Antropólogo Luna Calderón desconfía de
estudios sobre restos de Colón en Sevilla

POR ÁNGELA PEÑA
Las pruebas de ADN que se realizarán a los supuestos restos del Almirante que se encuentran en España, anunciadas por un equipo de investigación de aquel país, podrían no ser concluyentes debido a que el ADN se contamina y degrada imposibilitando la identificación exacta, obstáculo con el que ya han tropezado aquellos profesionales. Además, la ejecución única y exclusiva de ese análisis no revelaría que se trate de los restos del Almirante. Ese estudio, empero, es innecesario, porque los verdaderos despojos mortales del insigne navegante son los que se encuentran en el mausoleo del Faro a Colón, en Santo Domingo.

 Las consideraciones fueron emitidas por el doctor Fernando Luna Calderón quien  para avalar su contundente afirmación declaró, también, que la documentación en ese sentido es profusa e incuestionable. “Yo, como dominicano y como estudioso, creo que si algún día se va a llevar a cabo algún estudio, debe hacerse dentro de normas establecidas por las más altas autoridades del país. No estoy de acuerdo conque se festine este análisis pues se trata de algo serio que tiene un tremendo significado universal y, por lo tanto, debe tratarse con cautela”.

 Manifestó que el caso no es sólo asunto de la República Dominicana sino que deben estar involucrados otros países que no tengan ningún interés particular en cuanto a la propiedad, pertenencia o autenticidad de la osamenta.

 Luna Calderón posee especialidad en paleopatología (estudio de las enfermedades del pasado de los esqueletos) y en antropología física (estudio de todos los cambios morfológicos que se operan en el hombre). Ha estado en contacto con los restos del Almirante desde los años 70, cada vez que se ha abierto la urna que los contiene, y realizado numerosas y profundas investigaciones  en torno a la vida, los viajes, enfermedades, alimentación y anatomía de Colón por lo que es tal vez la voz más autorizada del país para afirmar categóricamente, que los huesos conservados en la República Dominicana son los del Descubridor.

El ADN contaminado

 Señaló Luna Calderón que el problema del estudio del ADN “estriba en que el ADN se contamina y se degrada, lo que hace imposible la identificación exacta de los huesos”, y agregó que, de hecho, ya los españoles han dado con esta limitante “por el grado de contaminación y de degradación que presenta” aquella osamenta.

 Explicó que en el hueso se pueden estudiar los tres tipos de ADN: el nuclear y el mitocondrial, “el otro está ligado al sexo, sin embargo, si no tenemos un ADN en condiciones óptimas, el estudio resulta un fracaso”.

 El director del Museo de Historia Natural y ex director del Museo del Hombre Dominicano fue tajante al declarar: “Solamente un  estudio morfológico y paleopatológico  nos permitiría discriminar cual de los esqueletos corresponde a Cristóbal Colón”.  (El estudio morfológico incluye la anatomía macroscópica de los huesos y sus dimensiones así como las características particulares de cada uno. El paleopatológico se encarga de estudiar las lesiones dejadas por las enfermedades en el sistema óseo). En la madre Patria se encuentran también los esqueletos de Diego  y de Hernán Colón, hermano e hijo, respectivamente, del Almirante.

 Los tres personajes, añade Luna Calderón, contaban diferentes edades a la hora de su muerte “y el esqueleto humano tiene características particulares de acuerdo a la edad del individuo”. Dijo que un esqueleto como el de Colón, de aproximadamente cincuenta y tantos años al momento de su deceso, “no puede mostrar las características de su hermano Diego ni de su hijo Hernán”. Enfatizó que con el estudio genético “se puede demostrar el parentesco que hay entre ellos “pero única y exclusivamente con este análisis, no podemos decir que se trate de Colón”.

 El estudio paleopatológico es fundamental, añadió, “porque Colón padeció de gota, enfermedad que deja huellas claras y precisas en el esqueleto, especialmente a nivel de las extremidades inferiores y de la columna vertebral”, recalcó el ex profesor y director de historia de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña quien tuvo a su cargo, además, la identificación de los restos de figuras históricas nacionales tan relevantes como los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, los del coronel Francisco Alberto Caamaño, Ulises Heureaux, Enrique Blanco y personalidades llevadas al Panteón Nacional entre las que están Pepillo Salcedo y Francisco Xavier Billini. También ha estudiado miles de esqueletos de la prehistoria.

Restos conflictivos

 El doctor Luna Calderón desmiente la tesis del historiador Carlos Dobal quien reveló en 1990 que los restos del glorioso Descubridor de América estaban divididos entre Santo Domingo y Valladolid o más posiblemente en el Monasterio Cartujo de las Cuevas de Sevilla, tesis que según el acucioso académico, salía airosa a la luz de la más estricta crítica histórica y documental.  “Esto no es cierto, aseguró Luna Calderón. Lo que ha pasado es que los restos han sido tratados por médicos, y no por antropólogos que pueden determinar a través de un fragmento óseo si el esqueleto estaba completo o no”.

 Citó a los doctores Goss, de la Universidad Harvard; Armando Pedroso, de Cuba, y Perdomo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, como los que han analizado los restos y significó que una de las razones para asegurar que se trata del esqueleto de Cristóbal Colón es que éste padeció en vida del síndrome de Reiter, “que cursa con artritis, conjuntivitis y blenorragia, conocido también como la gota, una enfermedad reumática que ataca las articulaciones y produce en los dedos de los pies, sobre todo en el dedo gordo, destrucción de la falange distal, dándole la forma al hueso de un sacabocado. Además, añadió, provoca lesión degenerativa a nivel de la columna vertebral, y otros daños”.

 Manifestó que la documentación histórica es rica narrando los episodios de la enfermedad colombina y que uno de estos episodios graves lo padeció el Almirante cuando desembarcó en La Isabela. “En este lugar su tripulación se vio afectada por la fiebre suina, una enfermedad gripal transmitida por cerdos y caballos y luego pasada al hombre” y en este viaje el navegante de la mar océana traía veinticinco caballos mostrencos y ocho cerdos. Murieron de esa tripulación mil quinientos hombres en suelo de la Hispaniola, refirió Luna Calderón.

 En ese momento, el Almirante estuvo en cama desde diciembre hasta el doce de marzo y se temía por su vida. “En la crónica se señala que tenía la mano crispada, producto de la artritis”, y esta señal se evidencia en los restos guardados en la República Dominicana.  Por eso, entre otras cosas, Luna expresa que no hay discusión posible en cuanto a que los verdaderos huesos son estos. “Las lesiones que presenta el esqueleto corresponden con la enfermedad padecida por el Almirante, y la morfología del esqueleto es la que describen los cronistas, de que Colón era un hombre alto y fornido, detalle que se puede observar en estos huesos”.

 Luna Calderón ofreció a HOY una extensa relación de todos los estudios realizados  a estos debatidos y reclamados huesos, revelando que desde las primeras investigaciones han sido objeto de celos rabiosos por parte de los españoles que siempre han pretendido declarar los suyos como auténticos.  En 1877, por ejemplo, cuando se realizaban los trabajos de remodelación de la Catedral Primada y se localizó la urna que los contenía, el padre Billini llamó a todo el Cuerpo Diplomático para que atestiguara la veracidad del hallazgo. El embajador español, Echeverry, fue los que dio su veredicto, testimoniando que se trataba de los verdaderos restos de Cristóbal Colón. Por esa razón, cuenta Luna, fue llamado a España y destituido de su cargo, acusándolo de que se había dejado sobornar por los dominicanos.

 “Colón es un personaje dual, expresó el antropólogo. Se le atribuyen dos nombres, dos nacionalidades, dos tumbas. Algunos historiadores sostienen que sus restos se encuentran en Sevilla, pero los datos históricos, las investigaciones, los estudios, demuestran que sus restos descansan en el mausoleo del Faro a Colón, de Santo Domingo”.