Artrosis, afección proporcional a la edad paciente

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La osteoartritis, también conocida como artrosis, puede afectar hasta el 80 % de la población por encima de 75 años. Siendo en este estrato de la población tres veces más frecuente en mujeres.

La artrosis es la forma más frecuente de artritis, recuerdo de niño oír a las abuelas referirse a la artrosis como reumatismo bueno para establecer una diferencia con la artritis reumatoide que denominaban como el reumatismo malo. Ambas condiciones afectan nuestras articulaciones y los elementos anatómicos dentro y alrededor de ellas, siendo los síntomas de presentación más frecuentes el dolor y la rigidez articular.
Es necesario establecer la diferencia entre ambas artropatías, dado que su curso clínico y grado de severidad son notablemente diferentes por lo cual su tratamiento también será algo diferente, sobre todo en la etapa de manejo clínico de estas afecciones.
Existe consenso entre los investigadores de que la artrosis es el producto del desgaste genéticamente programado por el mismo organismo mediante un mecanismo de destrucción o muerte celular (apoptosis) que experimenta el cartílago articular el cual se verifica con el paso de los años. Este cartílago es el tejido especializado que cubre la superficie de los huesos que forman parte de una articulación, el cual está lubricado por un líquido producido por un tejido intraarticular llamado membrana sinovial, que promueve que el movimiento se realice de manera suave.
En la medida en que envejecemos, el daño del cartílago tiende a progresar y, con frecuencia, sobre todo en el extremo de la vida, desaparece totalmente, produciéndose así un contacto directo entre los huesos, que es la causa principal del dolor, rigidez e inflamación. Se estima la prevalencia de la artrosis en menos del 1 % en menores de 30 años, alrededor del 10 % a los 40 años y más del 50 % después de los 50 años).
El término artritis hace referencia a muchos procesos articulares que cursan con inflamación articular, en algunos de los cuales también pueden participar otros órganos y tejidos. En este artículo pretendemos llamar la atención del daño que produce la artrosis en las rodillas y caderas, que frecuentemente terminan siendo intervenidas quirúrgicamente para sustituirlas por el daño severo que suele causar la afección.
La artrosis comúnmente la encontramos acompañada de dolor, limitación del movimiento, rigidez, ruidos que acompañan el movimiento y la formación de sobrehueso o espolones en la periferia de la articulación. Algunos pacientes pueden estar asintomáticos aun ante la presencia de cambios artrósicos evidentes en un estudio por imagen.
Existen condiciones que pueden modificar considerablemente el curso evolutivo de la afección como: el peso, traumas, infecciones, deformidades, ciertas ocupaciones, uso, historia heredo-familiar. Igualmente, otros trastornos nos pueden llevar a sufrir artrosis como las hemorragias (frecuentes en los hemofílicos), infartos óseos por bloqueo de los vasos sanguíneos que terminan produciendo una necrosis avascular (muy frecuente en los falcémicos) y la gota, entre otros.
Hay estudios que muestran que la debilidad muscular hace más propensos a los que la padecen a desarrollar artrosis, por ejemplo, la debilidad del cuádriceps favorece la artrosis de la rodilla; más aún, puede hacer que esta progrese rápidamente si la debilidad permanece.
Asimismo, el uso excesivo y los movimientos repetitivos en ciertas prácticas, oficios y ocupaciones pueden llevar al desarrollo de artrosis. Por ejemplo, labores que requieren doblar las rodillas múltiples veces parecen ser responsables de un incremento en la tasa de aparición de artrosis en los que hacen estas labores.
Las estadísticas muestran que la artrosis es más frecuente en los hombres hasta los 55 años, luego de esta edad es más común en las mujeres, llegando en algunas series, en los grupos de mayor edad, a reportar una proporción de tres mujeres por cada hombre.
La máxima incidencia de artrosis ocurre alrededor de los 45 años; sin embargo, en los últimos años hemos visto un aumento considerable de casos en los más jóvenes como resultado de lesiones producidas en la juventud asociadas a la práctica de deportes y ejercicios de alto impacto.


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