Aún quedan libros prohibidos

INDONESIA CORÁN:BA01 BANDA ACEH (INDONESIA) 12/06/2015.- Una joven estudiante lee el Corán durante su examen de lectura del mismo en Banda Aceh (Indonesia) hoy, viernes 12 de junio de 2015. La prueba de lectura del Corán es uno de los requisitos para continuar su educación secundaria. Aceh es la única provincia indonesia en la que se aplica la ley Sharia. EFE/Hotli Simanjuntak
INDONESIA CORÁN:BA01 BANDA ACEH (INDONESIA) 12/06/2015.- Una joven estudiante lee el Corán durante su examen de lectura del mismo en Banda Aceh (Indonesia) hoy, viernes 12 de junio de 2015. La prueba de lectura del Corán es uno de los requisitos para continuar su educación secundaria. Aceh es la única provincia indonesia en la que se aplica la ley Sharia. EFE/Hotli Simanjuntak

“El libro constituye el punto de encuentro de las libertades humanas más importantes, entre las que destacan en primer lugar la libertad de expresión y la libertad de edición”, ha defendido la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay.
“Se trata de libertades frágiles, enfrentadas a numerosos desafíos, desde el cuestionamiento del derecho de autor y de la diversidad cultural, hasta las amenazas físicas a las que están expuestos los autores, los periodistas y los editores en numerosos países. Estas libertades se niegan, incluso en nuestros días, cada vez que hay un ataque contra una escuela o que se destruye un manuscrito o un libro”.
Unas libertades que se han visto restringidas a lo largo de la historia hasta nuestros días. La lista de libros prohibidos por motivos religiosos, políticos o ideológicos es interminable, incluso en la actualidad, han sido censurados por Gobiernos, por instituciones religiosas, o por entidades de todo tipo, tanto públicas como privadas, e incluso por los lectores.
Desde 1982 se celebra en los Estados Unidos la Semana de los Libros Prohibidos (“Banned Books Week”), este año se realizó del 23 y el 29 de septiembre, para dar la mayor visibilidad posible a libros prohibidos o amenazados por el intento de retirada o restricción, por las objeciones de una persona o un grupo, de librerías, bibliotecas y colegios.
El efecto contrario. En ocasiones, la prohibición de una obra ha logrado el efecto contrario al perseguido y ha multiplicado la fama del libro en cuestión y el interés por su lectura.
En España ha sucedido recientemente, en marzo pasado, con la retirada por orden judicial de “Fariña”, una investigación periodística sobre el narcotráfico en Galicia en los años 80 y 90 que había sido publicada en septiembre de 2015.
El anuncio del secuestro judicial de “Fariña”, el primero en más de una década en España, como medida cautelar por una demanda contra el autor del libro por el delito de injurias y calumnias presentada por uno de los políticos implicados, multiplicó el valor de la obra en las ventas de segunda mano, hasta que la orden judicial fue ejecutada.
Lo mismo sucedió con la herramienta creada por el Gremio de Libreros de Madrid, “Finding Fariña”, una página web que permitía leer el libro del periodista Nacho Carretero a través de “El Quijote”, y que también ha sido bloqueada por orden judicial.
Desde la Biblia a Harry Potter. La censura de obras literarias ha sido y es la norma en todo régimen dictatorial, como lo ha sido durante siglos por parte de la Iglesia católica, que en el “Index librorum prohibitorum” (“Índice de libros prohibidos”) catalogó todos aquellos libros que eran considerados perniciosos para la fe.
Promulgado por primera vez en 1564, la última edición del “Índice” fue la del año 1948 (hasta que fue suprimido en 1966), e incluyó a lo largo de su historia cientos de ensayos de filósofos y científicos, como ‘El origen de las especies’, de Charles Darwin; además de clásicos de la literatura como ‘Madame Bovary’, ‘Los Miserables’ o el ‘Lazarillo de Tormes’.
Los textos religiosos tampoco se libran de prohibiciones en numerosos países, y así, tanto la Biblia como el Corán están prohibidos en algunos países en la actualidad, como Corea del Norte, Arabia Saudí (que ha vetado la Biblia) o Rusia (que ha censurado algunas traducciones del Corán y de las Sagradas Escrituras).
De la prohibición no se han librado ni clásicos como “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Carroll, prohibida en China por atribuirle a los animales cualidades humanas; ni “bestsellers” recientes como “Thirteen Reasons Why”, de Jay Asher, vetado en numerosos colegios de Estados Unidos por hablar de un tema tabú como el suicidio.
Prohibición de la Iglesia. El Vaticano pidió que ni se comprara ni leyera “El código Da Vinci” (“The Da Vinci Code”), de Dan Brown, un libro que vendió millones de ejemplares en todo el mundo y que fue prohibido en el Líbano por ofender al cristianismo, así como también en otros países como China, Egipto e Irán.

“The Satanic Verses”, novela de Salman Rushdie, publicada en 1988, no solo fue prohibida por blasfema en Irán y otros países como Pakistán, Egipto, Somalia, Malasia, Qatar, Indonesia, Bangladesh, Sudáfrica o la India, -que lo prohibió antes de que se publicara por primera vez en el Reino Unido -, sino que ha supuesto un auténtico infierno para su autor, después de que el ayatolá Jomeini emitiera una orden religiosa ordenando asesinar al escritor.

Protestas, disturbios y quemas de ejemplares siguieron a la publicación de la obra, que se convirtió en superventas en países como los Estados Unidos y Canadá, pese a que algunas cadenas dejaron de vender el libro por las quejas.

“Harry Potter”, prohibido en las escuelas de Arabia Saudí, es uno de los libros más perseguidos en los Estados Unidos en los últimos años: entre 2000 y 2009, la American Library Association recibió más de 5000 solicitudes de prohibiciones de todo el país, generalmente de asociaciones de padres, que son las que presionan para prohibir títulos en colegios y bibliotecas.

“The Adventures of Tom Sawyer”, obra maestra de Mark Twain, o “To Kill a Mockingbird”, de Harper Lee, también han sido retirados en algunos distritos escolares del país americano por sus mensajes inapropiados.

James Joyce firmó una de las obras más influyentes de la literatura en inglés del siglo XX con ‘Ulisses’, que no se libró de las prohibiciones para su publicación, tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, donde llegó a ser calificado de “libro inmundo”.