Asiento digno para una corte

El Tribunal Superior Electoral se sitúa regularmente en el vórtice mismo de los incumplimientos normativos y litigios de las organizaciones partidarias y en el examen para disponer correcciones a los errores y alteraciones que presentan documentos del Registro Civil que fluyen en alto número procedentes de oficialías y de reclamos ciudadanos. Es una corte sobrecargada de tareas de trascendencia que, como puede verse, cumple diligentemente sus objetivos con sentido de responsabilidad y reafirmación de compromisos con la imparcialidad, imprescindibles para la solidez institucional como árbitro único para las pugnas e inobservancias de la política en defensa de las normas democráticas.

Por su trascendencia y nivel de alta corte, debería estar ya alojado en una edificación que se corresponda con unos ejercicios del derecho que merecen solemnidad, con espacios funcionales para las labores de su personal. Desde su creación para los importantes fines de lo contencioso, el Tribunal Superior Electoral ha estado alojado en una sede provisional en uno de los edificios del complejo de entidades del Centro de los Héroes, una temporalidad que debe cesar en el corto tiempo y en anticipación a la dinámica de situaciones que se presentarán por la consulta electoral más próxima. El TSE necesita además mayores recursos públicos para seguir obteniendo buenos resultados en los ámbitos de primer orden que le corresponden.

Unos filtros que no funcionan

La prevención de supuestos actos reñidos con la ley en el seno de un cuerpo de orden como la Policía no luce eficaz, lo que se traduce en la escandalosa repetición de casos contra los que la propia institución procede… pero después del palo dado y cuando ya “ni Dios lo quita”. Y peor: surge evidencia de que en estos momentos se procede contra un oficial retornado a las filas policiales después de ser dado de baja de otro organismo en medio de una investigación.
Se trataría de un reingreso que cuestiona con estupor la mecánica de alistamiento y re-alistamiento de la institución que tiene la ingente tarea de proteger bienes y vidas de ciudadanos y que debe hacerlo con un personal de probidad garantizada; de buena hoja de servicio. Esa insólita infuncionalidad explicaría la frecuencia de inconductas que se atribuyen a sus miembros.