Atentado contra derechos humanos

El mayor estímulo para el resentimiento social y la vocación delictiva lo aporta el sistema oficial llamado a enderezar las conductas de la gente en riña con las reglas de convivencia. La cárcel preventiva de La Romana, superpoblada, antihigiénica y estrecha, en la que se apretuja a los imputados como si se tratara de sardinas enlatadas, supera todos los parámetros de degradación de la condición humana y viola rampantemente los preceptos que delimitan los linderos de la privación legal de la libertad.
A ningún Estado Democrático de Derecho le sienta bien identificar como cárcel preventiva un recinto que a lo que más se asemeja es a un chiquero de cerdos. Encerrar personas en esas condiciones es una violación flagrante de nuestros códigos Procesal Penal y Penal, que contienen pautas muy claras sobre los derechos de los prevenidos y las condiciones de encierro permitidas.
Y es grave que esto ocurra en un país en el que es tan frecuente que se hagan alardes de progreso en muchos órdenes y de contar con cárceles modelos. El Gobierno tiene que asumir responsabilidades más firmes para humanizar el régimen penitenciario. Es una vergüenza que se amontone a seres humanos en las peores condiciones de hacinamiento en algo que malamente identifican como cárcel preventiva.

Otro acto de brutal intolerancia

El gobierno de Nicolás Maduro acaba de añadir un eslabón más a la cadena de intolerancia conque administra Venezuela, al expulsar de su territorio a la cadena CNN. Este atentado contra la libertad de expresión complementa el repertorio de persecución e irrespeto que el gobierno mantiene contra las ideas y libertades del pueblo venezolano. La reacción brutal la desencadenó la publicación, por parte de CNN, de las quejas de una estudiante por el mal estado de su escuela y la falta de alimentos que padecen los venezolanos.
Con esta disposición se asesta un golpe avieso a la libertad elemental de difusión de las ideas. Ha sido una decisión propia de dictaduras brutales, abiertas o encubiertas, que haya tenido el mundo. Es un acto propio de quien no entiende que no hay forma de encerrar las ideas y el derecho de expresión.


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