Ani Mederos sutil y poderosa

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¿Qué es un museo de artista? Es un museo que lleva el nombre de un artista y se dedica a su obra. Lo funda el artista en vida o, más frecuentemente, lo consagra a su memoria la familia o una colectividad.

Acerca del Museo Fernando Peña Defilló, el maestro lo soñó y lo concibió, lo inauguró y lo disfrutó, aunque brevemente. Luego, al fallecer el gran humanista, la Fundación, bautizada con su mismo nombre, tomó el relevo.
Esta clase privilegiada de museo se asienta en la producción del artista, aquí “Papo” Peña, investigando, conservando, presentando sus obras, pero también se preocupa por la parte espiritual, por reflejar más ampliamente la profesión de fe de su creador, sus ideas e ideales, sus aspiraciones e inspiraciones.
Así, Fernando Peña Defilló, jamás encumbrado en las alturas del ego, quería también contribuir al ascenso de los jóvenes, dar a conocer su capacidad innovadora, en fin contribuir a perfilar el futuro del arte dominicano.
La exposición de Ani Mederos se sitúa en esta perspectiva, revelando –para muchos, ¡quien escribe incluida!– el caudal –conceptual, técnico y estético– de una artista joven, polifacética, obviamente apasionada e inmersa en una continuidad creadora… Ocupa todos los espacios expositivos del Museo Fernando Peña Defilló: su montaje ejemplar ha tenido la colaboración conjunta de Gía Caro Haché, Alex Martínez y la expositora misma, con una repartición inteligente y eficaz de las piezas.
Ideológicamente, esta muestra contundente se sitúa en la actualidad, nacional y planetaria, afirmando el valor de la mujer, decidida a su reconocimiento pese a una desigualdad persistente, y penando para que se admita su paridad en jerarquía y funciones.
En ese enfoque, Ani Mederos intitula su impresionante muestra, “Mujer montaña”, aludiendo al cúmulo de responsabilidades femeninas, e implícitamente –tal vez– a una superioridad del género, que domina de hecho el territorio social. Podríamos decir que su exposición –la primera de tanta importancia– demuestra sus convicciones, aparte de su capacidad como artista visual.

Más allá de la moda. Sensible a la belleza y a la mejor apariencia de la mujer, Ani Mederos hubiera podido quedarse, agradablemente, entre figurines y diseños de atuendos… aunque la moda es arte y una expresión cimera de la creación. Pero, en el mismo diseño de moda, ella ha querido sobrepasar los límites de un modelo. Lo ha vuelto experimento gráfico y plástico en pequeñas dimensiones.
Sus trabajos, en y sobre papel, multiplicando plisados y haciéndolos “collages” ingeniosos, se convierten en efectos ópticos y en ritmos, afirmando que la “obra menor” no existe. Hay a la vez unidad y variación incansable… Ani disfruta siendo artesana y luego hallando soluciones de arte, dentro de una categoría que suele estar relegada a proyectos y ejemplares de alta costura.
Para esta expositora múltiple, es una forma válida de expresión y una introducción a la escultura. De ahora en adelante, hay que tomar en cuenta a Ani Mederos en la nueva escultura dominicana.

El desafío a la materia. La segunda Ani Mederos es la escultora de piezas de pared, de un paisajismo insólito de metal, metamorfosis de “ready made” y reciclaje.
Su “Mujer montaña” en cobre es una obra exquisita. La artista manipula y doblega incontables láminas cobrizas, jugando entre su horizontalidad y la verticalidad de líneas directrices, variando y sumando texturas, relieves, efectos, hasta geográfico-climáticos. Puede considerarse “pieza-maestra” del conjunto, y en son de chiste –aunque no tanto, siendo nuestra la evocación– pensamos que Cézanne se hubiera sorprendido ante esta versión criolla de otra “Montagne Sainte Victoire”… Un segundo paisaje, original y muy interesante, tríptico éste, dispone, recorta, escalona planchas, a la vez compactas y caladas, cinco diseños distintos, en una versión de la cordillera, la última metaforizando el cielo… Lo que hubiera podido sugerir un conjunto decorativo, se convierte en aporte único.
¡Ani es una verdadera herrera, una mujer fuerte, sin dudas, que no teme a la soldadura! Su pequeño “ensamblaje” con chapas de hierro oxidado, colocado en el patio, se alía perfectamente con un voluminoso pedestal verde y el follaje circundante.
Ahora bien, Ani Mederos llega a dimensiones monumentales, en una construcción abstracta, auténtica escultura industrial de varios metros de alto, transfigurando elementos prefabricados que se alzan en estructura circular.
Esperamos que ella haya trabajado desde un taller metalúrgico, puesto a su disposición…
La obra podría aun sobredimensionarse, y de nuevo, lamentamos nuestro arte público, huérfano de esculturas contemporáneas. Esta obra se ubica estilísticamente en la abstracción, pero no deja de apropiarse del tema de la exposición: la montaña. ¡La simbología de la mujer no se nos hace tan legible ni necesaria!
Nos parece recordar que un gran teórico, Clement Greenberg, decía que, si un artista quería cambiar sus acostumbradas expresiones, ¡que entonces él cambie sus materiales! Es lo que sucede con Ani Mederos, y que ella siga adelante.


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