BALLET “CASCANUECES” clásico de Navidad en el TN

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El maestro Carlos Veitía es el referente obligado cuando hablamos del Ballet Cascanueces en nuestro país. Sus múltiples versiones alcanzan varias generaciones de bailarinas que han hecho historia. Por solo mencionar algunas: Miriam Bello, Marinella Sallent, Mary Louise Ventura, Lourdes Ramírez, Patricia Ascuasiati, Mercedes Morales, Silvia Crespo, Stephanie Bauger y Lisbell Piedra.
La presencia de destacados bailarines invitados, como Philip Jerry –1979– del Joffrey Ballet y el famosísimo Fernando Bujones –1994– elevaron el nivel de aquellos espectáculos. Un personaje inolvidable sin duda fue el “Drosselmeyer” interpretado por el polifacético Eduardo Villanueva.

Con la llegada del nuevo siglo, durante nuestra gestión en la Dirección del Teatro Nacional, 2000-2004 hicimos tradición presentando cada año el ballet “Cascanueces”, que promocionábamos como “El más bello espectáculo de Navidad”, y en los que Carlos Veitía se reinventaba una y otra vez.

Fueron invitados en este período los bailarines Osmay Molina –2000– primer bailarín del Ballet de Cuba, Chan Gib Goh y Geon Van Der Wyst –2001– del Ballet de Canadá; Sean Kelly –2002– primer bailarín del Houston Ballet y Maikel Acosta –2003– del Ballet de Cuba, radicado desde entonces en nuestro país. En los años 2005, 2009 y 2016, Veitía presentó nuevas versiones de este ballet.

“Cascanueces”. El cuento del músico y autor prusiano Ernst Theodor Amadeus Hoffman, titulado “El cascanueces y el rey de los ratones” fue publicado en los “Fratelli di San Serapione” en 1819, a través de la versión de Alejandro Dumas –padre– bajo el título “Historia de un cascanueces”.

En su exégesis, Dumas conserva la naturaleza de la fábula de evidentes rebordes “negros”, en las que se mezclan las ilusiones de la infancia y la oscuridad del inconsciente, y en su simbolismo, busca la belleza y la bondad, a veces escondida tras el desagradable rostro de un personaje.

En esta versión más serena y sencilla se inspira Marius Petipa y escribe el libreto para su ballet “Cascanueces” con música de Piotr I. Tchaikovski, una de las más geniales compuestas para ballet, y en el plano coreográfico, Lev Ivanov, construye una gama de exquisiteces, fantasías y personajes fabulosos; el ballet fue estrenado el 5 de diciembre de 1892 en el teatro Mariinskii de San Petersburgo, teniendo desde entonces infinidad de versiones, entre las que sobresalen la de Balanchine, Barysnikov y Nureyev.

En el espectáculo del “Cascanueces” de este año, Carlos Veitía, como en algunas ocasiones anteriores, contó con la participación además del Ballet Concierto Dominicano que él dirige, con integrantes del Ballet Nacional, dirigido por Armando González y de la Escuela Nacional de Danza, dirigida por Marinella Sallent.
El hermoso prólogo musical propicia a un lado del proscenio una primera escena que nos conecta con el taller de Drosselmeyer, evocador de magias y componedor de juguetes. Este introito poco usual es base para la argumentación.

El primer acto inicia en la casa de los Silveshauss o Stahlbaum, poco importa un apellido u otro, lo cierto es que la bella escenografía obra de Fidel López recrea un hermoso salón burgués de finales del siglo XIX, donde se celebra la Navidad.

El ambiente festivo se torna fascinante con la llegada del Drosselmeyer, ofreciendo regalos a los niños. Este personaje es interpretado por Marcos Rodríguez, y como dijéramos el año pasado “este personaje enigmático, con su capa al viento, representa a un hombre maduro, a veces viejo, este por el contrario es joven y apuesto”; Rodríguez de nuevo asume el personaje liberándolo un poco del misterio, sin perder su esencia.

Drosselmeyer regala a Clara o Marie, un “cascanueces”, que es la envidia de su hermano Fritz; el muñeco en su duplicidad se constituye en esencia de la fábula. La talentosa jovencita Anagilda Jáquez es una Marie encantadora.

Otro regalo trae Drosselmeyer: los muñecos, Colombina y Arlequín, los jovencitos Patricia de León y Sanders Roberts asumen con propiedad las características de estos personajes clásicos de la Comedia del Arte. Termina la fiesta, Marie junto a su cascanueces duerme y sueña, –augurio de lo que será–. La estancia se transforma, el árbol crece, el ambiente se torna mágico, a lo que contribuye el diseño de luces de Bienvenido Miranda.

Se inicia la batalla, ratones y soldados se enfrentan, el Cascanueces es el héroe, convertido en el príncipe soñado y seducido por Marie, quien ha pasado a la adultez, ambos emprenden un periplo onírico fascinante. Jennifer Ulloa bailarina dominicana perteneciente al ballet del Sodre de Uruguay y Narciso Medina del Ballet Nacional de Cuba, establecen un entrañable diálogo danzado.
La escena del Reino de las Nieves es uno de los momentos más brillantes del ballet; la escenografía recargada ambienta la gélida escena. La creatividad de Veitía se manifiesta y las jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Danza responden, acopladas, con buen nivel. Los reyes de las Nieves Alexander Duval y Karla Barinas, dan el toque profesional.

El segundo acto nos lleva al “Reino de la Fantasía”, la escenografía en tonos pasteles es hermosa, carente de colorido, rompe el esquema tradicional. Se inicia el “divertimento” con el coro de los ángeles, los que por su juventud e inexperiencia no logran el vuelo rasante que da plasticidad a este momento.

Con el solo de trompetas inicia la “Danza española”, luego el repiquetear de castañuelas le da ese toque particular, los bailarines Ariadna Roblejo y Pablo Paredes ejecutan con estilo y garbo, esta inigualable danza.

De la insustituible cafetera emerge la bailarina de la “Danza Árabe”, Cora Collado, que impregna de sensualidad su danza, a cuyas insinuaciones responden Erick Guzmán y Joel Rodríguez. La “Danza china”, es interpretada por Laura Benítez y Adrián Jáquez.

El “Trepak” o “Danza rusa”, con una misma base rítmica, exige fuerza y resistencia, demanda de los bailarines verdaderas proezas, que en alguna medida alcanzan Olga Lissety Campos y Darel Pérez. La “Danza del Mazapán” es ejecutada con gracia y buen nivel, por Alba López, Yuleidy Pérez y Alexander Duval.
La llegada de “Mamá Jengibre”, gigante y prolífica, es una de las escenas más atractivas para la audiencia menuda. Andreína Jiménez, aunque un poco perdida por la altura y la débil luz, logra la elocuencia gestual apropiada. La inmensa prole logra buen acoplamiento, los niños lucen estupendos.
En el “Vals de las Flores”, uno de los momentos más emblemáticos, la resultante coreográfica de Veitía es espléndida.

El momento de mayor lirismo del ballet llega con el famoso “pas de deux” del Hada del Azúcar, que en esta versión ejecutan Cascanueces y Marie. Jennifer Ulloa y Narciso Medina logran una buena interacción, exhiben buena técnica que se decanta en sus variaciones. La “coda” reúne a todos los participantes, es una apoteosis de ritmo; el “Angel del Tiempo” aparece, todo cambia, y Marie despierta en su casa, junto a su muñeco Cascanueces.