Avanzar hacia la atención total

El Seguro Nacional de Salud (Senasa) marcha buen ritmo hacia la meta de afiliar a los sectores de la población compuestos por pobres de solemnidad, ancianos en desamparo e incapacitados que no cabrían en las otras aseguradoras de fines de lucro. Como herramienta clave del sistema de Seguridad Social, Senasa cumple una función solidaria, pues muchos de sus afiliados cotizan de forma normal ayudando a sustentar las atenciones para aquellos que no pueden pagar. Hermosa obra de amor. El buen desempeño de esta aseguradora completamente estatal y de exclusivo compromiso con la nación, se manifiesta en el respaldo ciudadano con altos índices de satisfacción y buena posición en el mercado, en una competencia que en algunos aspectos supera a las otras aseguradoras similares.
El Estado debe cuidar a Senasa y exhibirla como modelo y bajo buena gerencia siempre, transparente y eficiente, en el manejo de los recursos. Que no se les ocurra a políticos ir allí a sacar provecho con obtención de empleos supernumerarios y para tráfico de influencias promoviendo amparos costosos a quienes no merecen. Senasa debe ser la pauta a seguir para la socialización de la medicina. Que sus carnets abran puertas a los niveles de atención pública y privada de calidad al universo de los ciudadanos. Que cese ya el espectáculo de familias que tienen ir a la calle a implorar ayuda para tratamientos caros.

Mejor etiqueta para los pobres

La afiliación a clase media queda desfigurada si se calcula por el ingreso y no por el nivel de satisfacción de necesidades, hábitats seguros con servicios sanitarios, agua corriente y buen transporte. El manejo político hace que ciudadanos que perciben sueldos inferiores al costo de la vida aparezcan en la contabilidad oficial como clasemedistas. Cualquier morador que se la busque por ahí aparecería como tal aunque pase necesidades cerca de un pantano y matando mosquitos. En muchos cruces de calles aparecen ahora unos miembros de la clase media “exitosos” en el picoteo con chucherías mientras sortean automóviles para no ser atropellados. Jóvenes que limpian parabrisas, venden perritos de falso pedigrí o exhiben radiografías torácicas “catastróficas” para sacar lágrimas y dinero a las doñas. Rayos equis que solo sirven para ver el hambre por dentro.