Alberto Basilio, olvidado por todos

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Cuando terminó la Revolución de 1965, Isidra aconsejaba a su hijo Alberto Basilio que se fuera al exilio debido a las amenazas, los allanamientos y la fuerte persecución por su actuación en la contienda. “No, mamá, no soy cobarde, algún día ahorcan negros y nosotros seremos los verdugos”, respondía. A menos de dos años, militares balagueristas le tendieron una trampa y lo asesinaron junto al joven que conducía su vehículo. Al año y 21 días Isidra murió de tristeza.
Pese a la conmoción que causó este crimen, perpetrado la noche del 10 de mayo de 1967, este ejemplar revolucionario que se entregó a la lucha por la libertad y la justicia desde la tiranía de Trujillo, no se recuerda ni ha recibido homenajes póstumos.
De su vida familiar, social y humana hablan Carmen Perdomo Montes de Oca, la hija mayor, amiga y cómplice de esos tiempos de lucha que ocultaba la pistola de su padre durante los allanamientos, y que pasó por el duro trance de identificar el cadáver cuando lo mataron. Y su nieta, Betsabeth Dayanara Medina Perdomo. Dayanara envió un mensaje cuando leyó la crónica publicada en HOY, agradecida porque era la primera vez, desde 1967, que se escribía sobre ese abuelo que conoció por los heroicos testimonios que le contaba su abuela Prisca (Ramona) sobre el hombre que amó hasta más allá de la muerte.
Ella no se explica el olvido y tampoco entiende cómo habiendo sido él un alto funcionario del Ayuntamiento a su viuda le asignaron un trabajo de conserje después del asesinato, ni “por qué, siendo la persona que era, sus hijos prácticamente quedaron en la miseria”.
De él solo conservan el acta de matrimonio y una foto de su colegio, Fray Luis de León, que fundó en el ensanche La Fe. Porque la familia se dispersó.
Perfil.- Roberto Basilio nació en Santo Domingo el 21 de enero de 1929, hijo de Isidra Perdomo y Tomás Basilio. Pasó su infancia en Cristo Rey, donde le apodaron “Yen cabeza” por su innata inteligencia y gran cultura y la pronunciada parte superior de su cuerpo.
Vivían en la actual calle 45 de Cristo Rey, entonces sin nombre, y el muchacho se trasladaba a una acera cercana a la casa de Luis Amiama Tió en busca de luz para estudiar. En 1958 la familia se trasladó a la calle 29 esquina Francisco Villaespesa del ensanche La Fe donde él instaló su colegio de enseñanza primaria y comercial. Carmen recuerda entre los maestros a Milán Suero Carrasco y al “profesor Berjal”.
Ingresó a la Universidad a estudiar derecho y como en esa época los pobres no tenían acceso a educación superior, los compañeros lo marginaban a pesar de que Isidra “le almidonaba y planchaba sus trajes con planchitas de carbón”. Pero lo admiraron y buscaron cuando descubrieron su talento.
Antes de graduarse comenzó a representar a los sin recursos para buscar abogado “y a veces se aparecía con un saco de plátanos como pago”, refiere Carmen. “Yo lo defendí y me pagaron con eso”, decía. “Iba mucho al juzgado de la Pedro Livio Cedeño”.
El 31 de octubre de 1947 Roberto, de 19 años, casó con Prisca Montes de Oca, de 18. Procrearon a Roberto Jeremías, Carmen y Julio Amado Perdomo Montes de Oca. De su unión con Olga Beltrán son Fabiola y Roberto Natanael Harris.
“Papá era alegre, cariñoso, le gustaba la música clásica, el baile, el whisky con “ginger”, los cigarrillos Hollywood y Camel. Fue muy bueno, en ese tiempo yo era la única hembra. Nos adorábamos”, manifiesta Carmen, quien lo recuerda “de tez clara, alto, bien parecido, elegante. Vestía siempre de traje, le gustaba mucho el blanco, era muy culto y leía en voz alta”.
Asesinato.- “Era perseguido desde la Era de Trujillo y cuando ajusticiaron al dictador nos allanaron los paleros”, afirma Carmen quien destaca su sensibilidad social poniendo también como ejemplo el buen trato que daba a los presos cuando fue alcalde de la cárcel La Victoria. Pero renunció porque le tendieron una emboscada de la que se enteró Isidra y él salvó su vida.
Militó poco tiempo en la Unión Cívica Nacional y pasó al PRD donde estuvo hasta la trágica muerte. Las damas recuerdan a José Francisco Peña Gómez, Jacobo Majluta, Hatuey Decamps, Tonty Rutinel como sus amigos. Peña fue a su entierro y al cumplirse un año de su muerte lo recordó en Tribuna Democrática. “Siempre lo reconocía y lo mencionaba en sus discursos”.
Una noche, Roberto Basilio hablaba de política en la vivienda de Villas Agrícolas que compartía con Crisca y ella le pidió silencio porque al lado vivía un policía. Él no volvió más al hogar y la esposa cambió de domicilio. Días después, “Juana Veras, casada con Roberto Jeremía, oyó por radio que habían matado a su suegro y fue donde Prisca a darle la noticia”. Ella mandó a “Carmencita” a investigar.
“Se había regado como pólvora, me dijeron que estaba en el Seguro (hospital Gautier) y fui directo. Él era fuerte, estaba boca arriba, lleno de sangre, con muchos disparos en la cara… Tuvieron que sacarme de ahí, para mí eso fue terrible. Lo mandó a matar Balaguer”.
Esclarece que no fueron balazos por la espalda, que quien salió del vehículo fue el chofer. “A papá lo mataron dentro”. Alguien dijo al profesor que una persona quería verlo en determinado lugar. “Fue otra emboscada, pero de esta no escapó”,
La calle.- Nunca se designó una calle con su nombre aunque el Ayuntamiento del Distrito Nacional le asignó la 29 del ensanche La Fe. Sin embargo, esta es la “14 de Junio”. A la familia le comentaron que tenía otra en Villas Agrícolas pero no se localizó. La memoria del mártir sigue sepultada.
A través de los años me pregunto: ¿Por qué nunca han escrito su historia? He buscado en páginas de historia dominicana, en Internet, y nada”, expresa Dayanara, y agrega: “Ese crimen pasó y ahí se quedó”.
Significa que después de la Revolución, donde combatió Roberto Basilio, “muchos viejos robles del PRD se fueron del país para evitar la persecución y él se quedó a luchar por sus ideales”.


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