Algo más sobre las fortunas

Eusebio Rivera Almodóvar

El criterio más generalizado no es el que implícitamente quedó planteado en mi colaboración anterior cuando relaté la anécdota sobre ser millonario o ser feliz. Lo que realmente piensa más del 90% de la población general es que “el dinero no hace la felicidad, pero te permite comprar todo lo que te hace feliz”, creencia y práctica de muchos afortunados hasta que una enfermedad terminal, como el cáncer, les enseña que hay cosas que todo el dinero del mundo no puede cambiar o comprar, como la vida misma. No hay riqueza en la tierra para comprar la resurrección de un muerto.
La felicidad es un término relativo, no absoluto, e igual que la riqueza, tiene gradaciones y muchos seres humanos resuelven sus necesidades sin obsesionarse con ser multimillonarios y tienen la dicha de sentirse conformes con lo que son y han alcanzado en este mundo, sin sentir resentimiento hacia pobres o ricos, que son felices cada uno a su manera, pero siempre en forma de momentos de “felicidad” que nunca son eternos.
Son muchos los funcionarios, legisladores y empresarios (todos “políticos”) que se convierten en multimillonarios con préstamos o donaciones de organismos e instituciones nacionales e internacionales y es bueno recordar que ser dadivoso o caritativo con dinero ajeno y en provecho propio es corrupción, pero aparentar ser buen samaritano regalándole una parte del botín al mismo que le robaste con el eufemismo de “planes de asistencia social”, es doble ofensa por burlarte de su inteligencia. Lo doloroso es que muchos pueblos no entienden cómo es que les roban y cómo se burlan de ellos. Nuestro país no es excepción, es vergonzosa regla.