Amistades peligrosas

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

La posmodernidad ha influenciado de forma negativa y riesgosa en todos los modelos, dinámicas y estilo de vida existencial. Para ser justo, también la economía, la tecnología, la política y la globalización han incidido en las rupturas y desgastes de los modelos de referencias que son primordiales en la afectividad, el apego, los vínculos, el sentido de pertenencia y la identidad, que se asumían como razón de existencia. Es decir, gobernaba lo intangible, los valores, los principios, la dignidad, el compromiso, la fidelidad, la lealtad, etc. Por siglos fue así, entonces, las cosas estaban bien delimitadas: la mejor inversión social era la familia; el trabajo, la constancia de oportunidades transparente, la pareja, construcción de amor, fidelidad y compromiso; la amistad, la elección de asumir los espacios y compartir la vida de forma saludable, nutriente, solidaria y altruista. Debido, a que en la amistad no pueden existir ventajas, beneficios, peajes, plusvalía, cultura del favor, ni interés acumulados, por ninguna de las partes. En la amistad se cultiva el afecto, el apego, el compromiso y la lealtad, sin la espera, sin interés material, ni sexual, ni económico, pues, de lo contrario, no es amistad. Pero, el concepto amistad visto desde lo tangible y lo pragmático, es algo sin identidad, sin contenido, algo liviano, ligero, desechable, poco duradero, circunstancial, contractual, pero con el tinte, de “que nada es para siempre”, y “todo tiene caducidad”. En esos desgastes es que el mercado ha sustentado el consumo y ha cambiado los hábitos a los grupos sociales de forma tan de prisa que pocos han valorado los cambios de sus vidas, sus pensamientos o sus valores. Pero, ¿Qué es una amistad peligrosa? Sencillo, algo que te puede dañar, que te hace riesgoso/a, vulnerable, tóxico, que te relativiza tus valores, te quiebra tus principios, cambia tus habitos saludables, te influye en sus propósitos enfermizos, te empujan a las lealtades invisibles, y transforma la vida para mal. A veces son los adolescentes y jóvenes que no alcanzan la madurez, habilidades y destrezas para olfatear o discriminar cuando una “amistad” es tóxica, riesgosa y altamente peligrosa. También, existen adultos que han caído presa de un “amigo o amiga” de alto riesgo que le empujó al consumo de drogas, negocios de alto riesgo, despersonalización y patologización de la personalidad. Existen personas que han terminado en la cárcel, el cementerio, con una discapacidad crónica por riesgos de un grupo no saludable de amigos de alto riesgo psicosocial; pero también, existen personas que han terminado desvalorizadas y cuestionadas moralmente por un grupo o por amistades peligrosas. Un riesgo, es una probabilidad que tenemos de padecer un daño, ya sea emocional, psicológico, social, moral o espiritual. Una persona elegida como amistad y tiene problemas en su conducta o hábitos tóxicos riesgosos o problemas de control de los impulsos, o desconocimiento de los límites o ausencia de resaca moral; literalmente es una “amistad con dinamita” que va a explotar en cualquier circunstancia y nos llega algo de ese fuego o de ese riesgo. Es diferente cuando la amistad es saludable, oxigenante, nutriente, bondadosa, solidaria, altruista, de acompañamiento en valores, y con hábitos de fidelidad y lealtad. Entonces, la amistad se convierte en un factor protector: aquel que me protege, me cuida, no me daña, no me expone al riesgo ni a la vulnerabilidad, sino más bien, un amigo o amiga que me ayuda, que difiere o que confronta, pero no es desigual, no hace trampa, no utiliza ni se agrupa para ensuciar el agua a la otra persona. Las personas sabias y de caminos sabios, con experiencia de vida refieren: “antes de decir amigo/a, esperan tocar la puerta, para saber si está detrás de la puerta”. La amistad debe asumirse, practicarse, vivirla y abonarla con sabios propósitos. Una amistad no digiere ni degluta envidia, ni celos, ni chisme, ni intriga, ni resentimiento, ni odio. La amistad sana se sostiene en la personalidad sana; en cerebro sano, en actitudes emocionales positivas sanas. En la vida hay que tener amigos y amigas, compañeros de viajes de mochilas ligeras; para que la vida fluya y la compañía sea de contenido, de calidad y calidez; pero también, de estilo de vida saludable. Hay que aprender a alejarse de las “amistades peligrosas”.