Amalia Low: autora infantil y artista

Amalia Low, autora infantil invitada a la Feria Internacional del Libro

En toda literatura infantil “lo esencial es que el autor sea auténtico y no posicionarse como adulto ‘superior’ al niño, sino que escriba desde su propio corazón”.
Además, “es bueno que haya humor, o una enseñanza importante, o solo belleza estética en la ilustración o en la palabra, o un factor emocional fuerte, o un elemento poético…”.
Quien hace esas afirmaciones es Amalia Low, nacida en Japón, quien viene a nuestro país invitada a la 21ª Feria Internacional del Libro.
Ella es escritora infantil, pintora y música, expresiones que ha plasmado en sus obras logrando una completa armonización de la literatura con las artes.
Le gusta incorporar canciones dentro de los textos, con la idea de que ese aspecto musical “inspire a los niños a componer sus propias canciones”.
Sus libros, cargados de humor, hablan de temas complejos, como la vulnerabilidad, la injusticia, el egoísmo, la diferencia y el conflicto, que se resuelven a través de la amistad, la tolerancia, el respeto, la celebración, la lentitud y la confianza en sí mismos.
Al ser una profesional de la música, utiliza ese recurso para animar la lectura; además, compone canciones y se acompaña con el piano, el ukulele o el acordeón; por ser pintora también hace títeres cartón.
Amalia tiene tres espectáculos literario-musicales donde presenta sus libros proyectados en pantalla grande con los títeres, usando un hilo conductor que envuelve en música la experiencia de lectura en voz alta. Cuando le preguntamos acerca de los elementos que no deben faltar en la literatura para niños su respuesta fue: “No pienso que haya reglas. Creo que es bueno que haya humor, o una enseñanza importante, o solo belleza estética en la ilustración o en la palabra, o un factor emocional fuerte, o un elemento poético, pero no todos los factores tienen que estar presentes en un libro”.
En cuanto al desarrollo de la literatura infantil en Latinoamérica opina que “por la falta de recursos destinados a la educación, los gobiernos de muchos países latinoamericanos están apenas comenzando a valorar su importancia para la formación”.
Pone de ejemplo a Bogotá, donde el plan de lectura y escritura “Leer es volar” se inició apenas en 2016. “Este proyecto busca un aumento de varios millones en los libros leídos en la ciudad y entre las actividades que se hacen está la promoción de la lectura a través de encuentros con autores, creación de bibliotecas en lugares no convencionales como parques y plazas de mercado y la promoción de la lectura a través de jóvenes estudiantes que visitan colegios, hospitales y bibliotecas con su entusiasmo y deseo de compartir el placer de leer. Esto hará seguramente que crezca en Latinoamérica la creación literaria para niños, que hace todavía mucha falta”.
Su trayectoria como escritora. Antes de empezar a escribir se dedicaba a la enseñanza de la música y a la pintura. Era fanática de los libros álbum y los leía por centenares junto con sus hijos. Claro, en ese entonces vivía en Suiza, donde había una biblioteca en cada barrio y podían sacar hasta 20 libros por visita.
Además, la producción de libro-álbum en Europa ya era en esos años muy grande, con muchos autores haciendo creaciones vanguardistas, tanto en la escritura como en la ilustración.
“Esa fue mi escuela, ya que soy autodidacta tanto por el lado literario como en ilustración. Luego quise intentar crear libros, pues llevaba años pintando cuadros que se asemejaban a la ilustración infantil y amaba la literatura”.
En 2009 en una exposición en París presentó su portafolio a editores franceses y dos libros generaron bastante interés. A su regreso, ese año, Ediciones B Colombia publicó su primer libro. Ya tiene once.


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