Alerta oportuna para este país

En la sociedad dominicana prima la razonable actitud de negarse a cargar con los problemas de Haití, recibiendo en solitario todo el peso de lo fallido que allí reina. Ya en los hechos y desde viejo, a veces por desidia propia, vienen a parar aquí los frutos de la mucha pobreza y atraso de allende la frontera. El ingreso masivo e irregular de haitianos lleva a compartir con ellos una parte de la actividad económica, atenciones de salud y acceso a otros servicios públicos ejerciéndose una presión gravosa que complica la solución a problemas nacionales. En medio de este panorama nubloso, sobrevendría lo peor por la extinción en aquel lado de fuentes de agua para consumo humano.

El vaticinio del ministro de Medio Ambiente, Francisco Domínguez Brito, sobre el efecto casi devastador que en diez años tendrían las sequías en Haití, encaminado a quedar sin agua, merece la mayor atención. Se prevé que una crisis de subsistencia de tal magnitud derivaría en violencia y mayores flujos migratorios hacia República Dominicana. El pronóstico de Domínguez Brito cobra verosimilitud con ribetes trágicos por tratarse de dos naciones de agudas diferencias políticas, culturales, idiomáticas, de niveles de desarrollo y de cursos históricos compartiendo una misma isla. No proponerse desde ya soluciones ambientales que trasciendan la frontera, en favor de unos y otros, tendría las peores consecuencias para este lado del territorio.

Acorralados en males de tránsito

Sus efectos se miden en vidas humanas que se pierden, daños materiales y secuelas de invalidez en adultos en la etapa productiva. De duelo y pesar para la sociedad. Los accidentes de tránsito figuran entre las primeras causas de desgracias en el país y en elevados índices mundiales. Con los motociclistas en la mayor proporción. 62% de muertes.

Una carrera de tragedias y lesiones que puede medirse también en lo económico. Le cuestan al fisco miles de millones de pesos al año en atender víctimas en hospitales. En alguna medida acarrean cuantiosos gastos por la asistencia privada para muchos afectados, más el resultado que sobre lo patrimonial conlleva a familias y empresas la ausencia temporal, prolongada o definitiva de integrantes. La incapacidad o insuficiencia para manejar la epidemia están saliendo demasiado caras.