Así andan las cosas

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Los dirigentes del Movimiento Verde recientemente han dado una declaración y hecho una aclaración procedente, ambas importantes que deben ser ponderadas y analizadas de manera reposada, sin prejuicio.
En una se propone someter a un juicio político al Presidente Danilo Medina Sánchez, a quien le atribuye complicidades y actos de corrupción para lograr la modificación de la Constitución, garantizar su re postulación y asegurar su reelección por un periodo más de 4 años, así como manejo turbio en la contratación y sobrevaluación del contrato de Punta Catalina.
En segunda parte, el Movimiento Verde hace la aclaración de que no se constituirá o no se propone constituirse en partido político, consciente su dirigencia que eso resultaría su fatal autoliquidación, como igual piensa la mayoría de la población proveniente de diversos sectores de la vida nacional que ve con simpatía y se solidariza con la lucha contra la corrupción y la impunidad expresión de un sentimiento de indignación y de civismo, no partidista, aunque concite apoyo de partidos de la oposición y sus dirigentes que mal podrían permanecer al margen de esta manifestación popular y espontánea, moralizadora. Lo del “impeachment” político, es harina de otro costal. Aparece en el Art. 83 de la Constitución de la República referente a las atribuciones de la Cámara de Diputados, a la que se le confiere la facultad de “acusar ante el Senado de la República a los funcionarios (as) públicos elegidos por voto popular, así como los elegidos por el Senado y el Consejo Nacional de la Magistratura.
Y sutilmente, como caso excepcional “cuando se trate del Presidente y del Vice Presidente de la República, donde se exige el voto aprobatorio de las ¾ partes de su matrícula.”
Partiendo de esa realidad incontrovertible y del dominio absoluto que ejerce el partido en el poder y el Presidente de la República en ambas cámaras legislativas, esa pretensión luce si no descabellada, al menos ilusa, irreal o desfasada.
Contrario a los frecuentes golpes de Estado, impensable en el presente caso, en cambio hay muy pocos, si los hubiera precedentes históricos exitosos de este procedimiento en nuestro país. Desde las poltronas del Palacio y del Gobierno, algún chusco dirá sonriente: “Sueña, Pílarín.”
Mientras el anhelado cambio institucional refrescante tan esperado ni siquiera asoma, sigue al garete la división interna del PLD por la confrontación visceral de sus dos principales líderes políticos y dirigentes partidarios, unos que vuelva Leonel, y otros que se quede Danilo o alguno de los suyos, que nadie, hasta ahora, vislumbra.
Entretanto el hacha va y viene. Fiel a su partido, aparentemente al margen de la tormentosa disputa, surge una voz autorizada que se lanza al ruedo. Enfáticamente afirma: “No habrá reelección ni tampoco división.” Y saca medio cuerpo de ventaja, cruzando la curvita de la Paraguay. Ella, la mujer maravilla, la ignorada y no cuestionada, decide ser la tabla de salvación de su partido, y de esta media isla contaminada, conocida como la Perla de las Antillas.


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