ALERTA. Visión crítica de los poemas de René del Risco Bermúdez, VI

Juan Freddy Armando.
Juan Freddy Armando.

MUJER, CIUDAD Y MUERTE

Al hurgar con meticuloso detalle en los textos de un poeta, conocemos mucho de su pensamiento, vida, obsesiones, sueños, etc. porque cuando el bardo escribe lo hace leyendo en ese oscuro territorio interior que es el inconsciente. Allí se halla el verdadero ser de las personas, y sale momentos de sueños, profunda pena, ruda rabia o dominado por el alcohol u otras sustancias o cuando se realiza una obra de arte.

Analizamos en el artículo anterior la obsesión de Del Risco Bermúdez por la amargura, el dolor existencial. Ahora veremos las otras tres obsesiones mencionadas.

La mujer.
“Es hermoso ahora besar la espalda de la esposa,
la muchacha vistiéndose en un edificio cercano”.

Evidentemente, el primer verso tiene su toque erótico e incitación al amor marital,
quizás como preámbulo de una relación sexual. Y el segundo es todavía más tentador, porque alude al placer de ver desnuda a una joven, que probablemente no es la nuestra.

Estas dos escenas son un símbolo de lo femenino, que aparece en toda la obra de nuestro autor, ya sea en cuentos o poemas. Desde el principio del libro, vemos que la mujer es presentada de diversas maneras y distintos nombres. Puede llamarse “Vicky, Luisa, Aura, Rosa, no importa”, como indica en la dedicatoria. Después surgen los nombres de Belisa, Eurídice, Amancia.

En el textoLa ciudad, se colocan intercaladamente escenas eróticas alusivas a los senos que se marcan con el viento, párpados hermosamente amoratados, piernas bellas, pieles suaves y caderas que se mueven con la risa. En su piezaHan Empezado, escribe:
“La mujer, en la ciudad,
empieza el día semidesnuda cantando”.

En el mundo donde se desenvolvió Del Risco Bermúdez -televisión, publicitarias, grupos de jóvenes músicos, escritores, pintores- es muy proclive a que aparezcan hermosas e incitantes féminas que quieren compartir romances con hombres como René: bien parecidos, inteligentes, cultos, famosos, con ocurrencias fuera de lo común, y cierto nivel socio-económico que les permita llenar sus sueños y ansias de una dolce vitae. Por ello, él, que fue siempre joven -porque murió con apenas 35 años de edad- estuvo tentado a enamorarse probablemente de muchas, y esas vivencias están en sus versos.

El amor del poeta no es del hombre romántico que fija su mente en una pareja para la eternidad, o sufre por no ser correspondido; o regala flores, brinda helados, ofrece villas y castillas. No. Es amor sensual, material, de piel con piel, de caricias, roces y pasión vivencial en el ahora y aquí, como podemos ver en su poema La Mañana:
“…la voz de una mujer
que ofrecerá su cuello
o su amistad…”.

También en su texto titulado Si he Llegado a tus Manos.
Pero su noción de lo femenino es no solo desde el punto de vista erótico. También está su dolor ante los abusos cometidos por los hombres cuando las engañan, golpean, asesinan psicológica o físicamente. Eso lo vemos enEsta Dulce Mujer, uno de los mejores:
“…la asesinan por las mañanas
con canciones y llamadas telefónicas,
y ella se pone un prendedor
porque no sabe de su muerte…”.

La ciudad.
Sobre la vida del autor, gravitan cuatro ciudades: su San Pedro de Macorís natal, donde ambientamuchos de sus cuentos, y muy especialmente el emblemáticoAhora que Vuelvo, Ton; Santurce y Juan de Puerto Rico, que también aparece en algunos cuentos; y Santo Domingo, la urbe apasionada que luce ser la más aludida en sus versos, ya que allí escribió la mayoría de ellos.
¿Cómo visualiza esta poesía los centros urbanos?
“…otros hay que destapan botellas,
o buscan entretenidamente alguna dirección,
una calle, una casa pintada de verde
con balcones hacia el mar…”.

La Capital dominicana, lugar donde se produjo la Guerra de Abril, pasa más tarde a ser otra cosa para el vate, como vemos en su piezaBelicia, mi amiga:

“En la ciudad
el mar besa levemente los cristales,
busca las piedras,
los metales con luna”.

En otros poemas en que aborda el referido tópico, el poeta se transforma en una cámara cinematográfica que panea y pasea como un dron en movimiento y se interna por los intersticios, los elementos que conforman ese serinforme y vivo que es Santo Domingo, tan cantada por él.
Luego, hace una especie de inventario citadino: viento, mar, banderas, toldos, ventanas, sándwiches, cafés, cigarrillos, automóviles, pasajeros, diarios, trabajo, bancos, muebles, cristales, esquinas, olor a nafta, vallas, secretarias, árboles, bultos de cuero, ascensores, niñas, mariposas, zapatos, libros, sombreros, cafeterías, oficinas.

La muerte.
Todos la sufrimos como amenaza que está siempre ahí para decirnos que la vida no es eterna, que nos vamos un día. Pero el trajinar diario, las ocupaciones y celebraciones de la vida nos hacen olvidarla, que es el mejor remedio para poder convivir con ella.
De cómo la veamos depende que seamos tristes o alegres. En el caso de nuestro poeta, la parca es una constante que se repite desde su primer poema hasta el último, y se duele cuando la siente acogotar y matar a sus semejantes, seres amados. No le preocupa que lo amenace a él. Estoy seguro de que no la temió, pues desafió valientemente al tirano Trujillo, sabiendo que con ello corría peligro de ser asesinado; y lo mismo hizo y al participar en la Revuelta de Abril de 1965, asumiendo los riesgos de la guerra. En realidad, lo que le dolía era la muerte de hambre de los pobres o de los revolucionarios que matan las fuerzas represivas.
La parca tiene su sórdida presencia en estos primeros versos del libro:
“…episodios de irremediable llanto, todo perdido, terminado…”.
Es un demonio que él hace metáfora en su hermoso poemaSi nos atrevemos a salir, uno de los mejores del libro. Nos muestra las diversas, reales o imaginadas caras de la muerte que, pende sobre nosotros, y la sentimos en sus textos como premonición, de perenne presencia rondando hasta los momentos más sensuales y románticos. Como una trampa inevitable, terrible y angustiante de la vida:

“Si nos atrevemos a salir
moriremos sobre las aceras mojadas,
sobre un charco de luz azul, rojiza, blanca…
Si salimos agarrados por la cintura
vamos a morir seguramente
delante de una botella oscura,
sorbo a sorbo, riendo,
mirándonos como dos peces nocturnos,
trágicamente engañados…”.
(…)
Y no tendremos tiempo suficiente
para saber que el tiempo nos acaba…
Si nos atrevemos a salir
nos suicidamos”.

EN EL PRÓXIMO ARTÍCULO

Como ya hemos señalado, hasta aquí en nuestro análisis del libro El Viento Frío, nos hemos referido a la visión del contenido o fondo. En la entrega que viene, ofreceremos algunas puntualizaciones sobre la parte formal de los poemas de la mencionada obra.


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