Autopsias por muertes infantiles entre enero-noviembre 2017

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La Organización Mundial de la Salud establece como mortalidad infantil el número de fallecidos menores de un año de un total de un mil nacidos vivos. Dentro de este grupo se puede desglosar la tasa de defunciones neonatales que incluye solamente los que sucumben antes de los veintiocho días, es decir, durante las primeras cuatro semanas posteriores al nacimiento.
Pasando un prematuro balance a las muertes infantiles registradas mediante autopsias realizadas en el Instituto Nacional de Patología Dr. Sergio Sarita Valdez, en el periodo comprendido entre los meses de enero 2017 hasta noviembre de 2017, obtuvimos los siguientes resultados: hubo un total de 244 certificaciones de muertes de las cuales 182 correspondían a dominicanos, 40 a haitianos y las restantes eran de otras nacionalidades.
En todo el año de 2016 se hicieron 254 autopsias por muertes infantiles de las cuales 186 eran de dominicanos, 36 tenían un origen haitiano y las restantes 32 eran de variadas nacionalidades o se desconocía el país de origen. La diferencia de un año a otro no es estadísticamente significativa, si tomamos en cuenta que al año 2017 aún le falta todo el mes de diciembre por tabular. En ambos periodos las causas de muerte tienen una gran similitud: trastornos cardiacos congénitos, infecciones respiratorias y sistémicas, así como la anemia y la desnutrición. El período neonatal fue el de mayor incidencia de mortalidad.
Mientras revisaba estos datos estadísticos de autopsias infantiles apareció publicado en la revista norteamericana The New England Journal of Medicine, fechado el jueves 15 de diciembre de 2017, un trabajo de investigación realizado en La India, cuyo propósito era el chequeo o chequeo de 18 requisitos para una buena práctica médica para reducir las complicaciones y muertes perinatales y maternas. La población estudiada consistió de partos realizados en 157,000 embarazadas. Estas intervenciones obstétricas se llevaron a cabo en clínicas que no disponían de los equipos, ni de los medicamentos y el personal debidamente especializado en el manejo de las complicaciones obstétricas y neonatales.
El estudio alerta acerca de lo poco que valen las guías y los protocolos de manejo del parto y los trastornos perinatales en tanto no se cuente en ese sitio con el personal calificado, los equipos y los medicamentos para atender con efectividad los percances o eventos anómalos que pudieran presentarse. Digamos que es un todo integral en donde la ausencia o deficiencia de una de las partes impide el funcionamiento correcto del motor de la salud materno infantil. La investigación arrojó como dato relevante la ausencia de diferencia entre el grupo de parturientas y los niños con la lista de chequeo de los 18 parámetros, versus el grupo no verificado, si en todos los lugares faltaba el personal capacitado, los buenos equipos médicos, así como los fármacos esenciales y oportunos.
Unos recursos humanos entrenados, armados de los equipos e insumos farmacológicos necesarios, actuando sobre una población femenina bien nutrida y educada, con óptimas atenciones prenatales; aunados a las guías y protocolos de buena práctica médica, reducen enormemente la mortalidad y la morbilidad de madres y niños durante ese tiempo cuando más vulnerable de la vida del ser humano. Abandonemos la vieja práctica de buscar a un único culpable, a sabiendas de que la responsabilidad es de todo el sistema sanitario nacional.
Veámonos y aprendamos a través del espejo de la India.