ALERTA. Poses y pozos en la amarga memoria de mis literatos tristes, I

Juan Freddy Armando.
Juan Freddy Armando.

El título de esta serie de artículos es, evidentemente, una paráfrasis del de una divertida novelita menor del genio de la narrativa Gabriel García Márquez.

Hay autores que dicen crear en medio del dolor, lacerándose, extrayendo letras como cuajarones de sangre, palabras semejantes a huesos que entrechocan y amenazan con caer y dispersarse, verbos cual cuchillos con los que se zahieren como si sufrir fuese su oficio, con sustantivos enfocados al lado agrio del mundo, artículos hirientes, preposiciones venenosas, complementos de la disfuncionalidad del ser, directos a silicios que aprietan para herir, indirectos que laceran, sintaxis a ritmo de pesar, oraciones que estructuran la disolución personal, sujeto omitido, tácito, supuesto, elíptico, cual sufridos usuarios de la lengua. Escriben haciendo el papel de depresivos verbales, y tal vez reales.

Este tipo de literato, que cree que solo así debe trabajarse tiene tres causales que lo llevan a ese baño de lágrimas literarias, altar de sacrificio en el que es toro de la virgen o toro griego que se desangra para que los lectores con demonios similares beban y vivan en rito silencioso de héroes muertos, profetas heridos, pueblos hambrientos.

En estos artículos desmenuzaremos estas tres causales.

PRIMER DIAGNÓSTICO: PSUDOENFERMOS ENFERMANTES

Una posible causa del fenómeno analizado es el hecho de que el escritor intuitiva o conscientemente sabe que al ser humano lo atrae más lo triste, y que tirarse a muerto, aparecer adolorido genera un gran interés en el lector. Por ello, se convierte en una especie de actor verbal que vende su drama creativo, su pesar a diestra y siniestra, angustia a los cuatro vientos, en el proscenio blanco de la página electrónica o física buscando conmover con su obra de palabras.

Logra conmover, sacar de quicio y hasta alcanzar el paroxismo en quienes creen que el creador se siente tan amargado por dentro como la pose que por fuera ilustra, sin darse cuenta de que una cosa son las palabras con las que ha dibujado un personaje armado por los dedos, el inconsciente automático o semiautomático, ignorando el lector que el escritor ha creado un personaje, porque su vida no es tan depresiva como aparece en el texto.

El ingenio bien empleado hace arder la imaginación del lector en las llamas de azufre del infierno creado. Como diría el compositor Amaury Pérez, lo hace venir a la agonía lacerante al punto que el deseo lo quiere hervir, porque ansía compartir ese pesar, se deja seducir pues también él quiere ser un indignado ante la vida y la sociedad ante la que mata a quien hace los textos con cuchillos de veneno llenándolo de resentimiento fingido con el que el creador lo envuelve.

A ciertas mentes débiles y predispuestas al sufrir, puede acercarlas incluso al suicidio, porque de tal fuerza es la ficción que ha dado a su hijo unigénito, el teatral creador de pose para que todo aquel que en él crea no se salve sino que alcance la vida eterna en la amargura que le comunica este profesional del dolor, maestro de la tristeza, doctor de angustia, catedrático de la pena en la universidad de las palabras con las que está construido el actor-escritor que posa para hacer pensar que está en un pozo infernal a cuya orilla está el lector mirándolo ansioso por lanzarse para ser también héroe del dolor como el que posa para él.

DOS EJEMPLOS: NERUDA Y MIESES BURGOS

No es negativo ni pecaminoso que un escritor maneje esta actitud, pues es parte del teatro de la vida, en el que inevitablemente todos hacemos diversos roles. El autor crea siempre de alguna manera un personaje que no necesariamente coincide con el de su vida real y cotidiana. Ese no es el que anda por las calles, sino que al momento del éxtasis verbal está compelido, quiera o no, a ser otro.

En general, el ser humano es, como bien establecieron los griegos, una máscara, que eso significa la palabra persona. De modo que no es extraño que el autor haga ese papel ante el lector.
Uno que da la imagen de amargura es Pablo Neruda, excelente poeta en cuya obra la tristeza corre como un hilo conductor. No es tanto como en los románticos que lo anteceden (Byron, Hugo, Becquer) y de quienes heredó esa actitud de protesta ansiosa y angustiada frente a las injusticias sociales.

Sus cantos a los pueblos del mundo son vistos desde una perspectiva de lo angustioso, y rara vez se muestra alegre. El Canto General, que es la obra más emblemática en este sentido, canta el sufrimiento de los pueblos del mundo, y muy especialmente de América Latina. Incluso lo que viene siendo su arte poética, su idea de por qué escribe y qué lo inspira está dada en su poema Oda a la Poesía, donde muestra esa visión de lo doloroso, que era su pasión como creador.
Igual sucede con su literatura sobre amores íntimos con mujeres, empezando por los 20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada. Está lleno de amargor que continuó en otros libros de lírica amorosa, como Versos del Capitán o Memorial de Isla Negra.

¿Por qué lo considero una pose? Porque si examinamos su vivir diario nos damos cuenta de que disfrutó plenamente de su vida, que no fue así, sino alegre, tal como lo confiesa en sus memorias titulada precisamente Confieso Que He Vivido, que es sinónimo de Confieso que he gozado.
Un caso parecido, aunque con otras formas creativas y visión del mundo, es el del excelente poeta dominicano Franklin Mieses Burgos. Podemos verlo en toda su poesía, metafísica o amorosa, social o personal. Paisaje con un Merengue al Fondo rezuma la tristeza y admiración de características y costumbres que dan la identidad de nuestro pueblo, a pesar de que mantiene en todo el texto una cierta crítica sutil hacia las mismas.

Elegía por la Muerte de Tomás Sandoval, Esta Canción Estaba Tirada por el Suelo, y otros textos emblemáticos suyos cargan esta depresión sempiterna. Solo conozco un poema suyo que se sale de esa atmósfera: su exquisito Tienda de Fantasía, el único texto alegre de su autoría que recuerdo.

OTROS TIPOS DE DIAGNÓSTICOS

En los próximos artículos de esta serie, analizaré otros tipos de creadores vistos desde la óptica de su actitud de vida en relación a las tomadas en la construcción de ese personaje que crean los literatos, y que es quien redacta sus obras.
Como hemos dicho antes, el que vive no es necesariamente el que escribe.