Argentina es o no otra clase de país al analizar su crisis actual

Pardon destaca que la situación en Argentina tiene también cierto carácter global.

La frase del Nobel de Economía Simon Kuznets «hay cuatro clases de países: desarrollados, en vías de desarrollo, Japón y Argentina», ha sido tomada por Pablo Pardo en un trabajo publicado en el diario español El Mundo, para explicar la crisis actual de Argentina.
Explica que la idea de Kuznets era que “Japón todo lo hacía bien, y, partiendo de una situación económica catastrófica tras la Segunda Guerra Mundial, se había transformado en la segunda potencia económica del mundo (hoy es la tercera, tras China). Argentina, por el contrario, había seguido exactamente el camino inverso. El caso es que Argentina puede hacer las cosas mal, o no destacar por su humildad («cuando un argentino quiere suicidarse, se sube a tirar desde su ego» es una frase común en México que, esta vez, sí ha sido enunciada por el propio Papa Francisco), pero hay algo que no se le puede negar: su capacidad para fascinar y para generar expectativas”.
Pardo explica que esto “quedó de manifiesto hace trece meses, en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional, donde la estrella era Argentina por su regreso a los mercados de deuda internacionales, tras su suspensión de pagos voluntaria de 2014. Tres meses después, en julio, Argentina emitía deuda a 100 años. Y ahora ha pedido US$30.000 millones al FMI.
Cierre del círculo. El hecho de que pueda emitir deuda con vencimientos a un siglo y después tiene que pedir US$30.000 millones al FMI invita a cierto cuestionamiento de las tesis de que los mercados nunca se equivocan, pero ésa es otra historia”.
Agrega que “la situación en Argentina tiene también cierto carácter global. En las últimas semanas la deuda de mercados emergentes como México, Turquía, Rusia, en Indonesia también ha atravesado por problemas”.
Explica que “cada uno de esos países presenta riesgos económicos y políticos muy diferentes, así que no parece que sea una casualidad que las turbulencias se hayan desatado exactamente cuando el bono estadounidense a 10 años rompió, siquiera por un día, la barrera psicológica del 3%. Ha sido la primera vez que la deuda de EEUU ha superado ese nivel desde diciembre de 2013.
La subida de la rentabilidad de la deuda estadounidense no solo se debe a que todo el mundo dé por descontado que la Reserva Federal vaya a seguir endureciendo la política monetaria (si los tipos suben, igualmente lo hacen los intereses de los bonos). También es consecuencia de la masiva emisión de deuda de la primera potencia económica mundial.
En el primer trimestre del año, Estados Unidos ha emitido 488.000 millones de dólares (409.000 millones de euros) en deuda, es decir, prácticamente tanta como colocó el año pasado. La previsión para el conjunto del año es mareante: 1,1 y 1,3 billones de dólares (de 920.000 a 1,1 billones).
Las bajadas de impuestos no se pagan solas, y el favor fiscal que Donald Trump y los republicanos del Congreso han hecho a las empresas y a sus grandes donantes bajo la forma de la reforma fiscal de 2017 va a tener una factura astronómica.