Amada Pachamama

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“La tierra es insultada y ofrece sus flores como respuesta”.

Rabindranath Tagore

Luego de un viaje al Perú sagrado la vida no vuelve a ser igual. De algún modo incomprensible, incorporamos una nueva receptividad, especialmente una sensibilidad hacia la Tierra y un profundo agradecimiento por la vida que ella sostiene.

Hace 21 años hice mi primer viaje místico a Perú. Por aquel entonces, era la dueña de una tienda que resonaba con el misterio, la tradición y la belleza de este pueblo. 

 

El chamán (hombre medicina) que me introdujo a la cosmovisión andina se llama Chaski, que significa “el mensajero de los dioses”.Él me explicó que la Pachamama o Mama Pacha es todo lo tangible que nos rodea, y también representa las regiones que lindan con el Yacumama, el Gran Río que simboliza la Fuente de la Vida.

 Los espacios andinos se dividen en tres: 

1-Kay Pacha, que es el Mundo de Aquí y lo representa la Pachamama.

2-Janan Pacha, Mundo de Arriba.

3-Uku Pacha, Mundo de Adentro

 Pacha significa “tierra”, “mundo”, “universo”, “tiempo” y “época”. Mama significa mamáo madre. La palabra madre alude a la causa, raíz u origen de donde proviene algo. La madre es la fuente de toda bendición. Ella es la gran maestra, el vínculo que nos une con la vida y los cambios que la caracterizan.

Un proverbio indio dice que la Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. En la mitología del antiguo Imperio Inca la Pachamama es la Madre Tierra, la diosa tutelar de las personas, la agricultura, la ganadería, el amor y la fecundidad. 

 Ella está muy presente en la vida de los incas, quienes antes de iniciar cualquier ceremonia o banquete, la recuerdan y honran derramando licor o comida sobre el suelo. ¿Te parece familiar la costumbre? 

 En una época viví un tiempo vacío y falto de sentido. Sin arraigo ni raíces, me pasaba el tiempo con un anhelo de cielo. Buscando alivio a mi pesar, inicié un curso de sanación con “energía universal”. Un sábado, fuimos muy temprano en la mañana al parque mirador del sur, para hacer algunos ejercicios prácticos. 

 Uno de ellos fue “abrazar un árbol” y lo que ocurrió está tan vivido en mi memoria como aquel día de 1990. De repente, el árbol empezó a regañarme mostrándome mi falta de conexión con la Tierra y mi falta de agradecimiento por la vida. Entre otras cosas, me dijo que para un árbol elevarse al cielo, primero tiene que plantar profundamente sus raíces en la tierra. 

 Según Osho, las personas desgraciadas son peligrosas, por la simple razón de que no les importa si la Tierra sobrevive o no. Son tan desgraciados que en lo más profundo de sí mismas pueden pensar que sería mejor que todo terminase ¿Qué les importa la Madre Tierra a quienes viven en el sufrimiento?

 Cuando estuve en Cusco, conocí un modo distinto y sanador de sintonizar con la vida que se expresa en la naturaleza. No podía menos que maravillarme cuando Urma, que significa la que deja caer cosas buenas a su paso,una sacerdotisa que ofició gran parte de las ceremonias en las que participé, decía que sus antepasados sabían que la vida nos ha sido dada por la Pachamama, y por eso, toda la honra que le brindamos se queda pequeña frente a lo que hemos recibido de ella. 

Mientras hablaba en lengua quechua, esta mujer redonda como la misma Tierra, sonreía con unos ojos pequeños que brillaban como luceros. Recuerdo como la persona que traducía me veía discreta y fugazmente, antes de que sus párpados cubrieran su mirada. Parecía que buscaba las juguetonas palabras que salían cantarinas una tras otra, como niños que salen corriendo al patio de recreo. 

 La Pachamama no sólo nos da el espacio físico que nos sostiene -me iba diciendo- con un tono suave y pausado, que contrastaba con el timbre ligeramente chillón de Urma, también nos conecta con el entorno, calma nuestra sed, sacia nuestro hambriento cuerpo con su alimento, energetiza nuestra carne y nos brinda con generosidad toda clase de oportunidades. 

 Otra lección importante sobre la Pachamama la recibí hace ocho años en la selva peruana, cuando un chamán al que le decían Pablo me dijo que la montaña más cercana a nuestro lugar de nacimiento (al que ellos llaman “Apu”), es la mejor protección que tenemos. Sus palabras me recordaron un refrán que reza: “Nunca está mejor el árbol que en la tierra donde tuvo origen”. 

Los pueblos andinos dedican el mes de agosto a honrar la Pachamama. El primer día del mes se celebra con comida, bebida, música, danza y ceremonia. El 1ero de agosto también es el aniversario de MEZCLA, la escuela caribeña de sabidurías ancestrales que dirijo, por lo que cada año festejamos como aprendí con mis amigos indios.

No te sientas aparte y olvidado -decía Facundo Cabral- todos somos la sal de la Tierra. Afortunadamente, existen pueblos originarios que aún recuerdan su esencia y cuidan la Pachamama con devoción amorosa. Tal vez, empezar a ver la Madre como ellos la miran puede servirnos para imitar algunas acciones, mientras nuestra sensibilidad y creatividad se despiertan.


Nada seriamos sin los dones que nos regala la Pachamama. Ella es el ancla para que nuestro espíritu pueda expresarse en la realidad de la Tierra. Ella nos permite estar presentes en el mundo tal y como es “aquí ahora”, sin necesidad de cambiar nada para ser felices hoy. 

Para pedestal -decía el gran José Martí- no para sepulcro, se hizo la Tierra puesto que está tendida a nuestros pies.¿Me acompañas a honrar y agradecer a la Pachamama sus bendiciones?


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