ALERTA. Alexis Gómez Rosa visto al través de Máquina Olandera y Otras Olas de Lava & Lanman, III

Juan Freddy Armando.
Juan Freddy Armando.

LOGROS DE CONTENIDO:

Abordemos ahora el contenido del libro propiamente dicho, aunque antes hemos aludido a él de manera indirecta. Empecemos diciendo que en realidad, el contenido en una pieza literaria es parte de la forma. Pues en una obra de arte lo principal es la forma, es toda forma. Pero de la forma, -tal como hemos escrito antes- el principal elemento es el fondo. Son los huracanes emocionales que han impulsado el estro poético, que han calentado el alma; la cual necesita enfriarse desatándose, expulsando hecho letras su veneno, demonio o cura, su golpe o caricia, en la página o pantalla en blanco que compartirá con el lector.

Lo primero: dramático al estilo inglés.
De entrada encontramos enseguida el principal aspecto de contenido en el libro. Lo que el prologuista Armando Almánzar Botello llama el británico decir. O sea, el carácter dramático, directo y crudo que caracteriza a las poesías inglesa y norteamericana. Obviando esa miríada de metáforas, giros retóricos, adjetivos, etc. que ha caracterizado a la tradición española, y asumiendo la británica y estadounidense forma de escribir, en las que lo principal no son las palabras sino el drama humano, lo desgarrador, el temblor ético, la impronta emocional, o el humor ácido que conmocionó al bardo. Porque en esa poética, las palabras, el ritmo, los recursos de forma no son la meta sino el camino, la vía y no el destino.

Es lo que vemos en Byron, Pound, Whitman, Blake, Emily Dickinson, Keats, Edgar Lee Masters, Shelley,William Carlos William, Coleridge, Ginsberg. Y en esa línea alcanza Alexis los más excelsos poemas del libro: Alabanza de los Días Porvenir, Compadres, Blanquiní, Denominación de Origen, Trofeo, Paranoia del que Delira, Superlativo de Carne y Hueso, Zize Equivocado, hasta culminar en los más maravillosos textos del libro, dignos de antología, como son los titulados: La Grande, Talismán de Amor Superlativo, Camino Abajo, La Silla, Monotemática que no Admite Desviación, Cubismo,Tela por Donde Cortar, Cabotaje, Autorretrato por Carambola, Comic, Calenturienta, Marea Baja, Derriengue, Watashi.

Segundo: estructura narrativa.
Nunca olvido que en los años 80 se impuso entre nuestros poetas jóvenes la literatura de los retruécanos formales, de una forzada brevedad y huida tanto al poema largo como al narrar en el ejercicio poético. Craso error, puesto que la gran poesía universal, la de los grandes clásicos, esa que no podemos olvidar, la condenada a permanecer en la memoria humana para siempre, implica un ejercicio narrativo, a menudo extenso. Y de hecho, los países que han logrado los más altos momentos en la poesía lo han hecho con textos narrativos y dilatados. Empezando por la épica de la India –El Mahabharata y El Ramayana- y Grecia –La Ilíada y La Odisea-, el romancero español, la gauchesca milonga pampeana de Argentina. Lo mismo que hizo en lo individual el genio de Rubén Darío, con piezas de altísima creatividad como su A Rossevelt o los Motivos del Lobo; o el de RobertFrost, en su pieza maestra Camino no Elegido.

(Aquí abro un gran paréntesis para detenerme un momento y decirles lo siguiente: Posiblemente ese gigante de nosotros que fue Manuel del Cabral empezó su poetizar con ese tipo de verso narrativo-popular-culto-barriesco, a tal punto que su primer libro tiene el nombre de un instrumento bien campesino: Pilón, ese mismo con el que majábamos arroz en el campo. Sucede que él -luego de ciertas lecturas y diálogos con algunos escritores elitistas- parece haber despreciado esa poesía, y a eso le atribuyo que en su Obra Poética Completa, editada por Taller en vida del bardo, no se incluyera ese maravilloso librito, donde está la raíz de lo que sería su mayor poema, en un poemita glorioso llamado Concho Primo.Conjeturo que cambió su visión al irse a Argentina y descubrir allí que los grandes poetas de ese país escribían milongas, tangos, vidalitas y otras composiciones populares inspiradas en la rica poesía gauchesca. A tal punto que el principal poema de esa excelente literatura es Martín Fierro, pieza de estilo popular que narra la vida de un matón, racista, aventurero (lo que nosotros llamaríamos un tíguere gallo, un mañoso), y sus maldades. Esto hace a nuestro vate retornar a la valorización del personaje común aldeano y escribir su excelsa y extensa obra titulada Compadre Mon. Pero en nuestro país tenemos otro ejemplo: el mayor poema de la historia literaria dominicana –y para mí uno de los poemas mayores de la humanidad- es Yelidá, de Tomás Hernández Franco, narrativo al mejor estilo de los ingleses. Émulo y superación de aquella maravilla de Coleridge titulada Balada del viejo marinero). Excúsenme la disgresión de este largo parentesis).

Alexis Gómez, en esta Máquina olandera ha asumido el poema narrativo con dominio pleno, asumiendo lo dicho por el maestro porteño, en el sentido de que “felizmente, no nos debemos a una sola tradición; podemos aspirar a todas”. Por ello también nuestro poeta ha bebido de la fuente poética bengalí de Rabindranath Tagore, abrevado en la cátedra de Matsuo Basho, Masaoka Shiki y otros grandes del haikú japonés, así como a través de sus constantes lecturas ha libado el exquisito vino verbal de las francesas y alemanas copas.

Los resultados han sido estos aportes a la literatura dominicana y latinoamericana.

Tercero: Las autoalusiones.
Nos parecen sumamente interesantes, por la fuerza y verosimilitud que dan a lo contado, a lo poetizado: la imbricación del poeta en sus poemas. Generalmente la gente piensa que todo lo que un poeta escribe le ha ocurrido a él, de una forma u otra. Pero muchos logran alejar esa presunción lo más posible, y nos hacen sentir que son experiencias del mundo recogidas por ellos.
De hecho, el poeta, al igual que el narrador de novelas o cuentos, es un personaje de su obra; la cual no necesariamente coincide demasiado con la vida del escritor cuando se aleja de su escritorio y entra en su normal discurrir en la calle, comprando en el Barrio Chino, como hemos visto a Alexis Gómez, o degustando una buena conversación mezclada con café o chocolate en el Palacio

de la Ezquizofrenia.
Ello así, porque aunque mucha gente no llega todavía a convencerse, la poesía es un género de ficción, tan de ficción como el ensayo, novela o cuento. Ya lo dijo el genio de Fernando Pessoa en uno de los heterónimos con que jugaba a ser varios bardos al mismo tiempo: “El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente…”.

Alexis Gómez no huye de identificarse con el personaje poético que crean sus versos sino que incluso, al escoger la voz de la primera persona para todos sus poemas, lo hace con una intensidad e identificación tan fuerte, que en cada situación vemos al poeta en cuerpo y alma metido en la buhardilla de la jovencita que lo cubea o en la calle donde mira un trasero femenino que lo impresiona, o casi ahogado bajo el cuerpo de La grande, su excelente poema del mismo título. Es que, como dice Anthony Ríos, ese gran compositor nuestro, lo que se escribe son pedazos de nuestra vida.

EN LA PRÓXIMA ENTREGA

Continuaremos analizando el contenido de este valioso libro del poeta Johnny Alexis Gómez


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