ALERTA: ¿Qué hacer para salvar creaciones artísticas en riesgo de extinción?

Juan Freddy Armando.
Juan Freddy Armando.

Un buen número de políticos y planificadores económicos conciben cultura y arte desligados del comercio. Especialmente muchos creadores tienen esta equivocada idea. Al decirles que el producto artístico es una mercancía, se escandalizan. Idean sus obras pensando solo en la inspiración estética, la cual, a su juicio, se desnaturaliza y pierde su libertad creadora al mezclarse con las ventas. Quieren sacar a los mercaderes de su excelso templo.

Pero resulta que sin comercialización, el arte tiende a desaparecer. Por ejemplo, en nuestro país hay únicamente dos géneros musicales con su vida garantizada en el tiempo: merengue y bachata. Debido a que son productos vendibles, con un target o blanco de público interesado en disfrutar sus ritmos, melodías, letras y danzas.

Su existencia y desarrollo se debe a que con ellas se gana dinero. Son promovidas como rones, detergentes, leches o ropas, aplicándoles el marketing mix: vendedores, promoción, puntos de venta, publicidad, distribución, estudios de mercado, etc. con planes para asegurarse una parte del pastel de mercado frente a competidores.

Debido a esto, inevitablemente, cada artista bachatero o merenguero necesita tomar en cuenta la psicología de su público, renovarse con cierta frecuencia, reinventarse, ofrecer versiones cada vez más frescas y entretenidas, amenas y modernas, atractivas y seductoras, para ganar consumidores. Están obligados a mezclarse con empresas que invierten en arte y artista, lanzamiento y mantenimiento de su imagen y mercancías.

De aquí salen marcas-personas y creaciones-productos que compiten por el gusto popular: Juan Luis Guerra, Wilfrido Vargas, Romeo Santos, Luis Vargas, Milly Quezada, Fernando Villalona, Anthony Ríos, Miriam Cruz, Eddy Herrera, y otros muchos, cuya “pegada” o éxito es resultado del mercadeo interno e internacional de esos dos géneros musicales.

¿Tienen la mangulina, carabiné, pambiche, sarandunga, palos, priprí, salves, su vida y continuidad garantizada? Evidentemente, no. Están en alto peligro de extinguirse por siempre en el imaginario de la gente. Son pacientes culturales en emergencia, graves, sin medicamentos, médicos, enfermeras ni centros de salud. Representan un reto para los ministerios de Educación y Cultura, así como otras instituciones estatales y privadas. Debe priorizarse el impulso de esas músicas, e incluirlas en los planes de desarrollo. Sobre todo este último ministerio, como garante de nuestras creaciones, debe incluirlas en los planes de desarrollo de la nación, de la marca-país dominicana.

A este respecto, desde nuestra condición de Gerente de Cultura del Banco de Reservas, hacemos nuestra parte. Desarrollamos programas de atención a esos ritmos. Desde hace unos años, ofrecemos gratuitamente los Cursos ENSEÑANDO A BAILAR Y TOCAR MÚSICAS Y DANZAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN, dirigidos a estudiantes, profesores y público en general. Es un esfuerzo desesperado para evitar que esos bienes intangibles nacionales desaparezcan del pensamiento y sentimiento colectivos. Contratamos a instructores que enseñan: historia y origen de esas músicas, sus principales compositores y piezas emblemáticas, como se tocan danzan o bailan, y con cuáles instrumentos se interpretan.

Ahora, hemos propuesto que esos Cursos capaciten a maestros para la tanda extendida del Ministerio de Educación. Es decir, impartirlos a profesores de asignaturas artísticas, a fin de que se conviertan en multiplicadores y las enseñen a los jóvenes estudiantes, para garantizar la permanencia de estos géneros musicales. Conversamos con el Lic. Andrés de las Mercedes, director del Instituto de Formación de Maestros (INAFOCAM), quien enseguida comprendió la importancia de nuestra propuesta,  y el peligro que corren esos ritmos. Ahora estamos en proceso previo a la realización de los mismos.

Pero, ¿qué debe hacer el Ministerio de Cultura en este sentido? 1. Darles prioridad en Premio Anual de Música, para estimular a nuestros compositores a crear nuevas piezas de esos géneros. 2. Organizar otros concursos y festivales de las mismas, para recordar, renovar y actualizar su formas musicales y danzarias.  3. Trabajar con la Corporación Estatal de Radio y Televisión -CERTV- y así dinamizar su difusión. 4. Dar incentivos a otras emisoras dominicanas para desarrollen programas de radio y televisión con esos ritmos. 5. Organizar y financiar congresos, seminarios, conferencias, debates. 6. Crear una Dirección de Investigaciones que realice cursos, estudios, descensos, análisis, entrevistas sobre este y otros temas de los que salgan textos y especialistas orientadores. 7. Motivar a las universidades y escuelas de música a incluir estos géneros entre los temas de tesis de los estudiantes. 8. Contactar a las industrias musicales y darles incentivos para que promuevan estas músicas.

De realizarse lo sugerido, cobrarán tal impulso tal que dejarán de permanecer en el olvido, enriquecerán sus formas y contenidos, se harán experimentos creativos, fusiones con otros ritmos nuevos y viejos, nacionales y extranjeros. Así se garantizará su vida y permanencia de estos tesoros de nuestro pueblo.

Esas acciones deben formar parte de la Estrategia Nacional de Desarrollo, con participación de distintas entidades estatales: Ministerio de Turismo, el cual podría vender estas músicas como parte de nuestra marca-país; de Relaciones Exteriores, creando en las embajadas un espacio que sea biblioteca y salón de actos, donde nuestros agregados culturales promoverán nuestros valores en alianza con entidades de esos países; de Industria y Comercio,  la cual en su condición de promotor y regulador de los mercados puede mercadearlas; Educación, Ciencia y Tecnología, con incentivos a la organización de postgrados sobre ese y otros temas.

Ello constituiría un plan de preservación para lograr que esos géneros alcancen la más alta de las 6 etapas del proceso de todo elemento cultural: hacerse mercancía. En total esas etapas son: 1) invención, 2) investigación, 3) descubrimiento, 4) preservación, 5) difusión y 6) comercialización.

Un proyecto parecido puede hacerse con nuestras artes visuales y literarias. Estados Unidos, Francia, España, Gran Bretaña, Alemania, Italia y otras naciones promueven internacionalmente el arte propio. De ahí el éxito de sus artistas, quienes venden sus ampliamente obras a buenos precios. ¿Cómo lo han logrado? Tal vez sin un plan concreto y específico, por ser países industrializados, con dominio del mercado mundial. Quizás no requieran un plan, pues sus creadores son impulsados de forma natural y espontánea junto a su prestigio tradicional de siglos como marcas-países líderes en cultura.

Pero República Dominicana, por no tener esos recursos, esa imagen corporativa, está obligada a hacerlo desarrollando planes de promoción de nuestros artistas: escritores, pintores, escultores, cineastas, bailarines, artesanos y otros, hasta obtener una imagen de nación culta. Solo se logrará si políticos y planificadores estatales cambian su idea del arte. El presupuesto de Cultura, más que verse como una ayuda a unos soñadores, sea una inversión para coadyuvar a garantizar una vida digna a los agentes y creadores culturales, y muestre el interés de preservar y desarrollar nuestro arte, focalizándolo como fuente de ganancia espiritual y material. Así se multiplicaría la cantidad de aproximadamente 1.5% que -según informe del Banco Central- actualmente aportan las industrias culturales al Producto Interno Bruto dominicano.

Lo más importante que obtendremos con todo lo sugerido es evitar se pierdan en el olvido colectivo e histórico creaciones han costado años de esfuerzo a nuestro pueblo, como son mangulina, carabiné, pambiche, sarandunga, palos, priprí, salves. Dedicarnos a lo que hace años debimos hacer: desarrollarlas hasta hacerlas mercancías comerciales que fortalezcan nuestra economía.

 


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