Balance de los inicios de un nuevo Movimiento Renovador

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Las acciones de la Pontificia y Real Universidad Autónoma de Santo Domingo deben responder a la sociedad que la sustenta. El desenvolvimiento científico, tecnológico y cultural ha de realizarlo tomando muy en consideración la realidad de los problemas nacionales con miras a su pronta y efectiva solución. La formación de sus egresados, tanto en número como en calidad, debe responder a planes y programas previamente establecidos en concordancia con las necesidades presentes y futuras del país. Las funciones de docencia, investigación y extensión que la Universidad Primada lleva a cabo debe de orientarlas hacia la formación de los profesionales que en estos momentos, o en un futuro cercano, el país requiere.
Nuestra Alma Máter es, y debe seguir siéndolo, la institución social dominicana por excelencia; la depositaria y defensora de la cultura nacional y de sus recursos naturales, económicos, y de todo orden.
Históricamente, desde los tiempos lejanos en que fue fundada, la UASD, con sus maestros, estudiantes y empleados, tuvo un claro sentido democrático y de servicio a la nación, interviniendo con su pensamiento, con su enseñanza, y con su acción y sacrificio en las transformaciones sociales y políticas de la República.
La UASD es más vieja que la República.
Los grandes hombres y mujeres, dirigentes sociales y políticos que hemos tenido han egresado de la Universidad Primada, incluyendo varias reinas mundiales de belleza.
El Movimiento Renovador Universitario de 1966 abrió las puertas de la Pontificia y Real Universidad Autónoma de Santo Domingo a más amplios sectores de la vida nacional, iniciando un proceso de democratización acorde con el que comenzaba a surgir en el seno de la sociedad de entonces. Sus principales postulados fueron: la autonomía universitaria, la participación estudiantil en los organismos de gobierno de la Universidad, la libertad de cátedra y la extensión cultural. El Movimiento Renovador surgió como una afirmación uasdiana frente al sometimiento, dependencia y entreguismo de las clases dominantes.
Sabemos que en la actualidad la UASD confronta situaciones críticas que dificultan el cumplimiento de su alta misión, tales como la explosiva población estudiantil frente a presupuestos deficitarios (la UASD apenas recibe una quinta parte del presupuesto anual que le corresponde por ley); sus estructuras académicas y administrativas que no son del todo las requeridas en el momento actual; su aislamiento de los organismos internacionales de planeamiento; el tener que enfrentar presiones y conflictos de orden político; el afán de imitación y extranjerización de parte de algunas de sus autoridades, entre otras, pueden considerarse como las causas más importantes de la crisis que afecta a esa antigua casa de estudios.
En la actualidad, según cifras oficiales, más de 445 mil dominicanos cursan estudios superiores. La población estudiantil de la Pontificia y Real Universidad Autónoma de Santo Domingo ha experimentado un crecimiento espectacular, pasando de menos de 3 mil estudiantes en 1960 a poco menos de 200 mil en el 2017, ocupando el cuarto lugar entre las universidades públicas de la América Española y el Caribe.
Las actuales autoridades de la UASD y los aspirantes a ocupar puestos directivos en las elecciones a celebrarse mañana están enfrascados en la revisión de toda la oferta curricular de la Universidad Primada en procura de elevar la calidad y pertinencia de la misma.
A pesar de la reservas expresadas por algunos tenemos depositadas todas nuestras esperanza en que a partir del 20 de junio, cualesquiera que fuesen los triunfadores del certamen, dispondremos de una universidad que oferte mejores servicios. Afortunadamente, el pesimismo de unos pocos no ha logrado empañar el optimismo de los más.


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