Barbarín Mojica dedicó su vida a los
obreros y a otras causas populares

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03 diciembre, 2006 12:00 am Sé el primero en comentar
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POR ÁNGELA PEÑA
Al morir, habitaba una estrecha casita de madera, que con esfuerzos sus compañeros de lucha y amigos sustituyeron después en el mismo lugar con una vivienda de condiciones humildes también, para los familiares que le sobrevivieron.

Contrario a muchos dominicanos sin mérito, pero glorificados con el honor de una calle con su nombre resultado de arreglos económicos cabildeos de amigos y familiares, Barbarín Mojica ha recibido el reconocimiento sincero del pueblo humilde que quiso premiar sus pasadas luchas e incondicional solidaridad con el tributo de seis calles que lo recuerdan, cuatro de ellas localizadas en Santo Domingo.

Porque toda su vida la consagró a la causa de los más desvalidos de la sociedad. Muy joven se enfrentó a Trujillo, después combatió los crímenes y atropellos de los gobiernos balagueristas y a la hora de su muerte, todavía rodeada de misterio, aún permanecía cotidianamente junto al obrero, aunque ya el cáncer había restado fortaleza a su cuerpo y la angustia, por la desaparición de un hijo, perturbaba su mente antes lúcida, de encendidas y denunciantes oratorias contra el terror, la desigualdad social, el abuso.

Como prueba de la intransigencia con sus principios está la humilde casa de Simonico, en Villa Duarte. Compañeros y amigos la construyeron en el mismo lugar donde se instaló, en una más modesta, estrecha, de madera, en 1955. “No quiero nada que no tengan mis compañeros. La gente dice que los sindicalistas son unos vendidos, y es cierto que muchos han usado el sindicalismo para hacerse ricos, pero yo me llevo a la tumba el orgullo de no haber negociado con mi dignidad”, declaró siete meses antes de su partida, en 1991, al periodista Julio Martínez Pozo.

Entonces no precisaba si había sido arrestado y encarcelado más de un centenar de veces por sus ideas, lo que tenía claro era que no se arrepentía “de haber luchado por la libertad del pueblo dominicano”.

Ese 1991 tampoco había pasado inventario a los interminables allanamientos, encañonamientos frente a los niños y la esposa, amenazas para que abandonara la protesta y callara su voz por el hijo que tras incesante búsqueda apareció descuartizado. No ocultaba los sobornos recibidos para silenciarlo. “Mi futuro no es individual, sino colectivo, no puedo traicionar a mi clase, el bienestar de los obreros también es el mío”, reclamaba.

Testimonios

Del historial del legendario líder obrero hablan Jorge Puello Soriano (el Men), el doctor Ignacio Rodríguez Chappini, que compartió con él la dirigencia de la desaparecida Unión Patriótica Antiimperialista (UPA) y su compañera desde 1987, Mercedes Mojica de Mojica, tan sufrida y humilde cono fue el amoroso esposo que vio por última vez el sábado cuatro de octubre de 1991 luego de prepararle una cena frugal y observarlo acostarse. Horas más tarde descubriría su ausencia hasta el martes, cuando el cadáver fue encontrado debajo del puente Ramón Matías Mella, dentro de un hoyo, con su boina negra y su reloj a un lado, pero calzando sus sandalias de siempre. “Todo el tiempo he tenido dudas de que se suicidara, el que se tira de una altura como esa cae desbaratado, para mí no fue él que lo hizo, me lo dice el corazón. En ese gobierno (el de Balaguer) hacían eso y más”, confiesa la sencilla dama.

Rodríguez Chappini, compadre de Barbarín, padrino de Paula, hija del dirigente obrero, al preguntarle si realmente piensa que éste se suicidó, contesta: “La creencia que tenemos es que sí. Él se enfermó. Según me dijo un médico que lo trató, parece que tenía cáncer de próstata, fue trasladado a Cuba donde le dieron el mejor trato, pero nos dijeron que para su salud mental lo más adecuado era que se tratara aquí, en su ambiente, con su familia, su gente. Vino y buscamos a un médico democrático, el doctor Arnulfo Mateo, y le dio el tratamiento que requería. Pero la enfermedad, unida a la desaparición del hijo, un joven activista de Guachupita, defensor de los de abajo, desaparecido precisamente oponiéndose a esas entregas de apartamentos medalaganarias del gobierno de Balaguer, llevaron a Barbarín a recorrer todo el país tratando de encontrarlo, y eso lo fue trastornando psicológicamente, lo dañó mucho mentalmente”.

Un día, agrega, compañeros del Sindicato de Arrimo Portuario (POASI), donde se trasladaba a pie todos los días, “lo encontraron parado mirando hacia el río, ese fue un síntoma raro, también había presión sobre él de las fuerzas represivas que se presentaban a POASI y alguno de esos militares llegó a decir que si Barbarín seguía embromando y denunciando lo del hijo, también podía desaparecer”.

El odontólogo, miembro del 14 de Junio “de los tiempos de Manolo”, de La Línea Roja de esa agrupación, del Partido de los Trabajadores Dominicanos y dirigente de la Unión Patriótica Antiimperialista (UPA), conoció a Barbarín en esta última organización de la que el luchador obrero fue primer vicepresidente. “Me llamó poderosamente la atención la actitud de ese hombre tan humilde, tan sencillo, que era un líder real entre los portuarios y en toda la clase obrera, muy respetado, con una credibilidad asombrosa entre las fuerzas democráticas y patrióticas del país. Sorprendía su solidaridad con los demás, la causa de los otros eran sus propios desvelos, vivía tratando de resolver los problemas de la comunidad. He visto en todo el movimiento revolucionario muchos hombres con ese carácter, pero siempre he destacado a Barbarín por sobre todos”.

De Barbarín dice Puello Soriano que “no tenía un alto nivel académico pero sí una extraordinaria fogosidad en la lucha revolucionaria. En POASI se reconoce como el más abnegado en la lucha de los trabajadores”.

Tanto “el Men” como Rodríguez Chappini recuerdan el rechazo a un apartamento que le ofreció Balaguer. Dos periodistas supuestamente enviados por Rafael Alburquerque, actual Vicepresidente, le llevaron las llaves, relata el doctor. Barbarín consultó a la dirigencia de la UPA, que le aconsejó llevar a su sede a los comunicadores. Mojica adelantó que procedería según el consejo de su compadre, quien reaccionó: “El problema más grave de Barbarín es que ese apartamento no le va a revivir a su hijo, el único que va a sacar capital político de esa donación es Balaguer, no es Alburquerque porque Alburquerque no tiene apartamentos para regalar”. Barbarín rechazó la vivienda.

Doña Mercedes lo recuerda como un buen esposo y padre ejemplar.

 

Perfil

Nació el cuatro de diciembre de 1922 en Guayabo Dulce, Hato Mayor, hijo de María Juana Mojica y Eduardo Soto. En 1942 ingresó al gremio de braceros del Ingenio Consuelo. Cuatro años más tarde se integró a la gran huelga azucarera que dirigió el líder obrero Mauricio Báez, lo que le mereció persecución y encierro durante el trujillato.

En la guerra de abril peleó en el Comando de POASI donde vio caer a muchos de sus compañeros, recuerda Puello Soriano. Al concluir la contienda se incorporó al Sindicato de Trabajadores Portuarios de Arrimo (POASI) donde desempeñó todas las funciones establecidas. “La lucha por el control del puerto de Santo Domingo entre POASI y STAPI, esta última creada por el gobierno de Donald Read Cabral, hizo de Barbarín un auténtico líder que causó recelos en instancias gubernamentales y que se agudizaron en los gobiernos balagueristas de los 12 años”, escribió Eddy Radhamés Sánchez. Balaguer, agrega, ordenó ocupar militarmente el local de POASI y tras cuatro años fue devuelto a sus verdaderos dueños, los portuarios.

“Vivía en Villa Duarte en una casa indigente, como vivo yo, pero dentro moraba un hombre que tenía el corazón más grande”, exclama Jorge Puello.

Barbarín Mojica dejó varios hijos fruto de diferentes uniones. Doña Mercedes, también de Hato Mayor y emparentada con Barbarín, recuerda al que fue desaparecido y que ella asegura fue encontrado descuartizado en Haina, Rafael Mojica Valenciano; a María, Teresa, Francia y Milagros Mojica Sánchez; a Carmen Yolanda Figuereo y a Luisa Mojica. Con ella procreó a Paula y a Eduardo. De su compañero destaca que “nunca se vendió. Balaguer le mandó un cheque en blanco, se lo devolvió, le ofreció yipeta, casa, de todo, y nunca aceptó nada”.

El cadáver de Barbarín Mojica fue encontrado el 7 de octubre de 1991.

Hay calles denominadas Barbarín Mojica en Hato Mayor, San Pedro de Macorís, y en Santo Domingo en los barrios Guachupita, Los Alcarrizos, Guaricano y Villa Duarte. También el salón de conferencias de la Caja de Pensión para Obreros Portuarios lleva su nombre. “Eso lo pidió mucha gente, sobre todo el sindicato de POASI. Hubo también personas que hicieron diligencias en las Cámaras”, revela el doctor Ignacio Rodríguez Chappini, quien justifica estos homenajes. “Fue un hombre que supo defender a este pueblo, que sólo creía en el pueblo, que vivió permanentemente exaltando las figuras de Mauricio Báez y de todos los grandes líderes obreros del país. Era Duartiano, seguidor de las ideas de Luperón, Manolo Tavárez Justo, Caamaño… de todos los que defendieron la independencia y la soberanía, porque era totalmente antiimperialista”.

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