Andrés Páez: enamorado de RD, la “perla del Caribe”… y su vida

Andrés Páez Zamora asegura que en la República Dominicana es feliz. Por ello, no se imagina en otra parte.

Cuando Andrés Páez Zamora habla sobre la República Dominicana su sonrisa se transforma, se vuelve más amplia. Confeso enamorado de esta media isla, a la que define como la futura “perla del Caribe”, asegura que esto es su vida: “es una gran experiencia para mí estar en este país, al cual quiero y amo”, sostiene.

Páez Zamora es un hotelero español que vino al país por primera vez a finales de febrero de 1996 con una importante misión que le encomendó la cadena Hoteles Catalonia: conocer Bávaro para ver si era factible construir un hotel ahí.
En aquella época, cuenta, Bávaro era un campo pero lo que más le sorprendió fue conocer San Pedro de Macorís e Higüey.
“Me acuerdo la vez que pisamos San Pedro de Macorís y yo me decía Dios, me recordaba Bangkok, tantos letreros y calles; madre mía, las carreteras… cuando llegamos a Higüey yo he visto que dice “Esto es Higüey”: una ciudad sin ley, pensé yo en broma”, dice riéndose de aquellos pensamientos.

A pesar de que aún estaba todo por hacer, y de haber conocido otras zonas de la isla, Páez Zamora entendió que Cabeza de Toro era el lugar indicado para construir el primer Catalonia que habría en el país. Unos meses después vendría el señor Manuel Vallet, uno de los propietarios de la cadena, para conocer el lugar y en enero de 1997 Páez Zamora regresó para ayudar en el tema de los permisos.
“Y así, de poco en poco, me quedé toda la vida aquí. Y aquí estamos, muy contentos, con todas las cosas, buenas y malas; mucho mejor las más bonitas y las más buenas”, dice para resumir lo que ha sido su devenir de veinte años en la República Dominicana.
¿Lo que más le gusta? “Para mí, aparte de la belleza, yo lo resumo en su gente, esa es mi respuesta… Es decir, esa gente abierta, que te recibe, por su manera de ser… yo conocí gente que te abrían las puertas, sencillas”, afirma.

Cambios. Al pensar en la República Dominicana de aquellos tiempos Páez asegura que ahora el país no tiene nada que ver con lo que era entonces: “ha progresado una barbaridad”.

Cuenta que en Bávaro estaban el Fiesta y el Caribbean Village, básicamente. Ellos, que eran los últimos porque estaban más alejados, terminaron siendo los primeros de Cabeza de Toro.
“Desde entonces hasta ahora ha cambiado muchísimo. Ya no tiene nada que ver con lo que yo vi, incluso las carreteras, todo, en fin… ha cambiado mucho y mejor. Bávaro se ha transformado en un gran resort, creo que de los mejores que hay”.
Aunque apostó por Bávaro, Páez Zamora se ha recorrido casi todo el país. Por ello, asegura que es un país bello.
“Yo me acuerdo de Samaná, cuando iba para allá, íbamos de las Galeras hasta Playa Rincón en una yola de estas… íbamos con Manuel Vallet y dije: “Manuel, fotografía en tu mente toda esta cosa porque aquí, aunque hagas la película “Adán y Eva”, nada quedará fuera de contexto”. Todo era natural, natural… ya no es lo mismo pero bueno, también las cosas cambian”.
Para él Samaná es “el paraíso terrenal” pero además le gustan San Francisco de Macorís, Azua, Barahona, Pelempito, Pedernales y Bahía de las Águilas, con su increíble agua cristalina.
La clave del éxito. República Dominicana ha tenido muchas altas y bajas en el sector turístico. Una de las peores bajadas fue a raíz del 11 de septiembre, que casi destruyó la pujante industria.
A pesar del traspiés, que fue por circunstancias externas, el sector creció. Páez Zamora asegura que, en primer lugar, eso fue posible por la seguridad.
“¿Por qué hay más turismo? Porque en primer lugar República Dominicana es un país seguro, la seguridad es lo primero que en realidad busca un turista. Aparte de seguro, es bello. Tomemos en cuenta que aquí hay playas como Bayahíbe, como Bávaro y otras muchas que no están desarrolladas, que son pues las diez mejores playas del mundo”, asegura.
También ha ayudado mucho, resalta, que han tenido un buen trato de las autoridades. “El Gobierno nos ayudó a desarrollarnos de una forma continua y alegre”.
A eso Páez Zamora le suma un factor vital: la amabilidad de los dominicanos, lo serviciales que son. “La gente, con todas esas penumbras que pasa, está alegre, lo entregan todo”, sostiene, y agrega que ellos tratan muy bien al personal. Y es que, “cuando tú tratas bien a tu gente, tu gente se siente alegre… y se siente alegre el turista. Es una tarea”.
Una tarea que, a su juicio, es muy importante porque el turismo mueve muchísimo la economía. “El turismo mueve alimentación, construcción, tecnología, sobre todo la empleomanía; la empleomanía del turismo es enorme, enorme, enorme: un fenómeno”.

Su proyecto. Cuando los Vallet deciden construir el hotel Páez Zamora vino por unos meses pero al final, dice, “me tuve que quedar aquí porque no podía ser de otra manera”.
Al quedarse comenzó una nueva vida, se divorció y terminó casándose con una higüeyana con la que lleva casi 19 años. “Tenemos un hijo en común, Rubén (17 años), que es una maravilla. Aquí nos quedaremos ya. ¿Dónde voy a ir yo?”, manifiesta.
Tan seguro está de que no iba a ninguna parte que decidió comprar, junto a su esposa Iris, el mejor solar que había en Higüey.
Allí construyó un residencial, que se llama Anamelia y tiene de cuarenta a cuarenta y cinco casas.
“A mí me hubiera gustado quedarme o comprar en Bávaro pero mi hijo es un niño es especial, una maravilla, pero es un niño especial, fue un milagro este niño… entonces pensamos que teníamos que quedarnos en Higüey, por la familia, por cualquier cosa, porque era más difícil en Bávaro”.
“Al ser constructor tenía claro lo que quería: ángulos rectos, noventa grados y como mi niño es especial yo no podía hacer la casa de dos alturas. Entonces hicimos una, todo pensado en él, superficies amplias. La casa en realidad tiene más de trescientos treinta metros cuadrados, más los jardines”, explica.

En esos jardines escucha los pajaritos, algo que para él y su familia es muy importante. “Aquí estamos muy contentos, tranquilitos y bueno… no nos molesta nadie”.
Sobre España. Páez Zamora nació en Badalona, un pueblo cerca de Barcelona. Va a España con regularidad a visitar a su familia.
“Nos gusta ir a España, lógicamente siempre te llama, pero yo cuando llevo ya diez días estoy pensando en regresar… y no es que no quiera a mi país, pero ya estoy enraizado aquí, es difícil cambiar”. Al decir esto, se pregunta para qué cambiar si tiene su casa y su vida hechas en la República Dominicana. “Aquí estoy bien”, sentencia sonriente.


COMENTARIOS