Apuntes de bolsillo

Su clima templado, húmedo y el verdor de Galicia hacen de esta región una de las más bellas de España.

Elementos inseparables de ese paisaje aldeano son el hórreo, que puede estar construido con madera o piedra, y el pazo, casa hidalga que evoca grandezas medievales, junto a iglesias, capillas y cruceros.

A Galicia la componen cuatro provincias: La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra, con una extensión total de 29.430 km2. Su capital es Santiago de Compostela.

El primer núcleo de población importante fue el celta, llegado en el siglo VI a. de C. recibiendo la denominación de galaicos.

Santiago surge a la historia a principios del siglo IX cuando se descubrió el sepulcro del mayor de los hijos de Zebedeo. Hacia el año 811, durante el reinado de Alfonso II el Casto, se produjo el hallazgo de la tumba del Apóstol Santiago en cuyas inmediaciones fue fundado un templo y un monasterio, alrededor de los cuales nació la nació la ciudad. Pronto se convertiría, junto con Jerusalén y Roma, en una de las ciudades Santas de la Cristiandad.

Las dos funciones principales de Santiago son la religiosa y la universitaria. Esta tuvo sus orígenes en el Colegio de Santiago Alfeo, creado por el arzobispo Alonso de Fonseca y Acevedo, para la cual consiguió el papa Clemente VII, en 1526, la bula de Colación de Grados, aprobadas por Felipe II y que datan de 1555.

Sabido es que todos los españoles, en Cuba y Argentina, les dicen “gallegos”. Durante el siglo XX se produjo una emigración, eminentemente rural a iberoamérica, de más de un millón de habitantes hasta la década de los sesenta. Esa es la razón, no otra, del “gallegos todos”. A partir de esa década la emigración se encaminó hacia Europa, Cataluña, País Vasco y Madrid.

A Orense se le llama “a terra da chispa”, porque de allí proceden todos los afiladores ambulantes que se pueden encontrar en el universo. Nacidos en Nogueira de Ramuin, a la salida de Orense, para evitar ser comprendidos de los extraños hablan entre sí una jerga llamada “el barallete”.

La reedificación de la ciudad de Santiago y de su templo, después de ser atacada y destruida por Almanzar, fue comenzada en 1075 destacándose el majestuoso “Pórtico de la Gloria”, obra del maestro Mateo de finales del siglo XII, donde la escultura románica llega a su máximo esplendor.

El oficio de “acibacheiro” ha sido casi exclusivo de Galicia, a pesar de que allí no existen yacimientos de azabache, mineral negro brillante con el que se hacían objetos de gran valor. Hay una calle en Santiago llamaba Azabacheria. Desde tiempos remotos se creyó que el azabache poseía determinadas cualidades mágicas y de ahí que se fabricaban amuletos para evitar el mal de ojo. Quedan ya muy pocos artesanos de esta materia y, aunque los gallegos hoy no creen en brujas, dice: “De haberlas, haylas…”.