Bandolerismo desde Haití

A la opinión pública se le ha dicho continuamente que las Fuerzas Armadas han colocado recursos humanos y materiales, incluso de modernidad como los llamados drones, en la línea fronteriza para contener de una vez por todas los ingresos y permanencias irregulares de inmigrantes en el territorio nacional lo que se interpreta como un esfuerzo contra la percepción de toda la vida de que aquello es un colador. De que la debilidad en el ejercicio de autoridad para hacer valer los límites de soberanía ha inspirado poco respeto a los pobladores vecinos y por eso, desde siempre, toman este lado como extensión de su república, esa en la que tampoco ha existido voluntad ni tradición de exigir formalidad para irse al exterior. Por el contrario: liderazgos haitianos han visto en el éxodo una forma de resolver sus excesos demográficos.
Cabe alarmarse con la tropelía y secuestro de ciudadanos dominicanos llevado a cabo el fin de semana por una turba de haitianos campeando por su respeto de este lado del borde fronterizo, embestida de brutalidad a filo de machete contra pacíficas personas de este país, agredidas ante los ojos indiferentes de soldados supuestamente dispuestos para protección de nuestra soberanía. ¿Cómo creer que República Dominicana ha pasado al fin a estar bien resguardada contra la actitud transgresora de unos turberos sin sentido de los límites que tan cerca moran?

Aferrándose a lo imperfecto

La inviabilidad de un sistema de Seguridad Social que carezca de atención primaria está demostrada objetivamente al margen de las objeciones a ese umbral asistencial de alcance total que mantienen los médicos organizados defendiendo el statu quo que les favorece junto a las clínicas, pero que perjudica a los afiliados que buscan salud, a veces a vida o muerte, y resultan la gran fuente de dinero para tirios y troyanos que no siempre se porten bien.
Y muchas veces, cuando el mal no requiere especialistas, pagan en exceso, mientras se rebosan de pacientes los centros tradicionales porque no ha funcionado a plenitud la primera fase asistencial que es con la que pueden evitar, con legítimo derecho, pasar a tratamientos más caros en consultorios y clínicas, bicoca a la que no quieren renunciar los que se benefician de ella.