desde el primero hasta el último párrafo.

Respira levemente, en señal de aprobación y, sólo entonces, rubrica el nombre que le ha dado tanto prestigio: Doña Mary Pérez Marranzini.

“Todavía tengo fuerzas para seguir trabajando. Esto ha sido parte esencial de mi vida. Vamos a ver si Dios me da la fuerza necesaria para seguir trabajando, aunque sea dos años más, hasta que venga una nueva generación y nos sustituya”.

Su voz es pausada, pero impone respeto, autoridad, firmeza y admiración. No necesita gritar para que la escuchen o la obezcan. En ocasiones, basta un simple gesto o un leve movimiento facial para hacerse entender. Allí todo funciona como una gran familia.

Ese carácter dulce de bisabuela a la que todos miman y respetan, su inquebrantable vocación de trabajo y servicio al prójimo, le ha permitido a esta bondadosa  mujer mantener a flote durante 45 años una de las más prestigiosas instituciones de la sociedad dominicana: La Asociación Dominicana de Rehabilitación (ADR).

Los resultados de ese enorme esfuerzo, sostenido durante casi cinco décadas, han dado sus frutos positivos. De hecho, se ha mantenido inquebrantable la filosofía de “proporcionar el más eficiente servicio de rehabilitación para la atención integral a las personas con discapacidad física o intelectual, sin importar su condición socioeconómica”.

Doña Mary Pérez de Marranzini es alma, vida y corazón de la ADR. Es el buque insignia que ha conducido la institución líder en prestación de servicios de rehabilitación integral a nivel nacional, con proyección internacional. Los valores que promueve son calidad, ética, recursos humanos, imagen en la comunidad, rentabilidad, responsabilidad con los usuarios, ambiente de trabajo, expansión, seguridad e innovación.

Es una dama puntual y responsable en su trabajo, y le dedica a la ADR el tiempo necesario para que funcione a favor de los necesitados. Esa vocación de servicio es imitada por los miembros de la Junta Directiva y el resto de los empleados, profesionales y técnicos. Doña Mary comparte sus responsabilidades con su familia, a la que adora. En su modesto escritorio  ha dejado espacio para las fotografías de sus hijos y nietos.

Alrededor del 85 por ciento de los pacientes de la ADR son personas de escasos recursos.  Pero, independientemente de que no tenga recursos para pagar los servicios, se le prestan las atenciones necesarias. Un 50.8 por ciento de los pacientes que visitan la institución no pueden pagar absolutamente ni un centavo.

Con 503 empleados, profesionales y técnicos, la ADR ha prestado servicio a más de 7.7 millones de personas desde su fundación.  Alrededor de 20,000 estudiantes han pasado por  las escuelas de educación especial. La institución sin fines de lucro inició con un presupuesto de 20,837 pesos en 1963. Actualmente tiene una sede principal y 18 filiales en todo el país. Una Junta Directiva de 13 personas dirige la institución. La Dirección Ejecutiva es responsable de los aspectos técnicos, administrativos y financieros.

“En ocasiones me preocupa el balance negativo. Nosotros hacemos todos los esfuerzos por buscar dinero, pero estamos operando con déficit”, refiere Doña Mary. El déficit actual es de 40.2 millones de pesos.  En el 2007 el déficit fue de 44.7 millones de pesos.

Doña Mary se siente profundamente satisfecha por el apoyo y el respaldo que ha recibido la ADR de distintos sectores de la sociedad, incluido el Estado dominicano. Desde principios de los años 60, la prestigiosa dama ha acumulado una impresionante cantidad  de membresía en reconocidas instituciones, ha participado en congresos, charlas, conferencias, seminarios, consultas, paneles, encuentros y talleres relacionados con la rehabilitación.

Ha recibido de universidades e instituciones nacionales e internacionales  distinciones, doctorados “honoris causa”, premios, pergaminos y placas de reconocimiento, diplomas, condecoraciones y medallas. En 1975 la revista Variedades seleccionó a Doña Mary Pérez de Marranzini como “Una de Cinco Damas más importantes de la República Dominicana”

Estructura Organizativa.  La Asociación Dominicana de Rehabilitación está dirigida por una Junta Directiva Nacional que responde a una Asamblea General Nacional, a la que corresponde dirigir y supervisar la administración de la ADR en general, así como preservar el cumplimiento de los propósitos para los cuáles está constituida. Cada filial cuenta a su vez con juntas directivas que responden a los lineamientos de la Junta Nacional.

Del total de empleados, el 63% son profesionales y técnicos que intervienen de forma directa en la prestación de los servicios, el 17% personal administrativo y el 20%  personal de apoyo a los servicios.

El crecimiento de los servicios y los costos involucrados determinan cada año un aumentó en el presupuesto de operaciones. En los inicios de los servicios en el 1963 se operó con un presupuesto de 20,837 pesos, mientras el proyectado para el 2005 ascendió a RD$108.1 millones de pesos en el renglón de gastos y RD$98.2 millones en la partida de ingresos, para un déficit estimado en RD$9.9 millones.

El aporte de los usuarios  ha constituido el mayor porcentaje (40% a 50%) del financiamiento del presupuesto.  La segunda fuente significativa ha sido la subvención estatal a través de la asignación fija mensual y la designación de personal pagado por el Gobierno  a través de las secretarias de  Salud Pública y Educación.

Semblanza
Su nombre es María Altagracia, aunque todos la conocen como Doña Mary Pérez de Marranzini. El día de su nacimiento, su madre, sorprendida por la diminuta y frágil figura (poco menos de cinco libras)  la ofrendó a la Virgen de la Altagracia y en honor a una hermana muy querida que llevaba ese nombre. Desde pequeñita hasta la fecha de hoy, todos  la llaman cariñosamente “Mary”.

María Altagracia Pérez de Marrinzini nació en Santo Domingo, República Dominicana,  el 26 de septiembre de 1926, de la Unión de Celso Pérez, nativo de Asturias, España, y Carmen Pintado de Pérez, nativa de Puerto Rico, hija de españoles.

Unida en matrimonio con Constantino Marranzini (fallecido desde el 1993), procrea una familia de 4 hijos: Celso José (economista/industrial); Constantino (médico, fallecido en 1995); Alfredo (arquitecto), y Andrés (abogado), quienes la han convertido en una adorable y feliz abuela de 14 nietos.

Cursó sus estudios de nivel básico en el Colegio Santa Teresita (fundadora del colegio) y los estudios medios en la Escuela Normal de Señoritas. Es bachiller en filosofía y letras.

El Consejo Superior de la Masonería – Grado 33 –  le concedió la medalla de Oro al Mérito por alcanzar notas sobresalientes en sus  estudios secundarios. Realizó en el Instituto Dominicano Gregg   el secretariado ejecutivo bilingüe, en el año 1947.

Ha formado parte de la membresía de diferentes organismos locales e internacionales y  recibido tantas distinciones que necesitaría una enciclopedia   para detallar lugares y fechas. Su fructífero trabajo  le ha dado inmensas satisfacciones.

Zoom

Filiales

Centro  de Rehabilitación de Santo Domingo, Distrito Nacional (1963)

Filial de Puerto Plata (1969)

Filial de San Cristóbal (1974)

Filial San Pedro Macorís (1964)

 Filial de Baní (1976)

Filial de Santiago (1970)

Filial de Barahona (1978)

Filial de La Vega (1971)

Filial  San Juan Maguana (1975)

Filial de Bonao (1972)

Filial de San José de Ocoa (1984)

Filial San Francisco  Macorís (1978)

Filial de  Azua (1995)

Filial de Jarabacoa (1996) 

Filial de Sánchez (1997)

Filial Neiba (2003)

Filial Salcedo (2004) 

Noroeste  Filial  San Pedro  Macorís (1964)

Montecristi (2004)

Filial La Romana (1968)

Filial de El Seibo (1985)