Aunque me cueste la vida

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Participar de nacimiento de una novela es siempre un acontecimiento importante. Equiparable al nacimiento de un niño. Pero mejor. El nacimiento de una novela en esta media isla, es aún más, una proeza mayor por el hecho de que hasta hace muy poco contábamos con una real tradición en el género. Y son ejemplos como este los que van fraguando, aquilatando lo que será el devenir de ese género que a los ojos de los conquistadores era tan subversivo.
Al adentrarse uno en la lectura de “Aunque me cueste la vida”, el lector encontrará la historia de unos seres desprovistos de raigambre que se sustentan, a lo largo del texto, con la puesta en práctica del conocimiento del un autor, uno que maneja el hecho escritural como el que más. La novela con una voz propia lleva al lector a hurgar en los insondables recovecos de la dominicanidad expresada en un conjunto de peripecias a los que el lector debe hacer frente. Uno de los aspectos mejor logrados en la novela de Oquendo Medina es la caracterización de los personajes, si al momento de contar es necesario que el personaje tenga volumen, tenga carnadura, los de esta novela no son la excepción. La fuerza de esos personajes la encontramos en el detalle, algunas veces nos presentan detalles comunes en situaciones fantásticas como el caso de la narradora que de un momento a otro se convierte en un ave. Se transforma, permitiendo que se opere lo que los teóricos han convenido en llamar una muda: una alteración sutil de uno de planos narrativos. En la novela se produce en más de una ocasión esa manipulación feliz del nivel de la realidad. La muda traslada el hecho narrado a extremos insospechados, creando en el lector la sensación de extrañeza, de desconfianza que impiden que se aparte del texto.
Empero, la novela en su juego temporal va a un pasado remoto en donde suceden las situaciones que prefigurarán el futuro de los personajes. Son esos caracteres, los amos y señores de las acciones que se viven en cada capítulo de la historia. En ese contexto María Corazón es quien lleva la voz de mando del correlato que se nos cuenta. Es un personaje femenino armado con una gran cantidad de detalles que le permiten al lector desarrollar empatía con una joven sorprendida por las eventualidades que le presenta la vida.
Cuando el lector puede encontrar donde apoyarse, desarrolla a lo largo de su proceso de lectura una vinculación directa con la señorita Corazón. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en el siguiente fragmento:
“Y en esa engorrosa situación se me ocurrió hacer señales con mis manos…, pero tampoco no daba resultado, no podía ¡Maldición! Yo no dejaba de hacer esfuerzos cuando, ¡oh sorpresa para mí!, noté que ya no tenía manos. Habían desaparecido y en cambio lo que poseía eran unas alas fuertes y largas, sí. Una maravillas e impresionantes alas blancas…”
Como se puede apreciar en la cita anterior, el autor manipula el nivel de realidad y nos sumerge en un mar de dudas, de recursos que son los que mantienen al lector atento a lo que sucede. Aunque ya antes a la protagonista le había ocurrido algo similar al momento de nacer, un hecho extraordinario que prefiguraría el devenir de ese personaje. En tal sentido la novela de Oquendo Medina goza de los atributos de toda buena novela.
Otra de las novedades de la novela es el manejo del espacio. El espacio no es un simple decorado, es una máquina que alterna su existencia con la de los personajes. Cada detalle corresponde a un conjunto que sirve de sustento a la atmósfera que proyecta la obra. En algunas ocasiones el espacio juega con el espacio, es decir, lo superpone. Sabemos que estamos en la República dominicana, el espacio vital del texto, pero ese lugar, ese terruño se ve contaminado por una serie de objetos que lo enrarecen, nos hacen sentir que estamos en otro lugar distinto al que suponemos. Experimentamos una sensación de desapego cuando el lugar subvierte el orden espacial de las cosas. Es como si la señorita Corazón pasara de un estadio de su vida al límite. A otro distinto. La elección del narrador es en la novela “Aunque me cueste la vida”, un reto. El autor elige un motor, como se refiere Vargas Llosa sobre el narrador y el tiempo narrado. Pero en el caso de la novela “Aunque me cueste la vida”, de tipo de protagonista es distinto a la misma naturaleza del autor. Esta eventualidad convierte el hecho narrado en un reto, que debido a un descuido del narrador, cosa que no ocurre, podría poner en peligro la obra, pero no sucede así con Oquendo Medina y su obra.
De forma muy expedita cumple con los requisitos que demanda el personaje, no descuidad detalle.
En una de las escenas nos deslumbra con una hermosa viñeta sobre el metadescubriento que vive el lector y el personaje de la protagonista delante de un espejo. El narrador nos apunta en detalle cada una de las virtudes anatómicas de la protagonista con sensualidad. Sin aspavientos. Desde el punto de vista del desarrollo de la ficha del personaje, cobra un gran valor esa mudanza de la protagonista, no solo desde el punto de vista intelectual sino desde el punto de vista material.
De alguna forma, la novela, nos lleva a transitar un camino seguro con sobresaltos calculados para no provocar el regusto que dejan algunos textos contemporáneos por abusar de los recursos estilísticos. Hay en la novela una profundización en la crítica sobre ciertas prácticas y la forma en la que ciertos sujetos sociales actúan.
Desde luego, un acto recurrente en la protagonista es reconocer el fardo que carga, que lleva a todos lados con estoicismo. Reconoce que su pasado es un referente del que no se puede separar, lo reconoce como algo que debe superar. Algo para lo cual, todavía no está preparada. Queriendo decirnos que somos nuestro pasado. Olvidarlo significa renunciar a una parte importante de nuestra existencia.
El personaje va evolucionando de manera gradual, sin saltarse etapas, en este punto el autor muestra su disposición de permitirle al lector ganar en profundidad, disfrutar cada escena de la obra alejado de la brusquedad con un tempo sob rio, sumergido en el equilibrio.
Quien adquiera “Aunque me cueste la vida”, del novelista Oquendo Medina, se lleva un texto de lectura ágil, amena, sin aspiraciones de grandeza. La obra cuenta con una exquisita complejidad que se evidencia desde el inicio, en lo que Gary Provost conviene en llamar, producir música con las palabras. La gracia del texto en nada compite con la experiencia del autor. Aunque me cueste la vida es una refrescante propuesta para lectores comprometidos.