AUGE DEL DIBUJO Y V FESTIVAL

A1

– 1-

El dibujo suele definirse como formas en una superficie, por distintos medios, pero predominando la línea. Se le considera como la expresión primera de toda representación figurativa y no figurativa, pero, más que fines decorativos, esos trazados primordiales eran, milenios atrás, de índole ritual, instrumentando el dominio del hombre sobre los elementos y los animales.
Con el transcurso de los siglos, el dibujo ha adquirido su autonomía conceptual y estética, alcanzando un nivel excepcional en el Renacimiento italiano y existiendo ya todos los recursos modernos en el siglo XVII, aunque hubo que esperar dos siglos más para que el lápiz tuviera la preferencia instrumental de los dibujantes. Por cierto, muy a menudo, se mezclaban mina de plomo, tinta, aguada y realces de témpera blanca.
El siglo XIX puede juzgarse como triunfal en el auge europeo del dibujo, y basta con citar a Goya e Ingres, uno español, el otro francés, avanzando más en el tiempo a los expresionistas germanos, para tener ejemplos que simbolizan la fuerza de esa categoría artística, a la vez paralela a la pintura e independiente como medio de expresión. Pablo Picasso cubrió 75 años de dibujo apasionado, una parte sobresaliente de su obra, escritura infinita y única en su increíble virtuosismo.
Sin embargo, las aceleradas mutaciones plásticas, que caracterizaron el siglo XX y se manifestaron simultáneamente, han postergado durante décadas la importancia del dibujo, por ser simplemente una “escritura” relativamente estable. Los sucesivos movimientos de ruptura se interesaban más en experimentaciones de materiales, de herramientas, de bi y tridimensionalidad, en fin por subvertir los léxicos artísticos tradicionales.
Sin embargo, a partir de los años sesenta, más aún en los setenta, o sea en el periodo ya cronológicamente contemporáneo, asistimos universalmente a un renacimiento del dibujo y su valoración autónoma. Salones y festivales dedicados al dibujo se multiplican exitosamente y, gracias a Mildred Canahuate, nuestro país se integra a este renacimiento.
Salón y museo. En República Dominicana, la Fundación Arawak simboliza, realiza y realza el avance del dibujo.
Aun antes de tener personalidad jurídica, la asociación inició su itinerario militante a favor del dibujo como máxima expresión artística y el lenguaje a estimular desde la más temprana edad como dote natural.
La asociación, pronto incorporada, se formalizó “Fundación Arawak Inc”. Su primera acción, fundamental, fue el Salón del Dibujo, en 1989. ¡Hoy nos parece casi increíble que se haya impuesto, paralelo y comparable a los certámenes nacionales! pluridisciplinarios. Llegó a internacionalizarse brillantemente, celebró seis ediciones, adquirió identidad, proyectó nuestra capacidad de hacer y difundir arte. ¡Pero, al igual que la difunta Bienal del Caribe, la falta de apoyo estatal lo aniquiló!
Ahora bien, un nombre sobresale en todas las iniciativas para y por el dibujo: Midred Canahuate, presidenta de la Fundación Arawak y personalidad excepcional. Es una verdadera heroína, y nada la hace claudicar en su firmeza, en su íntima convicción, en su amor al dibujo. Una fe inquebrantable la guía: si ella cree en el dibujo como valor intrínseco, Mildred precia y aprecia el talento de los artistas dominicanos como dibujantes, desde los maestros de la modernidad hasta los noveles contemporáneos. Militancia, batalla y resultados la definen, y esto desde que ella había instalado su pequeña y dinámica galería en Gascue.
No le bastaba con un salón, o sea, un evento periódico, ella quería un testimonio tangible, permanente, creciente, de la excelencia del dibujo dominicano. La vía de esta ambición era un museo, y, en 1996, la Fundación Arawak fundó el Museo del Dibujo Contemporáneo, Mudic para todos nosotros. Armó una colección –respondiendo los artistas a esta iniciativa insólita–, organizó una cantidad de manifestaciones– incluyendo las actividades teóricas–, cambió tres veces de sede –nuevamente acosada por la falta de respaldo económico–.
Ahora bien, el Mudic sobrevive, y en el Quinto Festival de Dibujo se expone una pequeña muestra, parcialmente representativa del fondo institucional. Mildred Canahuate nunca se descorazona.
El Festival de Dibujo. Desde 2013, Mildred Canahuate “imaginó” y llevó a la realidad, con un equipo, un evento anual, a la vez más modesto, más abierto, más alegre: el Festival de Dibujo. En el 2017, acaba de celebrarse su quinta edición, en espacios del Downtown Center, durante una semana de actividades varias.
Nos parece siempre muy atractivo el hecho de que puedan participar artistas muy jóvenes, siendo única condición la presentación de un portafolio, conteniendo cinco dibujos, propuestos a los visitantes… Esta oportunidad no veta la participación de maestros invitados, y no cabe duda de que varios emergentes se perfilan como los maestros de mañana. En fin, se trata de abrir esperanzas e incentivar a la clase artística, de alentar a los autores de obras sobre papel… y a los coleccionistas para que las adquieran.
Parte de los dibujos se exponen pueden sustituirse en caso de venta y las carpetas quedan disponibles –durante un tiempo– luego que finalice la exposición formal. Contribuir, dinamizar, estimular la producción y la colección de obras originales es aquí un objetivo fundamental, desafiando una morosidad perjudicial a los artistas… y a la calidad ambiental.
Ahora bien, esta quinta edición ha sido particularmente generosa, presentando una selección del Mudic y agregando varias secciones, “fuera de carpetas”, mostrando la amplitud definitoria del dibujo.
Así disfrutamos el maravilloso dibujo arquitectónico, la vigencia de la ilustración periodística, la vitalidad encantadora de los “comics” dominicanos.
Seguiremos comentando el V Festival de Dibujo, su montaje, sus tendencias y el entusiasmo que reinó entre los dibujantes. Prueba de ello fueron los dos murales propuestos a la intervención de los dibujantes, con sus ingeniosas improvisaciones multicolores. ¡Es una lástima que no pudieron permanecer… o transportarse! (continuará).


COMENTARIOS