Algo De Todo

Elsa Ramirez

Los ojos de los chinos, japoneses y personas orientales, en realidad no son sesgados o alargados, solo están en una posición más horizontal que los no orientales.
En los orientales se produce un efecto visual por el puente de la nariz bajo y tener un pliegue en el párpado superior que se conoce como mongol o epicántico, uno de los pocos auténticos rasgos raciales que aún conservan los orientales, de hecho, los bebes blancos o negros tienen un efecto de ojo sesgado mongol hasta que desarrollan su puente nasal. El pliegue protege los ojos de la luz solar extrema y el clima frío ya que la mayoría de los asiáticos tiene sus orígenes en Mongolia donde el clima era extremadamente frío.
Mientras más al sur de Asia, los ojos de sus habitantes se tornan más redondos y menos pliegue epicántrico pues el clima es más templado. De manera que los ojos de los orientales no son realmente sesgados, sino que poseen un pliegue extra en el párpado superior que los hace parecer más delgados.
La mayoría de los asiáticos no perciben que sus ojos sean rasgados en comparación con las otras razas, muestra de ello es que en los dibujos animados japoneses, nunca utilizan esos rasgos y sus personajes tienen ojos grandes y redondos.
La fama de que los gatos negros son de mala suerte se inicia en Europa al ser asociado con brujas y hechicería. En 1560, en Lincolnshire, Inglaterra, un hombre junto a su hijo caminaban en una noche sin luna cuando se les cruzó un gato negro al que apedrearon al quedar atrapado en una esquina y cuando escapó, fue a refugiarse a la casa de una mujer de quien se sospechaba que era una bruja. Al otro día la mujer apareció cojeando y con magullones y desde ese día se creyó firmemente que las brujas tomaban forma de gatos negros.