ALERTA: lo que nunca se ha hecho con la Feria del Libro de Santo Domingo

Juan Freddy Armando.
Juan Freddy Armando.

La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo es el acontecimiento cultural más relevante de nuestro país desde hace muchos años. Al principio fue una sencilla Exposición de Libros en un salón del Banco Central, encabezado por don Julio Desiderio Postigo. Se transformó en Feria Nacional del Libro, con don Raimundo Amaro Guzmán. Luego, en un festival cultural con todas las artes alrededor del libro, al hacerse Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, con don José Rafael Lantigua. Ahora, don Pedro Vergés la ha concentrado fundamentalmente en el libro.

Quiero evaluar este valioso evento en diversos aspectos.

Empecemos por la época del año en que se celebra: abril-mayo. Hace un tiempo, sugerí se cambiara su fecha de realización debido a que la de los últimos días de abril y los primeros de mayo son de calor y aguaceros que reducen la presencia de personas en la misma. Debía celebrarse en octubre o noviembre, meses con menos calor y lluvias, y además, al ser cercano al fin del año la gente puede tener más dinero, pues se acercan las bonificaciones y el doble sueldo navideño.

Veamos ahora el tema de si debe hacerse con más o menos actividades,  y si deben hacerse solo las relacionadas directamente con el libro o con presencia de otras manifestaciones culturales.

El actual Ministro de Cultura, Dr. Pedro Vergés ha dicho varias veces que la Feria no debía tener tantas actividades como tenía antes de estar bajo su dirección. Argumentaba que no debía ser así porque había visto que muchas de estas actividades carecían de la cantidad necesaria de público. Dijo que las ha reducido en más de dos terceras partes. No obstante, precisamente en la ocasión en que lo escuché decir eso -la puesta en circulación de los cuentos y poemas de René del Risco, el autor a quien se dedicó la Feria- había muy poca gente en la Sala Aída Bonnelly en que se hizo dicho acto.

Me parece que la cantidad de actividades no es el problema principal de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. Lo que esencial es responderse algunas preguntas que ya yo me hacía y sugería que se hiciesen en tiempos anteriores en que otros Ministros de Cultura dirigieron la Feria. Las respuestas a esas preguntas nos permitirían encontrar el punto de apoyo que pedía Arquímedes para mover el mundo, pues nos darían el diagnóstico que facilita la cura.

 

Veamos algunas de esas preguntas:

  1. ¿Cuáles son los objetivos de la Feria del Libro?
  2. ¿Con qué método y acciones podríamos alcanzarlos?
  3. ¿Se ha hecho una investigación de mercado que determine qué ha habido antes y qué ha modificado la celebración de las Ferias del Libro a propósito de una lista prioritaria de metas a alcanzar?
  4. ¿Qué ferias del libro u otras actividades del mundo podrían ser nuestros modelos que podamos emular –téngase bien claro que no digo imitar- y servirían como referencias para la nuestra, analizando la naturaleza, recursos, métodos y resultados en las mismas?

 

Respondiendo a esto sabremos qué camino escoger para próximas ferias del libro. Principalmente deben hacerse investigaciones de mercado serias, científicas, con buenos cuestionarios, bien seleccionado el universo y establecidos los referentes cuantitativos y cualitativos que aseguren la obtención de una data clara y precisa de las reacciones del target principal de las ferias del libro: la juventud y los demás segmentos sociales como objetivos secundarios.

El análisis de los datos que suministren esos estudios nos dirá todo lo que hay que hacer.

Porque establecerá los factores que favorecieron el aumento de los lectores, la venta de libros, el acercamiento al conocimiento y la creación, qué elementos motivaron y cuáles desmotivaron a los que visitaron la Feria, qué hizo a algunos no interesarse en visitarla, qué los motivaría o llamaría más su atención, o les llamó menos, qué le modificarían a la más reciente, qué le gustó y qué no de la última y de las anteriores.

Esas respuestas servirían a los estrategas del Ministerio de Cultura para saber qué camino tomar, qué retomar y qué rechazar de las ferias anteriores, y hacerlo no al azar, no por capricho, conjetura o imaginación de este o aquel funcionario, directivo o empleado. Hacerlo sobre bases científicas, fundamentados en el estudio psicométrico de las reacciones del público meta.

Y, claro, esto ha de ejecutarse al estilo inglés: comenzando con números y terminando con números. Vale decir, que el Ministerio de Cultura haga una investigación de mercado que permita la cuantificación y cualificación de lectores, editoras, profesores, estudiantes, hombres y mujeres de diversos oficios; saber cuántos y cuáles están interesados en los libros y la lectura, para aplicar esa información a la próxima Feria.

Luego de terminada esa Feria, hacer otra investigación que determine en qué grado y forma la misma modificó el interés en la lectura en las mentes de la población. La medida en que se haya cambiado ese panorama da el alcance del éxito o fracaso del evento. Porque el estudio pre-feria es el diagnóstico que informa al facultativo el estado de salud del paciente-lector potencial; el estudio post-feria es el nuevo diagnóstico que informa el cambio, nivel de cura o mejoría del paciente-lector real logrado.

Voy más allá. No solo la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo debe ser sometida a investigaciones de mercado que determinen cómo es recibida por el público sino todos los estamentos y actividades del Ministerio de Cultura, como modo de asegurarnos que las sumas a invertir en esas entidades y acciones no serán en vano, puesto que determinará precisamente dónde y cómo ejecutar el presupuesto de forma efectiva, eficiente y eficaz.

Porque, verbigracia, ¿sabe alguien actualmente si es rentable para el pueblo dominicano el dinero que se invierte en el Museo de Arte Moderno, el Museo del Hombre Dominicano, la Biblioteca Nacional, el Teatro Nacional, el Palacio de Bellas Artes? Nadie lo sabe, porque, que yo sepa, nunca se ha medido cuántas personas visitan esas entidades diariamente, qué obtienen allí, cómo les gustaría estuvieran.

¿Se ha investigado en qué medida, respectivamente, han influido en el interés del pueblo dominicano por las artes visuales, nuestra identidad, la lectura de autores nacionales, el interés en la música clásica y popular o el teatro? ¿Cuáles beneficios para el desarrollo de la cultura dominicana rinden esas entidades, de modo que se justifique la energía eléctrica, agua, salarios, que se consumen en ellas? Es necesario hacer estudios que expliquen la rentabilidad de su existencia, mantenimiento y funcionamiento.

Al mismo tiempo, debe pedirse a cada director que se nombre en esas entidades que, a los tres o cuatro meses de estar ejerciendo sus funciones, presente un plan de desarrollo de las mismas, con presupuesto, enfoque, estrategias y tácticas que permitan saber que conoce su trabajo, y por tanto hará un verdadero mejoramiento la entidad, acorde con un plan estratégico general del Ministerio de Cultura, y así podrá medirse el impacto que causará en el público meta de dichas dependencias.

De este modo, a los dineros del pueblo estaría sacándoseles la máxima rentabilidad cultural, y estarían dirigidos al objetivo que ha de buscar el Ministerio para no fallar. Así les daría al Gobierno en general y a los ministerios en particular un buen ejemplo del manejo correcto de sus inversiones, las cuales no solo deben ser honestas sino también fructíferas.


COMENTARIOS